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Desde masías catalanas preservadas hasta un club de boxeo con más de un millón de seguidores. Estos son los esenciales para enamorarse de este barrio lleno de vida local

Esta es la Barcelona que no sale en las guías turísticas. Suena a eslogan de ‘influencer’ a punto de descubrirte un ‘speakeasy’ de esos que cuelgan la etiqueta de “bar secreto” a pesar de tener más de 100 mil seguidores, pero no. En este caso es literal: se trata del barrio de Sant Martí de Provençals. Situado entre Poblenou y la Meridiana, es una de esas zonas de la ciudad que normalmente solo pisas si tienes que ir a algún recado. Una auténtica lástima, ya que el barrio cuenta con joyas escondidas y plazas y jardines llenos de vida. Estos son los esenciales para enamorarse del barrio.
1. En el casco antiguo
La iglesia de Sant Martí de Provençals
Sant Martí de Provençals es uno de esos (muchos) barrios de Barcelona cuya historia se remonta a cuando era un municipio independiente. Por eso, la ruta tiene que empezar por el antiguo centro neurálgico del pueblo: la iglesia de Sant Martí de Provençals (plaza Ignasi Juliol, 2-4). Esta construcción de estilos gótico y barroco es muy fotogénica, especialmente por los contrastes de su tímpano contemporáneo (del 2019). Un templo poco visitado que nada tiene que envidiar a algunos de los más populares de Ciutat Vella.

Sus alrededores, además, son una delicia. En la plaza Ignasi Juliol tienes un jardín de naranjos con una fuente. En el lateral sur, en la calle Fondal de Sant Martí, un parque que cada tarde vibra con la vida de barrio y local. Y tras el ábside, cruzando la calle, el parque de Sant Martí, con buenas vistas del campanario y su cubierta de cerámica.

No guardes la cámara, que todavía hay más rincones donde ponerte a hacer el guiri. La zona antigua preserva masías catalanas, como Can Planes (Selva del Camp, 1-19), al lado del huerto comunitario, o Ca l'Arnó (Menorca, 21-23), que ahora es una ludoteca. ¿Que con tanto turisteo te entra el gusanillo? Cómete unos churros en la Xurreria Carmen (Menorca, 23) o date el gustazo de un buen ‘esmorzar de forquilla’ en el restaurante del mercado, El Racó del Mercat (Menorca, 19). Ambos establecimientos de barrio, de los de toda la vida.

2. Libros, cine y actividades gratuitas
Plaza Angeleta Ferrer
Siguiente parada: la plaza Angeleta Ferrer. En sus alrededores hay tres ‘hubs’ culturales imprescindibles, y no solo para el barrio, sino para toda la ciudad. Por ejemplo, la mejor biblioteca del mundo está al lado. No es una opinión subjetiva, es un hecho. La Biblioteca Gabriel García Márquez (plaza Carmen Balcells Segalà, 1) recibió en 2023 el título a través de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA), la primera española en lograrlo.
Y no es de extrañar. Su propuesta va más allá de la biblioteca tradicional y cuenta con un diseño puntero, zonas de juegos de mesa para socializar, un espacio multisensorial, estudio de radio, e incluso hamacas para leer en silencio como si estuvieras de vacaciones en Hawái. Sí, ya hay quienes lo han bautizado como el primer “siestódromo” municipal.

Igual de imprescindibles son el Auditori de Sant Martí (plaza Angeleta Ferrer, 2) y el Centre Cívic Sant Martí (Selva de Mar, 215), cuya agenda de planes gratis levantará hasta al catalán más ‘garrepa’ del sofá. No olvides echarle una foto al impresionante gran mural que corona el lateral del centre cívic, hecho por el artista cubano-estadounidense Jorge Rodríguez-Gerada, que mezcla los rasgos de varias vecinas para crear este dibujo a grandísima escala.

Consejo: si te gusta el arte callejero, sube hasta rambla de Guipúscoa. En el lateral de la Farmacia Guipúscoa 69 hay unos dibujos esgrafiados de dos científicos, obra sesentera de Julià Riu Serra y muy bien escondida en un gran párking. Fácil que pase desapercibida.

3. Calatrava y casas modernistas
Calle Bac de Roda

La calle Bac de Roda es más conocida por albergar el puente de Calatrava, una construcción muy polarizada: o te encanta o la odias. Marca de la casa del arquitecto. La estética moderna contrasta con la zona, especialmente si bajas un par de manzanas, donde se encuentra una de las calles con más encanto del barrio, el pasaje Antoni Gassol.

Esta calle peatonal es una ventana a una Barcelona que ya no existe. Casas bajas, unifamiliares y de colores. Un rinconcito de paz en medio de edificios altísimos que sirve de oasis para los que definen los grandes pisos colmena de los 60 como atentado terrorista a la estética. Las casas están consideradas conjunto histórico debido a su arquitectura, con elementos sencillos del modernismo popular (no, no te imagines una Casa Batlló, pero sí que es una calle con muchísimo encanto). ¿Lo mejor? Es tan desconocida que si la subes a Instagram seguro que despertará “¿y esto dónde es?” incluso entre los barceloneses de toda la vida.
4. El rincón más viral de Sant Martí
Más de 1 millón de seguidores
A un par de calles de la iglesia de Sant Martí, se esconde el rincón más viral del barrio. Es La Verneda Fight Club (Huelva, 136), el gimnasio de boxeo de Xavier Vázquez, entrenador y estrella digital. Los vídeos de sus puñetazos se cuentan con seis ceros. Más de un millón de seguidores en todas sus redes: 680 mil seguidores en TikTok, 370 mil en YouTube y 200 mil en Instagram, se dice rápido.
5. Entre el Poblenou y Sant Martí
Provençals del Poblenou

Sant Martí de Provençals hace frontera con Provençals del Poblenou, otro barrio que se lleva menos laureles que Chalamet en los Oscar. Es el gran ignorado, especialmente porque su vecino, el Poblenou, conquista todos los ‘flashes’. Y no es por falta de rincones fotogénicos, la verdad.
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