miércoles, 14 de diciembre de 2022

Multas de entre 100 y 2.400 € para quien lleve el perro suelto a partir de diciembre de 2023

 

Cuando entren en funcionamiento el centenar de nuevas áreas para llevar a los animales sin sujetar caerá la moratoria que se arrastraba desde 2014



Los tenedores de perros que lleven a los animales sin ligar fuera de las zonas habilitadas comenzarán a ser multados a partir de diciembre de 2023. Por ahora, esta conducta no se está sancionando porque el Ayuntamiento considera que faltan espacios para llevarlos sin sujetar. Por ello, a pesar de la ordenanza que obliga a ello, se estableció una moratoria hace años según la cual sólo se sanciona en aquellos espacios en los que específicamente se señala su prohibición.

Esto ocurre, en concreto, desde 2014 (cuando se aprobó la Ordenanza de protección, tenencia y venta de animales) pero ahora que ya se ha detallado el centenar de nuevos espacios donde se podrá llevar el perro desligado, el gobierno municipal recuerda que también se acabará la moratoria. De esta manera, cualquier tenedor que lleve al animal sin sujetar fuera de estos espacios o fuera de las horas previstas, se expondrá a ser sancionado. Las sanciones previstas son las siguientes:

  • Tener perros en parques infantiles: 600 €
  • Llevar al perro suelto fuera de los espacios aprobados si supone un peligro para el perro, para otras personas o para el entorno: 300 €
  • Llevar al perro desligado fuera de los espacios aprobados si no comporta peligro: 100 €
  • En cuanto a los perros potencialmente peligrosos, se especifica que van al margen de esta normativa y siempre deben llevarse atados. No hacerlo se sanciona de 300 a 2.400 €

Las nuevas áreas para llevar al perro desligado se suman a las 116 que ya existen (las áreas de recreo de perros). Así, en toda la ciudad habrá un total de 219, como mínimo una por cada barrio, que se calcula que podrán usar los 180.000 perros que hay en Barcelona.

Brutal agresión a un vigilante de Rodalies: recibe un mordisco en la cara

 


Metropoli  ........  ANDONI BERNÁ


Brutal agresión a un vigilante de Rodalies. Un miembro del equipo de seguridad privada se llevó el pasado martes un mordisco en la cara al intentar detener a un hombre que pretendía colarse en un tren.


Los hechos tuvieron lugar en la estación de Sants cuando, sobre las 15:00 horas, un individuo intentó saltarse los tornos para acceder a la estación barcelonesa para coger un tren en dirección a Valencia, según ha explicado a Metrópoli el sindicato de seguridad ADN

En ese momento, los vigilantes de seguridad interceptaron al usuario y e intentaron sacarle de la zona interior, pasada los tornos. Fue entonces, relatan, cuando se inició un forcejeo que terminó en una pelea con el pasajero y que se saldó con su reducción. No obstante, uno de los vigilantes resultó herido al recibir un mordisco en la cara.

El vigilante agredido que recibió un mordisco en la cara / ADN SINDICAL
El vigilante agredido que recibió un mordisco en la cara / ADN SINDICAL

Desde el sindicato de seguridad reivindican más refuerzos y la acción de los interventores de los transportes públicos. También solicitan la presencia de un agente de los Mossos d'Esquadra dentro de los equipos de seguridad privada. De esta manera, se dotaría a los equipos de un "carácter de agente de autoridad". "Así la gente se lo pensaría dos veces antes de agredir a un vigilante de seguridad y se evitarían muchos episodios de agresiones solo llamando la atención", reflexionan




«Viajero del tiempo asegura venir del año 8.973 con un siniestro mensaje»

 


ufospain


Poder viajar en el tiempo es algo soñado por la mayoría, que a menudo se ha discutido y ha sido el foco de muchas películas de Hollywood. Hasta ahora se ha visto como nada más que una teoría, pero.. ¿alguien le creería a una persona si dijera que viajó a otra época y regresó? En esta entrada vamos a comentar un reciente caso de un «viajero en el tiempo».

Un hombre que dice haber trabajado para el gobierno británico hace más de una década subió un video a YouTube exponiendo que lo enviaron al año 8.973 en una máquina del tiempo, en lo que él llama un programa secreto.

En la asombrosa admisión, también reveló la fecha en que se lanzará al público esta avanzada tecnología de los viajes en el tiempo, y según él estamos a solo diez años de distancia.

William Taylor, quien dijo haber trabajado en la inteligencia británica a principios de la década de los 2000, dijo que experimentó la vida en la tierra miles de años a partir de ahora cuando fue enviado a averiguar más sobre el futuro.

Lo que afirmó que encontró fue una «utopía», sin enfermedades, muerte o crímenes.

«Los humanos se habían ido y se habían reemplazado por híbridos humanos-robots, pero la Tierra aún existía, y es uno de los muchos planetas que estos seres habían colonizado en un intento por encontrar más espacio».

Taylor insiste en que el gobierno tiene una gran cantidad de tecnologías avanzadas que se mantienen en secreto ante el público, pero admite que parte de ella será lanzada al público en general para 2028, dentro de una década.

En declaraciones a Apex TV, Taylor dijo: «Es hora de que finalmente salga todo limpio, es hora de decirle al público la verdad. Es hora de decirle, a quien sea que esté mirando afuera, la verdad.»

«Solía ​​trabajar para el gobierno británico. Lamento muchísimo no haberle contado a mi familia lo que hice. Hace mucho tiempo que estoy viviendo una mentira. Hay muchas tecnologías avanzadas que se mantienen en secreto. que van a venir detrás de mí por hacer este video. Me expongo a un gran riesgo por decir la verdad «.

Taylor afirmó que era un empleado de la ‘Agencia de Inteligencia Británica’, que fue donde experimentó el viaje en el tiempo ‘con sus propios ojos’. Dijo que viajar en el tiempo no es un fenómeno nuevo, y en realidad ya se logró con éxito en 1981.

«Existe un número infinito de universos, y es posible moverse libremente entre estos universos», agregó Taylor. Explicó: «Desarrollamos una máquina que permitía a uno no solo viajar en el tiempo, sino moverse entre estos universos paralelos».

«Me pusieron en una máquina, que era una esfera pequeña, con espacio suficiente para una sola persona. La esfera tenía solo cuatro pulgadas de grosor y estaba hecha de plomo para proteger de la radiación por este proceso. Fui enviado al año 3000. No sabíamos si la civilización humana todavía estaría presente, pero nos arriesgamos.»

Taylor luego habló sobre perder la conciencia por un tiempo desconocido. Cuando despertó, dijo que miraba por la ventana de la máquina esférica y podía ver un cielo rojo. Cuando salió de su máquina, parecía estar en una gran ciudad, cubierto de niebla. Pero dijo que nadie estaba en el «nivel del suelo».

«Levanté la vista y vi un medio de transporte volador a cientos de metros sobre mí». Pero lo que dice sobre otros experimentos secretos llevados a cabo por los principales gobiernos de todo el mundo, son mucho más aterradores.

«Ha habido intentos de mover todo el mundo a otra línea de tiempo y cambiar ciertas cosas», afirmó Taylor.

Luego le dijo a la cámara que la razón por la que existe esta tecnología es porque ha habido varios encubrimientos de naves extraterrestres accidentadas.

Taylor dijo que los ingenieros pudieron descubrir, dentro de la artesanía, la tecnología avanzada necesaria para viajar en el tiempo, a través de las dimensiones y volverse invisible.

Su misión final, antes de ser «liberado» de la Agencia de Inteligencia Británica, fue viajar al año 8.973, porque los cálculos supuestamente sugirieron que esto sería cuando los humanos y la tecnología se fusionarían completamente en uno solo.

Taylor recordó: «Vi que la luz miraba por la ventana de la máquina del tiempo. Era muy brillante. Miré hacia abajo y vi hierba verde, y arriba, cielo azul. «Parecía que estaba en un parque con algunos árboles».

Dijo que la gente «se veía diferente», y era alta y delgada, con cabezas grandes y ojos grandes. Taylor luego afirmó que se acercó a un grupo de personas y les preguntó qué año realmente era.

«Una mujer respondió ‘Estás en el año 8.793’. Todo el mundo parecía como si fuera completamente normal que acabaran de conocer a un viajero en el tiempo», dijo. (No está claro si Taylor cometió un error al recitar el año en este momento, después de haber afirmado que sería enviado a 8.973). Continuó: «Les dije que era del año 2.005 y todos parecían estar completamente desfasados..»

Taylor luego comentó que el grupo le dijo que no eran humanos, sino una combinación de humanos y robots que viven para siempre. «No hubía enfermedades, ningún conflicto, todo fue perfecto. Estaba en una utopía», agregó.

Taylor también afirmó haber conocido a otro viajero en el tiempo durante su visita, quien descubrió que era del año 2.055. Cuando finalmente regresó al 2.005, dijo que las muchas fotos que había tomado fueron confiscadas de inmediato por el gobierno.

Afirma que algunas de las tecnologías avanzadas, incluido el viaje en el tiempo, están planeadas para su lanzamiento en 2.028, pero hasta entonces, está determinado que la gente no conozca la verdad.

Por supuesto, no hace falta decir que nosotros somos extremadamente escépticos con las afirmaciones de estos viajeros en el tiempo, como Taylor. ¿Que opinas? Déjanos tu comentario!

Enterrada viva, el caso de la señora Blunden

 

Cementerio

Para la mayoría de la gente, ser enterrado vivo supone una de las peores maneras de cruzar el umbral del otro mundo. De hecho se considera uno de los temores más antiguos de la historia de la humanidad. Hoy os queremos contar la historia de una pobre mujer de Basingstoke, en Hampshire, Inglaterra, para la que la realidad de que la enterraran viva no se produjo sólo una vez…

Sucedió en 1674, y el nombre de nuestra desafortunada protagonista era la señora Blunden. Vivía en Wote Street, Basingstoke, y fue la exitosa esposa de un comerciante local de malta que se encontraba de negocios en Londres cuando sucedieron los terribles acontecimientos.

La señora Blunde, de aspecto rechoncho, le gustaba al parecer tomar una copa después de las comidas, siendo su bebida favorita el brandy. Sin embargo una noche, y nadie sabe exactamente porqué, en lugar de encontrarse con su bebida favorita, bebió en su lugar una gran cantidad de agua adormidera que le había recetado el boticario. Porqué bebió el agua adormidera y no el brandy es algo que no se sabe a ciencia cierta. Algunos dicen que fue por error de sus sirvientas a la hora de servirle la copa. Otros dicen que quiso tomarla por sí misma después de sentirse mal.

Las razones no importan. Nadie discute el resultado. Después de tomar aquella bebida fatal, la señora Blunden quedó fría como un muerto. No tenía pulso, no se oían los latidos del corazón, no se sentía su aliento al acercarse a su nariz o su boca. Todo el mundo supuso que estaba muerta. El boticario confirmó después de la inspección de la botella vacía del agua adormidera, que la señora Blunden había muerto tras la ingesta de la bebida.

Tan pronto como el señor Blunden oyó tan terrible noticia, dio órdenes de que su esposa no fuera enterrada hasta después de que él no regresara en unos pocos días. Sin embargo, sus deseos fueron ignorados, ya que la familia de la señora Blunden consideró que con el calor del verano, además del peso de la desgraciada señora, el olor de la descomposición pronto resultaría muy desagradable, y por tanto, debía ser enterrada lo más pronto posible.

Al día siguiente fue colocada en un ataúd herméticamente cerrado, y fue llevada a la capilla del Espíritu Santo, donde se inició el funeral. Uno de los porteadores del ataúd dijo haber oído golpes dentro del mismo, como si la mujer hubiera despertado a la vida, pero pronto fue convencido de que todo de se debía al peso de la señora Blunden o a imaginaciones suyas. El ataúd fue llevado al cementerio y enterrado en el suelo de Hampshire.

Al día siguiente, algunos chicos fueron a jugar al cementerio y comenzaron a oír ruidos fantasmales, que pronto descubrieron que provenía de la fosa de la señora Blunden. Colocaron sus oídos en el suelo y uno de ellos dijo haber escuchado claramente las palabras: «¡¡¡Sáquenme de mi tumba, por Dios!!!». Los niños, aterrorizados y conmovidos, corrieron al pueblo a dar la alarma, pero nadie les creía, sino que pensaban que eran historias macabras de los propios chiquillos.

Los chicos sin embargo volvieron a la tumba y escucharon los gritos de nuevo. Volvieron de nuevo al pueblo, y convencieron a algunos vecinos para que fueran con ellos al cementerio. Allí, los vecinos exhumaron el ataúd de la señora Blunden, pero apareció completamente magullada por los golpes de desesperación que se auto-infringió en sus gritos. La señora Blunden se había desmayado, y todos pensaron que era cierto que había sido enterrada viva, pero que no había podido resistir y había muerto nuevamente.

Su ataúd fue colocado de nuevo en su lugar y esperaron al día siguiente para hacer las pruebas pertinentes. Lo que nadie imaginaba era que la señora Blunden sólo había caído en un estado de shock, del que despertó de nuevo bajo tierra. Al día siguiente, cuando la exhumaron de nuevo, encontraron a la señora Blunden aún más magullada que el día anterior, con muestras de que aquella noche la había pasado viva bajo tierra por segunda vez.

El forense, después de un largo examen, declaró finalmente que en esta ocasión, sin duda, estaba muerta. Varias personas fueron acusadas de su muerte, y la ciudad fue multada por las autoridades inglesas por su negligencia.

Hoy en día se desconoce la ubicación exacta de la tumba de la señora Blunden, pero la historia parece ser cierta. De hecho, hay pruebas que sugieren que hace muchos años en Inglaterra una de cada 25 personas presentaban síntomas de haber sido enterradas vivas. Esto llevó a que se instalaran unas pequeñas campanas sobre las tumba que estaban fijadas por una cuerda a la muñeca de los fallecidos, para en el caso de que revivieran, sonaran dando la voz de alarma.

Desde entonces, en Inglaterra, se suele decir mucho eso de «salvados por la campana«.

El oro de los incas

 

Oro inca

Los indios del Incario aprendieron a sangre y fuego que el oro enloquecía a los españoles. Cuando Francisco Pizarro apresó traicioneramente al Inca Atahualpa, este intentó comprar su libertad a cambio de una habitación llena de aquel metal amarillo que los invasores tanto veneraban. Pizarro aceptó el trato y los súbditos de Atahualpa juntaron oro suficiente como para llenar una habitación, pero después el conquistador no cumplió su palabra.

¿Cómo empezó la historia del oro inca?

A Francisco Pizarro no le bastaba con una habitación, él quería un imperio entero, uno al menos tan esplendoroso como el que su primo Hernán Cortés había convertido en Nueva España. Y para completar sus ambiciones no podía permitirse el lujo de liberar al emperador inca.

De ninguna manera; incluso prisionero, Atahualpa podía convertirse en un estorbo. Para eliminarlo de forma solapada, Pizarro organizó una pantomima de juicio en la que le acusaba de, entre otras cosas, idolatría, poligamia y conspiración contra el rey de España. El emperador fue condenado a muerte ante la confusión de sus súbditos. A pesar de las objeciones de los propios lugartenientes de Pizarro, el señor de los incas moriría ejecutado.

Cuentan que, mientras se celebraba el juicio, algunos vasallos del Inca abrigaron la esperanza de que si juntaban el oro suficiente, mucho más que la vez anterior, los españoles se darían por satisfechos y soltarían a Atahualpa.

Los fieles súbditos del Inca recorrieron las cuatro partes del Tahuantinsuyo, juntando todo el oro y las joyas que pudieron encontrar, y en interminable caravana se dirigieron a Cajamarca a hablar con los españoles. Pero antes de llegar recibieron la funesta noticia: la sentencia había sido ejecutada. Ya nada se podía hacer al respecto, por lo que abandonaron su camino.

¿Existió el tesoro? ¿Dónde está el oro de los incas?

No está claro qué hicieron los vasallos del Inca con aquel tesoro, si es que alguna vez existió realmente. Algunos dicen que lo enterraron bajo tierra, otros que en el fondo de una gruta sagrada a la que sólo algunos sacerdotes indígenas sabían llegar, los más afirman que se lo llevaron con ellos a una ciudad secreta en las montañas, la legendaria Paititi, último refugio y bastión inca que los españoles nunca encontraron (y que muchos aún siguen buscando).

El caso es que nadie sabe qué fue del tesoro de los incas; y su recuerdo ha excitado durante siglos la imaginación de los aventureros, dando origen a un sinnúmero de leyendas.

Teorías sobre su localización

Una de ellas sitúa parte del tesoro en las cercanías de la localidad peruana de Locumba. La historia que narra está ambientada durante el siglo XIX, y empieza contando cómo un día a principios de siglo el cura de Locumba fue llamado para atender a un indio moribundo.

Locumba

El indio pasaba ya de centenario, y se llamaba Mariano Choquemamani. Tras recibir la extrema unción, desde aquel humilde camastro en el que se moría de puro viejo, le confesó al cura que era descendiente de Titu Atauchi, cacique de los tiempos de Atahualpa.

Titu Atauchi había formado parte de la caravana que se dirigió a Cajamarca para intentar liberar al Inca. Cuando esta se disolvió, una parte importante del tesoro quedó a su cargo. Para que no cayera en manos de los españoles decidió enterrarlo en una montaña cercana a Locumba que se llamaba igual que el pueblo. Titu Atauchi se suicidó sobre el tesoro y sus hombres lo sepultaron con él.

Una capa de arena fina cubrió el sepulcro del cacique. Con el paso del tiempo, encima crecieron hierbas y arbustos, y se amontonaron piedras y cascajos. Un antepasado de Mariano Choquemamani había colocado sobre la tierra unas esteras de caña y un esqueleto de loro para señalar el lugar. Se suponía que junto al cacique, además del oro, estaba enterrado también un gran cesto de mimbre de contenido desconocido.

Mariano Choquemamani no tenía descendientes a quien transmitir el secreto, y por eso se lo contaba al cura. Le dijo a este que así si alguna vez necesitaba el dinero para arreglar la iglesia podría ir y desenterrar el tesoro.

El sacerdote escuchó con atención aquella historia acerca de cuya autenticidad no sabía muy bien qué pensar. Pasarían los años sin que nunca se decidiera a buscar el tesoro. Llegó un día en que se sintió mayor y quiso regresar a su tierra natal. Antes de abandonar Locumba confió a su sucesor en la parroquia la historia del indio Choquemamani.

Tesoro inca

El nuevo sacerdote viviría tranquilo, sin más preocupaciones que las propias de su puesto; hasta que un día un terremoto sacudió el pueblo, derribando varias casas, incluida la iglesia.

El cura recordó entonces la historia que le había referido su antecesor acerca del oro de los incas y pensó que aquella era una ocasión oportuna para intentar averiguar si era cierta. Reunió a todos los vecinos del pueblo, ricos y pobres, blancos, indios y mestizos, y les reveló el secreto, así como su intención de buscar el tesoro.

Un indio apareció entre la multitud, un anciano tuerto que se opuso de forma vehemente. “El cacique Titu Atauchi ha sellado el sepulcro con su sangre”, dijo, “dejando al tesoro maldito. Si alguien profana el descanso del cacique, eso traerá la ruina al pueblo de Locumba. Entonces sí que ninguna casa quedará en pie”. Las palabras del anciano hicieron tal efecto en el resto de los indios que el cura prefirió abandonar su proyecto.

No obstante, unos meses después varios vecinos adinerados decidieron asociarse para buscar el tesoro por su cuenta. Subieron al alto de Locumba y encontraron las esteras de caña y el esqueleto del loro. Pero al ver los restos del loro, los indios contratados para excavar el lugar recordaron las palabras del anciano tuerto y se amotinaron. Normalmente dóciles a las órdenes de su capataz, se tornaron fieros y amenazaron con asesinar al primero que se atreviera a hundir su pala en la tierra que cubría la tumba del cacique. De mala gana, los vecinos tuvieron que desistir.

Pasaron los años por Locumba, llevándose a algunos de sus habitantes y trayendo a otros nuevos. Uno de los recién llegados era un hacendado ex ministro que se instaló en sus posesiones del valle. Alguien le narró a este poderoso personaje la historia del cacique Tito Atauchi, y el terrateniente organizó una nueva sociedad para desenterrar el tesoro.

Pío Cornejo, pues así se llamaba el antiguo ministro, no halló oposición entre los indios. El anciano tuerto hacía tiempo que había fallecido y sus palabras apenas se recordaban. Por tanto, una nueva partida de buscadores de tesoros subió al monte Locumba y encontró otra vez las esteras de caña y el esqueleto del loro. Los peones que habían contratado extrajeron las piedras, apartaron las esteras de caña y cavaron, cavaron en la tierra arenosa que había debajo. Pronto apareció la canasta de mimbre que el indio Choquemamani había asegurado estaba enterrada junto al cacique.

Al abrirla encontraron en su interior una vicuña muerta que, momificada, se conservaba casi como el día en que la habían enterrado. Esto asustó mucho a los indios, que lo consideraron una señal de mal agüero. Alguno recordó entonces las advertencias del anciano, y todos los indios abandonaron el lugar sin hacer caso a las palabras de don Pío Cornejo y sus socios. No hubo amenaza ni promesa que siviera para retenerlos.

Como ya no debía de faltar mucho para llegar hasta el tesoro, los asociados decidieron continuar sólos. Ellos mismos empuñaron las herramientas y removieron las últimas capas de arena.

Después de tres siglos bajo tierra, los restos del cacique Atauchi volvieron a ver la luz del sol.

Atauchi

La aparición de aquel esqueleto descarnado avivó la codicia de los presentes; el oro estaba cerca, casi podían olerlo. El ex ministro Cornejo se apresuró a apartar el esqueleto del cacique. Pero en el preciso momento en que le puso sus regordetas manos encima, la tierra emitió un rugido que creció hasta que todo el valle de Locumba tembló de forma horrible. El suelo se agrietó y las casas del pueblo se vinieron abajo. Antes de que la destrucción terminase, un derrumbe tapó para siempre la tumba del cacique y el tesoro.

Los enigmáticos libros de la Sibila de Cumas

 

Gruta de Sibila de Cumas

Las sibilas eran profetisas del dios Apolo. Durante la Antigüedad existieron varias diseminadas por el mundo helénico. El santuario de la de Cumas estuvo en funcionamiento en torno a los siglos V y VI a.C. en esta colonia griega situada sobre la cima de una montaña volcánica ubicada al noroeste de la bahía de Nápoles. La gruta de la Sibila se encontraba en las faldas del monte.

Quien quisiera consultar a la Sibila debía acudir a la caverna y atravesar su recta galería, de ciento siete metros de longitud, flanqueada por otras doce galerías más cortas a través de las cuales entraban los rayos del sol creando un vistoso efecto de alternancia entre luz y oscuridad. Al final había un vestíbulo en el cual el visitante esperaba a que se le comunicase el veredicto de la Sibila. Según cuenta Virgilio en la Eneida, esta transmitía su oráculo a través de aquellas aberturas laterales mediante cien voces distintas.

En la época imperial hacía tiempo ya que la Sibila de Cumas había callado para siempre. Sin embargo, su fama se conservaba intacta, así como su prestigio. Cuando un peligro amenazaba a la República, y más tarde al Imperio, los magistrados romanos intentaban conocer los designios divinos antes de tomar cualquier decisión. Para ello recurrían a diversos métodos, siendo el más habitual la observación de las aves; pero en ocasiones los dioses permanecían mudos o su mensaje resultaba ininteligible. Entonces, como último recurso, y si la gravedad de la situación así lo requería, el Senado ordenaba consultar los Libros sibilinos, una misteriosa recopilación de oráculos que según la leyenda habían sido realizados por la Sibila de Cumas, y en los cuales se encontraba la respuesta a cómo proceder.

De la Sibila de Cumas se contaban muchos hechos maravillosos. Se decía que había nacido en la localidad griega de Eritras. El dios Apolo, que estaba enamorado de ella, había prometido concederle el deseo que quisiera. Ella pidió vivir tantos años como granos de arena pudiese contener su mano, a lo que Apolo accedió, con la única condición de que nunca regresase a su patria. Exiliada en Cumas, vivió más de 900 años, hasta que accidentalmente una carta proveniente de Eritras llegó a su poder. El sello de esta carta era de tierra, y la Sibila, al verla, murió casi en el acto.

sibiladecumas

Otra leyenda decía que la Sibila olvidó pedirle a Apolo que acompañase el don de la longevidad con el de la juventud. Poco a poco fue envejeciendo, disminuyendo de tamaño y arrugándose, hasta quedar convertida en un ser diminuto al que, como si se tratase de un canario, metieron dentro de una jaula que fue colgada en el templo de Apolo. Cuando los niños se burlaban de ella preguntándole qué deseaba, ella respondía: “Ya solo quiero morir”.

Con respecto a la llegada de los libros sibilinos a Roma, la tradición afirma que la Sibila de Cumas, cuando aún era lo suficientemente joven como para valerse por sí misma, había acudido a Roma a venderle al rey Tarquino el Soberbio nueve libros con sus predicciones. Tarquino se negó, esperando que la Sibila rebajase sus pretensiones económicas, pero entonces ella quemó tres libros, y le ofreció los seis restantes por el mismo precio. Como Tarquino rechazó la oferta, ella repitió la operación. Finalmente, el rey accedió a comprar los últimos tres libros.

Al principio, los libros se guardaban en un cofre de piedra del templo de Júpiter situado en el Capitolio. Su custodia recaía sobre un colegio sacerdotal formado primero por diez miembros (los decemuiri) y más tarde por quince (los quindecimuiri) nombrados entre personajes públicos. Ellos eran los únicos que podían leer los libros, y quienes los interpretaban (empleando procedimientos que se desconocen) cuando su consulta era aprobada por el Senado. Las recomendaciones que extraían de ellos hacían referencia sobre todo a rituales, sacrificios y ceremonias que Roma debía realizar para congraciarse con sus dioses.

En el año 82 a.C. un incendio destruyó el templo de Júpiter, y con él los libros proféticos, que fueron reemplazados por una recopilación de oráculos procedentes de distintas fuentes latinas, griegas y orientales. Octavio Augusto ordenó copiar estos nuevos libros, que eran nueve, y depositarlos en dos cofres de oro ubicados en el templo de Apolo del Palatino. A finales del siglo IV o principios del V, fueron destruidos por el general Estilicón, ya en las postrimerías del Imperio.


Canal Recetas Cocina viva : Pizza Clásica de Queso y Orégano

  CanalRecetas  Masa:   500 g de harina de trigo, 300 ml de agua tibia, 10 g de levadura seca, 10 g de sal, 15 ml de aceite de oliva. Salsa:...