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Enclavada entre la serranía malagueña y la Sierra de Grazalema, Ronda es sin duda una de las ciudades más bellas del país. Cuna del toreo moderno y destino de los más célebres viajeros románticos destaca por sus miradores naturales y las tradiciones culturales y gastronómicas que protege su población.

Aventura, cultura y tradición se fusionan en Ronda, para muchos visitantes extranjeros una de las cuatro ciudades más atractivas del sur de España con Sevilla, Córdoba y Granada. Un destino andaluz que enamoró a los viajeros románticos del siglo XIX, después en el XX a algunas estrellas norteamericanos del cine o de la literatura como Orson Welles o Ernest Hemingway y ahora a los dos millones de visitantes que se acercan cada año para disfrutar de sus miradores, su serranía y su atractiva enogastronomía.

Ronda no rebasa hoy los 40.000 habitantes fijos. Una gran mayoría heredó la tradición agrícola de sus antepasados, conectada con el aceite o el vino que ahora se produce en una veintena de bodegas, alguna de ellas compartiendo tinajas con frescos del siglo XVI en un antiguo convento trinitario localizado en la Finca Descalzos Viejos. Otros siguen degustando su sabrosa pastelería con las yemas del Tajo de Rondaque empezaron a elaborar las monjitas carmelitas del Convento de la Merced y ahora se agotan diariamente en la confitería Las Campanas en la plaza del Socorro, las más concurrida y viva de la ciudad a unos metros del Casino modernista.

El casco antiguo
Ronda es ahora una ciudad turística por excelencia que embauca en sus dos ciudades unidas por el Puente Nuevo, su monumento más icónico y más fotografiado junto a la bellísima Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, donde el diestro Pedro Romero inventó el toreo moderno a pie en la recta final del siglo XVIII y Antonio Ordóñez creó en 1954 la famosa corrida goyesca. El casco más antiguo se emplaza hacia el Barrio de San Francisco a los pies de la muralla árabe, el espejo donde se reflejan las tradiciones, costumbres, la cultura, las fiestas y, sobre todo, su gente , los rondeños “ceporreros”, y se palpa durante el camino antes en el Barrio de la Ciudad en su trazado medieval de reminiscencias árabes que se dispersa al sur del río Guadalevín hacia la iglesia de Santa María la Mayor (s.XV-s.XVII). Levantada sobre un antiguo templo romano en memoria de Julio César y después sobre una mezquita árabe, en esta construcción conviven el gótico tardío y el barroco con restos del mihrab nazarí y parte del alminar convertido en campanario. Su retablo mayor es magnífico al estar organizado en tres calles con una profusa decoración lateral. Un gran hueco con arco de medio punto abre al camarín donde se localiza la imagen de la Virgen de los Dolores, atribuida por unos a Juan Martínez Montañés y por otros a Luisa Ignacia Roldán, “La Roldana”.

Casi sin rumbo fijo, caminando por sus callejuelas estrechas, se descubre, entre un racimo de los mejores edificios históricos, el refugio de la patrona de la ciudad, la Virgen de la Paz; el Palacio de Mondragón, que fue residencia de los Reyes Católicos con los jardines más exclusivos de la ciudad; la Casa del Rey Moro y su gruta subterránea llamada La Mina que llega a la misma orilla del río con unas aguas azul turquesas sorprendentes; la Casa del Gigante y los Baños Árabes, uno de los mejores conservados de la península ibérica en los que se puede visitar sus tres salas termales fría, templada y caliente, las bóvedas con lucernarios en forma de estrella y los sistemas hidráulicos originales.

Y al lado de este oasis musulmán el Puente Viejo, construido en 1616 sobre los antiguos cimientos árabes con un sólo arco de 10 metros de diámetro, a 31 metros de altura sobre el río, y con cuatro balcones para apreciar las bellezas naturales del Tajo de Ronda y del paisaje del fondo. Muy cerca también llama la atención el Puente Árabe o de las Curtidurías, al que los vecinos continúan llamando Puente Romano, levantado en el barrio de San Miguel que constituyó la entrada principal a Ronda por el este y el paso preferente del ganado para poder abrevar en el río.
El barrio del Mercadillo
Al otro lado del Puente Nuevo, el más fotografiado de Ronda, surge el barrio moderno o del Mercadillo con el Parador de Turismo a la cabeza, construido sobre lo que fue antes el Ayuntamiento y el Mercado de Abastos, la plaza de toros de 1785, el Teatro Vicente Espinel, el Restaurante Bardal, de Benito Gómez, el único que cuenta con dos estrellas Michelin, y el Círculo de Artistas, ejemplo del legado modernista de la ciudad en la siempre animada Plaza del Socorro. Este espacio constituye la zona comercial y de mayor expansión en Ronda, construida extramuros para eludir los altos impuestos pagados por los comerciantes en la ciudad. Una de esas vías es la calle Espinel, de un kilómetro de longitud, peatonal y repleta de tiendas, bares y restaurantes, a la que se conoce popularmente como la calle de la Bola aludiendo a un tradicional juego con bolas de hierros parecido a la petanca que se practicaba en los llanos del Mercadillo.

La Alameda del Tajo
No se puede abandonar el Barrio Moderno sin dar un paseo por la Alameda del Tajo, antes llamada Alameda de San Carlos, el más atractivo pulmón verde de Ronda al emplazarse al borde de la cornisa del Tajo. Es este un paseo arbolado del siglo XIX que ofrece unas magníficas vistas panorámicas de la Serranía de Ronda y cuenta con cinco avenidas paralelas repletas de una gran variedad de especies vegetales, como el cedro del Himalaya, el pino piñonero o la acacia de tres espinas, que vienen a desembocar en un paseo con una impresionante balconada situada sobre el mismo borde del abismo.

El paseo se prolonga hacia el norte bordeando la cornisa por el llamado paseo de los ingleses hasta el Hotel Victoria, el más lujoso alojamiento de Ronda, refugio de Rainer Maria Rilke hace casi 100 años durante tres meses en los que recuperó sus ganas de volver a escribir, su inspiración y sus nuevas ideas desde su habitación 208 y los bellísimos jardines del hotel que hoy exhiben una estatua del escritor y poeta austriaco. Bajo los muros del Victoria, construido en 1906 y renovado en 2012, se encuentra la espectacular formación geológica conocida popularmente como el “Asa de la Caldera”, una llamativa roca con un hueco lateral a la montaña formada por la erosión en la zona más elevada de los acantilados rondeños. Hacia el sur, el camino se une al Paseo de Blas Infante para, concluir en el mismo Puente Nuevo a través de las terrazas del Parador Nacional de Turismo.
El gran símbolo
El Puente Nuevo, gran icono de la ciudad desde 1793, se halla en el desfiladero del Tajo en Ronda, surgido en un cañón de caliza y arenisca que ha creado el río Guadalevín a lo largo de miles de años, y cuenta con un museo donde se narra la historia de su construcción. El lugar es en realidad una garganta natural de más de 100 metros de profundidad y 70 metros de anchura que atraviesa este puente a la que se puede acceder ahora desde el nuevo caminito completado en 2025 ya que penetra en las entrañas del desfiladero gracias a unas pasarelas suspendidas sobre al agua a tres metros de altura.
El recorrido arranca en la Casa de Manolillo, centro de recepción para los visitantes en el que hay que pagar una entrada de cinco euros y recoger el casco de protección en un área que cuenta con varias zonas de descanso y algunos miradores que permiten disfrutar más de cerca las formaciones geológicas de este espacio. El sendero alcanza el curso del río a través de los recovecos más escondidos del desfiladero hasta la ermita de San Miguel y el área de los Baños Árabes con nuevos accesos a lugares de interés histórico como la Puerta del Viento y el Arco del Cristo, sin duda una oportunidad única de descubrir los cimientos más antiguos de Ronda sorteando sus piedras más ancestrales. Todo el recorrido alcanza casi los mil metros.

Junto a este espectacular escenario se pueden vivir más emociones pues a solo unos metros los amantes de las vías ferratas pueden disfrutar de una abierta en 2010, aprovechando los peldaños de hierro que dejó un antiguo equipamiento de la primera mitad del siglo XX. Los peldaños por los que se puede trepar y vivir una sensación especial están anclados en gran parte en los muros que se construyeron para asegurar el terreno en el entorno de las ruinas de unos molinos de harina, que fueron abandonados tras un terremoto de 1917.
Vecinos de Ronda
Paco Retamero, arquitecto y propietario de la Bodega Descalzos Viejos
En 1998 Francisco Retamero y su socio Flavio Salesi adquirieron la Finca Descalzos Viejos, que incluía una iglesia gótica mudéjar en ruinas tras el paso de las tropas napoleónicas. Restauraron el templo, utilizado como corral de animales en el siglo XX, y descubrieron unos magníficos frescos renacentistas en la zona del altar. Hoy este espacio exhibe esas pinturas, pero está repleto de tinajas con un vino que producen en sus diez hectáreas de viñas. Actualmente obtienen unas 40.000 botellas anuales, casi todas de tinto, y exportan a Bélgica, Alemania y Noruega. Paco lleva 40 años viviendo en Ronda y de su ciudad le gusta su Paseo por la Alameda y los pequeños bares y restaurantes, como El Morabito en el barrio de San Francisco, donde comer un buen pisto con huevo y migas, o Los Cazadores para degustar un sabroso pescado, siempre con un buen tinto de la comarca que defiende a ultranza “porque el agua se bendice y el vino se consagra”.

Ángel Vicente Ballesteros, guía de Turismo Activo
Ángel lleva 25 años ligado al Turismo Activo de Ronda. En su empresa Sierra Aventura Ronda organiza actividades de barranquismo en el Cañón de las Butreras o en el Cañón del Tajo, de espeleología en la Cueva de la Fuensanta y sobre todo de vías ferratas ya que hay más de treinta en toda la Serranía de Ronda. De todas ellas las más populares son las dos vías ferratas del mismo Tajo de Ronda junto al Puente Nuevo, de 60 y 65 metros respectivamente, que practica con grupos de hasta 10 personas (40 euros por participante). “Nosotros nos encargamos de cuidar todos los detalles de la seguridad -comenta Ángel- para que la gente disfrute de esta actividad porque el Tajo de Ronda es una maravilla lo veas desde donde lo veas, estudiamos uno por uno a las personas desde que se ponen el casco, cuidamos de su seguridad con nuestras cuerdas y les motivamos para que pasen un gran día”.
Benito Gómez, cocinero
Hijo de cocineros en Argentona, Benito Gómez siempre pensó que su sitio debía estar al lado de los fogones. Después de dedicar varios años a la alta cocina, Benito abrió Bardal el 18 de agosto de 2016 y en sólo tres años su restaurante recibió dos estrellas Michelin. Nunca ha sentido presión por lograr la tercera ni por mantener las conseguidas “porque los premios son consecuencia del día a día en el trabajo” y su único objetivo es entender mejor la cocina con recetas nuevas y revisando las más antiguas. A título personal, Benito siente pasión por la manteca colorá, pero advierte que su restaurante no es localista. “Yo soy un enfermo de la comida, me gusta todo; cocina, comer un huevo frito o un entrecot con patatas fritas” dice con pasión y aunque le cuesta elegir su mejor plato confiesa que es la ortiguilla de mar cocinada a la brasa con jugo de moluscos con perejil, ajo y manzanilla. Ahora prepara cuatro proyectos, tres en Málaga y uno en Cádiz, con un equipo que alcanza los 80 integrantes.
Jorge Amat, director de marketing de LA Organic
Desde el 18 de octubre de 2024, Jorge se dedica a detallar las bondades de la primera almazara de autor del mundo, en la que no sólo se produce el aceite de oliva ecológico de LA Organic, sino que, además, se resalta la herencia cultural de Ronda y de Andalucía. Y lo hace en un lugar privilegiado de la serranía rondeña rodeado de olivos, a un kilómetro de la finca de Antonio Ordóñez y a dos del circuito Ascari de carreras, donde el francés Philippe Starck diseñó un enorme cubo rojo con un guiño provocador y original hacia la cuna del toreo moderno. Jorge pasó varios años de su vida dedicado al mundo del diseño urbano e industrial, pero ahora es feliz viviendo en el campo y disfrutando de la naturaleza. Le gusta este proyecto y destaca sobre todo su exhaustivo museo sobre el aceite y su historia, las catas de aceite ecológico, los recorridos por la almazara y la finca, las degustaciones exclusivas “e incluso puedes apadrinar un olivo o alojarte en un edificio muy original anexo diseñado por Starck”.




















