La ya desaparecida isla de Maians no era más que una isla de arena que se encontraba a unos 100 metros de la costa de Barcelona hasta 1477

¿Conoces la antigua isla de Maians de Barcelona? Desde su nacimiento, la ciudad ha sufrido cambios destacados en cuanto a la densidad de población, las costumbres y también en la geografía. Y no sólo por la anexión de municipios en 1897: mucho antes, hasta el siglo XV, Barcelona tenía un terreno de arena frente a la costa de Barcelona que desapareció en 1477. ¿Qué ha sido de esta isla? ¿Por qué desapareció y qué hay ahora allí donde estaba la isla de Maians?
No hay mucha información ni documentos históricos sobre este terreno antiguo de la ciudad, pero a continuación te detallamos lo más relevante.
Así era la isla de Maians de Barcelona
La ya desaparecida isla de Maians no era más que una isla de arena que se encontraba a unos 100 metros de la costa de Barcelona. Tal y como muestran planos de la época, se encontraba relativamente cerca de la desembocadura del río Besòs y, por lo tanto, era un espacio que acumulaba arena y otros sedimentos arrastrados por la corriente.
El Ayuntamiento de Barcelona explica que la construcción del primer muelle del puerto de Barcelona en el siglo XV (1438) hizo que el litoral de la ciudad se adentrara unos metros más allá. Con el crecimiento de la ciudad hacia el mar, la antigua Maians se integró en el municipio con la construcción del primer puerto de Barcelona, bajo el reinado de Juan II.
El antiguo terreno de arena, origen de la Barceloneta
Esto llevó a conectar esta pequeña isla con tierra firme, provocando que el terreno rodeado de agua formara parte del terreno del municipio. Tres siglos después, el terreno ganado para la construcción de la infraestructura portuaria permitió levantar la antigua Barceloneta.
Fue, concretamente, en 1753, cuando en los entornos de la antigua isla de Maians comenzó a levantarse el barrio de la Barceloneta, caracterizado por su carácter pesquero. El consistorio narra que el nuevo barrio marinero fue proyectado por el ingeniero militar Propser van Verboom, con el objetivo de meter a los habitantes del barrio de La Ribera que habían perdido su casa tras los derribos ordenados por Felipe V para construir la Ciudadela.

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