jueves, 20 de agosto de 2026

Canal Viajar : Muy pocos conocen y visitan una de las aguas más hermosas de Portugal junto al pueblo de Picha

 CanalElPeriodico 

La playa fluvial de Mega Fundeira, en Pedrógão Grande, esconde aguas frías y transparentes bajo un puente de la Estrada Nacional 2, junto a una aldea cuyo nombre lleva siglos provocando sonrisas a quien pasa por allí

Con las temperaturas rozando los 40 grados en buena parte de Portugal, no todas las playas ofrecen lo mismo. Algunas se visitan simplemente porque quedan cerca y sirven para refrescarse; otras, en cambio, merecen la pena por sí mismas. Ese es el caso de un pequeño rincón de agua dulce que ha empezado a circular en redes sociales gracias al vídeo de un usuario de TikTok, que la describió como "pequeñita, pero con una de las aguas más bonitas" en las que se ha bañado.

Se trata de la playa fluvial de Mega Fundeira, situada junto a la aldea de Picha y al kilómetro 306 de la Estrada Nacional 2 (EN2), en el municipio de Pedrógão Grande, en el interior de Portugal. 

Es una playa de agua fría, procedente del río Zêzere, ideal para combatir el calor del verano, y que según el ayuntamiento cuenta con "excelente calidad de agua". El espacio dispone de zona de picnic, césped, barbacoa y un bar con terraza, además de uno de los tradicionales molinos de rodezno recuperados en la zona..

Quien prefiera moverse en lugar de solo nadar puede recorrer el "Sendero de Mega Fundeira", una ruta que discurre junto al arroyo de Mega y que permite conocer tanto sus recursos naturales como parte del patrimonio construido que dependió históricamente de este curso de agua.

¿Dónde está Picha y por qué se llama así?

La aldea junto a la que se encuentra esta playa fluvial tiene un nombre que llama la atención de cualquier visitante español: Picha, que en portugués es una forma coloquial de referirse al miembro viril, tal y como ocurre en gallego y en algunas zonas de España. No es un caso aislado: la región de Pedrógão Grande y sus alrededores concentran varios topónimos igual de curiosos, como Venda da Gaita (literalmente, "venta de la gaita"), Derreada o Vale da Rata.

Picha es una pequeña aldea de apenas medio centenar de habitantes, integrada en la freguesia (equivalente a un ayuntamiento menor) de Pedrógão Grande, en el distrito de Leiria. Su economía ha girado tradicionalmente en torno a la industria forestal, y su único establecimiento comercial es un restaurante situado en la parte baja del pueblo, junto a la EN2, que lleva por nombre, sin ningún pudor, Café da Picha.

Sobre el origen del nombre existen distintas versiones, aunque todas apuntan en la misma dirección: la resina de pino. Durante siglos, la extracción de resina fue la principal actividad económica de la zona, y para recogerla se fijaba a cada pino, mediante un clavo o tornillo metálico, un pequeño recipiente al que se llamaba "picha". 

De ahí habría derivado el nombre de la aldea, cuyos vecinos ―los "pichenses"― llevan generaciones acostumbrados a las bromas de los forasteros y suelen tomárselo con humor. De hecho, en el pasado llegó a impulsarse una recogida de firmas para cambiar el nombre del pueblo por el de Pénis, propuesta que finalmente no prosperó.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Canal Curiosidades : Mapa de las principales placas tectónicas del mundo: hay una que cubre la mayor parte del Pacífico

  CanalCuriosidades 


Las placas tectónicas juegan un papel fundamental en geología y sismología, dos campos estrechamente relacionados por estos elementos rígidos de gran superficie que se encuentran en la litosfera terrestre, la capa más externa de la Tierra.

Estas placas van flotando y se van desplazando por la astenosfera, otra de las capas del manto terrestre. Al estar en continuo movimiento, se pueden producir choques entre unas y otras, provocando fenómenos geológicos como los terremotos, la erupción de un volcán, la formación de una montaña o hasta un tsunami.

Se puede hacer una división general y sencilla de las placas tectónicas a nivel mundial, separando las principales de las secundarias, aunque después hay otras más pequeñas, igualmente importantes.

Placas tectónicas principales

Este es el listado de las principales placas tectónicas a nivel mundial:

  • Placa Africana: contempla la zona del continente africano, así como parte del océano Atlántico e Índico
  • Placa Antártica: rodea la Antártida y se extiende hacia los océanos circundantes
  • Placa Australiana: contempla Australia y parte del océano Índico
  • Placa Euroasiática: cubre Europa y la mayor parte de Asia, excluyendo India y Arabia
  • Placa Norteamericana: cubre América del Norte, Groenlandia y partes del océano Atlántico
  • Placa del Pacífico: es la más grande y cubre la mayor parte del océano Pacífico
  • Placa Sudamericana: contempla América del Sur y parte del océano Atlántico

En el siguiente mapa se puede ver la representación gráfica de todas estas placas tectónicas, para ver cuál es su situación geográfica y las partes del planeta que cubren:

Canal Noticias : El Ayuntamiento invertirá 1,2 millones de euros para transformar la Plaça del Poeta Boscà en Barceloneta

 NoticiaBeteve

La licitación para las obras se celebrará en septiembre y se convertirá en un espacio más inclusivo

El Ayuntamiento de Barcelona planea renovar integralmente la Plaça del Poeta Boscà, en Barcelona. A partir de septiembre comenzará la licitación para las obras, que puede extenderse con el tiempo. La obra costará 1,2 millones de euros y servirá para transformar este espacio, de 4.300 m², que alberga, entre otros, el mercado del barrio.

La intención es convertir la plaza en un espacio "más inclusivo y adaptado a las necesidades de la vida cotidiana" en Barceloneta. El proyecto incluye, por ejemplo, ampliar y hacer accesible el área de juegos infantiles existente, así como la incorporación de juegos acuáticos y espacios sombreados. Además, "una parte significativa" de las aceras de la plaza y del aparcamiento inferior también será renovada, y se cambiarán los muebles.

El Ayuntamiento invertirá 1,2 millones de euros para transformar la Plaça del Poeta Boscà en Barceloneta | Jaume Collboni, obra, remodelación

El alcalde Jaume Collboni señaló que de esta manera "se recuperan muchos años de desinversión en un barrio muy cohesionado con residentes que llevan mucho tiempo pidiendo espacios y servicios de calidad". En esta línea, señaló que el objetivo de este plan es "permitir que los residentes permanezcan en sus barrios".

La Carrer de Pepe Rubianes también será transformada

Al mismo tiempo, el Ayuntamiento sigue trabajando en proyectos clave para el barrio, como la reforma de la Carrer de Pepe Rubianes, prevista dentro del Plan de Barrio con un presupuesto de 5 millones de euros. Actualmente, el proyecto está en fase de licitación y, al ejecutarlo, se tendrán en cuenta las contribuciones de los residentes recogidas en los procesos de participación de los últimos años.

Otras inversiones en Barceloneta

Todas estas transformaciones forman parte del plan de transformación del barrio, presentado en 2024 y dotado con 46 millones de euros. Hasta la fecha, el 70% del plan ya se ha ejecutado, diseñado para actuar en espacios públicos (17,8 millones de euros), instalaciones (21,5 millones de euros) y la renovación de viviendas públicas (6,8 millones de euros). La hoja de ruta incluye proyectos como la futura PAC Barceloneta, en el Passeig de Joan de Borbó, 44, que tendrá 3.000 m² y estará ubicada en la antigua clínica Barceloneta.

Además, también está en marcha la ampliación de la Escuela Infantil Municipal de La Mar, que abrirá sus puertas este septiembre. Este verano se han invertido 1,1 millones de euros para aumentar el número de plazas de 63 a 100.

El Ayuntamiento invertirá 1,2 millones de euros para transformar la Plaça del Poeta Boscà en Barceloneta | Jaume Collboni, obra, remodelación

En cuanto a vivienda, el consistorio ha rehabilitado 18 pisos municipales en el Passeig de Joan de Borbó, 44, de los cuales 13 ya han sido adjudicados. En la Carrer de Pinzón, también se están rehabilitando 81 viviendas para ancianos.


Canal Noticias Incendios : Un nuevo incendio forestal en Madrid obliga a confinar Aldea del Fresno y Villamantilla

  Noticias20M


Un nuevo incendio forestal se ha declarado este miércoles en Aldea del Fresno y ha obligado a confinar esta localidad y el municipio próximo de Villamantilla, mientras trabajan en la zona una veintena de dotaciones terrestres y cinco medios aéreos, según ha detallado Emergencias 112 Comunidad de Madrid en un mensaje remitido a los medios. 

El incendio se ha originado en el kilómetro 52 de la carretera M-510 y se ha activado la Situación Operativa 2 del Plan INFOMA ante la evolución del fuego. El fuego ha obligado a cortar la M-510 desde el kilómetro 50 al 54 y a suspender la línea de autobús 548 del Consorcio Regional de Transportes (CRTM).

En las labores de extinción participan efectivos de Bomberos de la Comunidad de Madrid, Bomberos Forestales y Agentes Forestales, con un dispositivo compuesto por 20 dotaciones terrestres y cinco medios aéreos. 

La delegación de Gobierno en Madrid ha pedido a la población, en un mensaje en la red social X, que evite desplazarse a la zona afectada y que siga en todo momento las indicaciones de los servicios de emergencia.

Canal Gastronomía : Este rincón de Cantabria es un paraíso gastronómico y casi nadie habla de él

  CanalGastronomia


Cantabria es uno de esos lugares donde comer bien no es una excepción, sino casi una norma no escrita. Entre el verde intenso de sus prados, la cercanía constante del mar y pueblos que parecen detenidos en el tiempo, la región ha construido una identidad gastronómica muy reconocible, basada en el respeto al producto, a las recetas heredadas y al saber hacer de generaciones enteras. Aquí la mesa no es un complemento del viaje, es muchas veces el motivo principal para coger el coche y volver una y otra vez.

Cantabria guarda además pequeños pueblos que, sin hacer demasiado ruido, se han convertido en auténticos referentes para quienes disfrutan comiendo sin prisas. Lugares donde conviven la cocina tradicional de cuchara, las parrillas honestas y propuestas de alta cocina que han puesto el nombre de la comunidad en el mapa gastronómico mundial. Uno de esos sitios está en el interior, lejos del bullicio costero, y demuestra que no hace falta ser grande para dejar huella.

Villaverde de Pontones, un pueblo pequeño con una mesa inmensa

Cantabria encuentra en Villaverde de Pontones uno de sus ejemplos más claros de cómo la gastronomía puede transformar un lugar. Este pequeño pueblo, rodeado de colinas suaves y caminos rurales, transmite calma desde que se llega. Aquí no hay prisas ni colas, solo silencio, naturaleza y una sensación constante de estar en el sitio adecuado para disfrutar sin distracciones.

Villaverde de Pontones es hoy sinónimo de buen comer gracias a un proyecto que ha sabido respetar el entorno y elevarlo. Pasear por sus alrededores antes o después de sentarse a la mesa forma parte de la experiencia, porque el paisaje ayuda a entender lo que luego llega al plato. En este rincón de Cantabria, comer es también mirar alrededor y conectar con el territorio.

El Cenador de Amós, orgullo gastronómico de Cantabria

Cantabria presume, con razón, de uno de los grandes templos culinarios del país. En una casona-palacio del siglo XVIII se encuentra el Cenador de Amós, el proyecto personal del chef Jesús Sánchez y de Marián Martínez, directora de sala y pieza clave del engranaje. Desde Villaverde de Pontones, han construido una propuesta que mira al pasado y al futuro a la vez, siempre con el producto local como protagonista.

Las tres estrellas Michelin no son aquí un fin, sino una consecuencia. Cada menú es un recorrido por el paisaje cántabro, por el mar Cantábrico, los valles, los huertos y la memoria culinaria de la región. Cantabria se cuenta plato a plato, con respeto a la temporalidad, técnicas precisas y una sensibilidad que convierte la experiencia en algo cercano, lejos de la frialdad que a veces se asocia a la alta cocina.

Mucho más que alta cocina, un destino al que siempre apetece volver

Cantabria no se resume solo en grandes restaurantes, y Villaverde de Pontones lo demuestra. Quien llega atraído por el Cenador de Amós descubre también un entorno perfecto para alargar la visita, alojarse cerca y explorar otros pueblos del entorno donde siguen vivas las tabernas tradicionales y los sabores de siempre. La experiencia no termina al levantarse de la mesa, continúa en cada paseo y en cada conversación tranquila.

Por eso, este pueblo se ha convertido en uno de esos lugares a los que siempre se vuelve con ganas de repetir. Cantabria tiene muchos rincones donde se come bien, pero pocos logran unir paisaje, calma y excelencia gastronómica de una forma tan natural. Villaverde de Pontones no presume, no grita, simplemente invita a sentarse, disfrutar y entender por qué, una vez que se conoce, siempre apetece regresar.

Canal Gastronomia : Gastronomía aragonesa

 CanalGastronomia 

Aragón se come mirando al cielo y al suelo a la vez. Al cielo, porque buena parte de esta tierra es de pastor: rebaños que suben a la sierra cuando aprieta el calor y bajan al valle del Ebro cuando llega el frío, y una cocina que nació de lo que cabía en el zurrón. Al suelo, porque pocos sitios de España guardan una despensa tan honda: el cordero más afamado del país, un jamón curado al aire seco de Teruel, un melocotón que se envuelve a mano, fruta por fruta.

Platos

Ternasco de Aragón. El cordero lechal de razas autóctonas que es seña de identidad aragonesa. Ochocientos años de pastoreo en estas sierras lo respaldan. Cordero joven, de menos de noventa días, criado con leche de su madre y de razas que solo existen aquí: rasa aragonesa, ojinegra de Teruel, roya bilbilitana, maellana y ansotana. De esa juventud le viene todo: carne rosa pálida, casi sin grasa, tan tierna que se deshace, con un punto lácteo que ningún cordero adulto tiene. Su historia es más vieja que su fama: en 1218, Jaime I puso un justicia al frente de los ganaderos de Zaragoza y nació la Casa de Ganaderos, cincuenta y cinco años anteriores a la Mesta castellana y aún hoy la más antigua de su clase en España. En 1989 fue la primera carne fresca de toda España con denominación propia. Se come asado, en horno de leña, sobre su cama de patatas. El plato de las bodas y las fiestas mayores.

Migas aragonesas. El alma de los días normales y puro ingenio de pastor. Nacieron en el monte para aprovechar el pan duro: pan sentado, picado finísimo a navaja, humedecido la víspera y frito con ajo, sebo de cordero y longaniza, mejor de Graus. Se remueve sin parar, "cucharada y paso atrás", hasta que cada miga queda suelta y dorada. Y entonces llega el gesto que desconcierta al forastero: se comen con uvas. Un puñado de uva fresca al lado, para que el dulce y el frío corten la contundencia del pan. Quien las pruebas por primera vez no entiende la mezcla. Quien las comió de niño junto al fuego, sabe que no hay otra forma.

Bacalao al ajoarriero. El pescado de la gente de secano, en una tierra sin mar. Bacalao en salazón —el que aguantaba el viaje tierra adentro sin estropearse—, que los arrieros llevaban a lomo de mula por los caminos del interior y que dio nombre al plato. Y aquí está el quid: con el mismo nombre conviven dos recetas distintas. La aragonesa y navarra se guisa con tomate y pimiento, roja y jugosa. La leonesa es otra cosa: bacalao, ajo dorado en láminas, un golpe de pimentón frito en el aceite y vertido sobre el pescado y, para rematar,a veces se coloca huevo cocido. Mismo apellido, dos almas. De los que reconfortan en un día de cierto.

Pollo al chilindrón. El guiso de domingo. Pollo cocinado en una salsa espesa y roja de pimiento, tomate y cebolla, lenta y sabrosa. Tan aragonés que el nombre del guiso ha viajado por toda España, pero la versión de aquí tiene carácter propio.

Borrajas. La verdura que en Aragón se venera y en el resto de España apenas se conoce. De hoja áspera y tallo carnoso, se sirve rehogada con patata y un chorro de aceite. Sencilla, verde, de huerta de invierno.

Chiretas. Plato de aprovechamiento total del Alto Aragón. Tripa de cordero rellena de arroz y carne, atada y cocida. Cocina de pastor que no tira nada, recia y de pueblo.

Postres

Pastel ruso. El postre fino de la repostería aragonesa. Dos capas de merengue crujiente de almendra que encierran una crema suave de mantequilla o praliné. De origen incierto y nombre curioso, hoy es un clásico de las mejores pastelerías de Huesca y Zaragoza.

Melocotón de Calanda en almíbar. Cuando el melocotón gigante del Bajo Aragón no se come fresco, se conserva en almíbar y se convierte en postre de tarro, de los que esperan en la despensa al invierno. Dulce, carnoso, con todo el sol del verano dentro. Único en su clase en toda Europa.

Dulces

Frutas de Aragón. El capricho más elegante de la tierra. Trozos de fruta confitada —cereza, melocotón, naranja, higo, pera— bañados uno a uno en chocolate negro. Las inventó el confitero Julio Asín hacia los años veinte del siglo pasado, en una pastelería de Zaragoza ya desaparecida. Se vendían en cestillas de mimbre, como las de los hortelanos. Hoy llenan los escaparates de los alrededores del Pilar.

Trenza de Almudévar. El dulce que dio nombre a un pueblo en los escaparates de toda España. Hojaldre trenzado a mano, relleno de nueces, almendras y pasas maceradas en ron, cubierto de glaseado. Se hornea en Almudévar desde los años ochenta. Tierno por dentro, crujiente por fuera, imposible comer solo una porción.

Tortas de alma. También llamadas "casquetas". Empanadillas de masa fina rellenas de una mermelada especial de calabaza, miel y azúcar, eso que aquí llaman "alma". Tienen origen medieval y se hacen para Todos los Santos. El dulce de las fechas, el que sabe a casa de abuela.

Pestiños y mantecados. El dulce humilde de las celebraciones. Los pestiños, fritos y bañados en miel o azúcar, con su aroma a anís. Los mantecados, de manteca de cerdo y almendra, que se deshacen en la boca. Salen en Navidad, en Carnaval y en las fiestas, aunque quien los conoce los busca todo el año.

Bebidas

Vinos de garnacha. Aragón es tierra de garnacha, y en torno a esa uva giran sus cuatro grandes vinos: Cariñena, la denominación más antigua de la región (1932); Campo de Borja, a la que llaman "el imperio de la garnacha"; Somontano, la más afrutada y moderna; y Calatayud, a las faldas del Moncayo. El acompañante natural de un ternasco al horno.

Retacía. El pariente aragonés de la ratafía catalana, casi un secreto. Guindas, nueces, hierbas y especias maceradas en aguardiente. Dulce y aromática, se sigue elaborando en casas de comarcas como Daroca y el Jiloca.

Licores de Colungo. En este pueblo de la Sierra de Guara, en pleno Somontano, se destilan desde siempre con alambique de cobre licores artesanos de hierbas, de café y de anís. Aguardientes naturales que rematan cualquier comida y que han hecho del nombre de Colungo un sello en sí mismo.

La despensa de Aragón

Jamón de Teruel A más de 800 metros de altitud, el aire frío y seco de la sierra turolense cura un jamón de cerdo blanco que fue el primero de España con denominación de origen. Paciencia, sal y montaña hacen el resto.

Aceite del Bajo Aragón El oro de la comarca. Olivar de la variedad empeltre que da un aceite virgen extra frutado y suave, base callada de toda la cocina aragonesa de interior.


Canal Gastronomía : Gastronomía madrileña

  CanalGastronomia


Hay cocinas que nacen de la tierra y otras que nacen de la gente. Madrid es de las segundas. Aquí no hay mar, ni una huerta de leyenda, ni un solo producto que lo explique todo. Hay algo distinto: una ciudad que durante siglos lo recibió todo —el besugo subido a lomos de mula desde el Cantábrico, el garbanzo de media Castilla, el cocinero que venía a servir en palacio, el emigrante que traía la receta de su pueblo en la maleta— y lo convirtió en suyo en la barra de una taberna.

Por eso la gramática secreta de esta mesa no son las salsas, sino los gestos. El puchero que hierve toda la mañana sin que nadie lo mire. El pimentón y el ajo que tiñen el guiso de rojo. La casquería, lo que otros tiraban, ennoblecida a fuego lento. Y la fritura de la verbena, esa que huele a fiesta antes de verla. Madrid no inventó casi nada; lo cogió prestado y lo hizo inconfundible.

Y por encima de todo, una cosa que no falta nunca: el cocido, repartido en tres vuelcos, presidiendo el domingo como un rito laico. Alrededor gira el resto —la caña con su tapa, la tapa de barra, el chocolate de la madrugada—, pero el cocido es la columna vertebral.

Esto es lo que se come en Madrid, plato a plato, contado desde dentro.

Fuente de cocido madrileño con garbanzos, chorizo, morcillo y verduras, el gran guiso de Madrid.
Cuenco de callos a la madrileña en salsa de pimentón con chorizo y morcilla, casquería castiza.
Bocadillo de calamares a la romana en pan, la tapa castiza de los bares de Madrid.
Tortilla de patatas cortada mostrando el interior jugoso, clásico de la barra madrileña y de toda España.
Plato de patatas bravas con salsa picante roja en una barra de Madrid.
Cazuela de barro con caracoles a la madrileña en su salsa, tapa de tasca en el Rastro.

Cocido madrileño. El plato que ordena la semana entera. No es un guiso, es una ceremonia en tres tiempos, los tres vuelcos: primero la sopa, un caldo dorado con fideos finos que se ha hecho con todo lo que viene después; luego el garbanzo —el de verdad, mantecoso, que se deshace— con la verdura, la patata y el repollo rehogado con ajo y pimentón; y por último las carnes, el desfile de la gallina, el morcillo, el tocino, el chorizo, la morcilla y el hueso de caña con su tuétano. El orden es sagrado y se discute en cada casa como si fuera política. Las grandes tabernas cocederas lo guisan despacio en pucheros individuales de barro, casa por comensal, sobre brasa de carbón de encina. Hay quien dice que el año madrileño no arranca de verdad hasta el primer cocido de frío.

Callos a la madrileña. La casquería convertida en gloria. Tripa de ternera cocida durante horas con morro, pata y mano, ligada con un sofrito de cebolla, ajo, pimentón y un buen chorreón de pimienta, y rematada con chorizo y morcilla que tiñen la salsa de rojo espeso. Plato de invierno, de domingo, de resaca honrada. La gracia está en la gelatina: cuando los callos están bien hechos, se pegan al labio. Se mojan con pan y no sobra ni una gota.

Bocadillo de calamares. La mayor paradoja de esta cocina: la ciudad sin mar tiene por emblema un bocadillo de calamares fritos. La explicación es buena: Madrid fue durante siglos el mejor puerto de España sin tener costa, porque a su mercado subía el mejor pescado del país a lomos de las recuas, y hoy mueve uno de los mayores volúmenes de pescado del mundo. Aros rebozados, dorados, dentro de un panecillo que no lleva nada más —ni mayonesa ni limón, eso es para turistas—, comido de pie en una terraza de la Plaza Mayor. Sencillo y perfecto.

Tortilla de patatas. La reina del mostrador, en Madrid y en toda España. Patata pochada despacio en aceite, huevo y poco más; el resto es guerra abierta —¿con cebolla o sin ella?, ¿cuajada o babosa por dentro?— que aquí se discute con el mismo ardor que el fútbol. Nadie se pone de acuerdo en dónde nació, y media España se la pelea, pero pocas tabernas madrileñas se entienden sin su pincho de tortilla en la barra, cortado en cuña y esperando a la caña del mediodía. Cuando el huevo queda jugoso y la patata dulce, no hace falta nada más.

Gallinejas y entresijos. Lo que casi nadie cuenta y todo Madrid conoce. Son las tripas y el mesenterio del cordero lechal, fritos en su propia grasa hasta quedar crujientes por fuera y melosos por dentro, servidos en cucurucho de papel en los puestos de las verbenas. Comida de barrio, de feria, de las fiestas de cada distrito. No es para estómagos delicados, y precisamente por eso es tan madrileña: aquí no se tira nada.

Soldaditos de Pavía. Tiras de bacalao rebozadas en una pasta amarilla de azafrán, fritas hasta quedar doraditas, servidas como tapa de taberna con su pimiento. El nombre es pura leyenda: se cuenta que el rebozado amarillo recordaba al uniforme de los soldados de un regimiento de húsares, los de la batalla de Pavía. Documento que lo demuestre, ninguno; pero la historia es tan buena que se ha quedado pegada al plato.

Patatas bravas. La tapa que Madrid reclama como invento propio. Patata frita en dados y, encima, la salsa brava: roja, picante, espesa, hecha con pimentón —dulce y picante— y sin un solo tomate en la receta de los puristas, aunque medio mundo la haga con él. Hay una barra del centro que llegó incluso a patentar su fórmula y a guardarla bajo llave. Discusión eterna: ¿con tomate o sin tomate? En Madrid, los que saben, sin.

Caracoles a la madrileña. El plato de la verbena de San Isidro y de las tabernas de toda la vida. Caracoles guisados en una salsa picantona de tomate, chorizo, jamón y guindilla, que se comen con palillo y se rebañan con pan hasta el final. Cocina paciente —hay que purgar y lavar los caracoles con esmero— para un resultado de fiesta. Se piden por ración y se acompañan de un chato de vino.

Huevos estrellados. La humildad hecha tapa. Patatas fritas en buen aceite, huevos camperos cuajados encima y rotos en la mesa para que la yema lo empape todo. A veces con jamón, a veces con chorizo, a veces solos. Una casa del centro hizo de ellos su bandera y los convirtió en peregrinación. No tiene más secreto que la patata buena, el huevo fresco y el gesto de romperlo a tiempo.

Besugo a la madrileña. El pescado de la Nochebuena, otra prueba de que Madrid siempre tuvo el mejor pescado sin tener mar. El besugo se hornea entero, abierto, con su ajo, su perejil, sus rodajas de limón clavadas en la carne y un riego de aceite y vino blanco. Plato de día grande, de mantel y de familia reunida. En el Madrid antiguo, el besugo subía en diciembre por los caminos del norte y llegar a tiempo para la cena era casi una hazaña.

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