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Múltiples son los monumentos que forman el inabarcable patrimonio cultural de Cataluña. Hay estructuras que tienen más encanto que otras, eso sí, pero todas ellas cuentan con un valor único: algo que les hace diferentes y por lo que vale la pena pararse a contemplarlas.
Incluso, algunas edificaciones llevan consigo el peso de las leyendas. Relatos que construyen la tradición de un municipio, pueblo o territorio —a veces, con más fantasía que realidad— y que hacen de ese rincón algo todavía más fascinante y cautivador para cualquier generación.
2.000 años de historia
Es el caso del Pont del Diable: un puente romano de más de 2.000 años de historia, ubicado entre las comarcas del Baix Llobregat y el Vallès Occidental, que conecta Martorell y Castellbisbal. Construido hacia el año 10 a. C, ha sufrido varias destrucciones y reconstrucciones a lo largo de su historia.
En primer lugar, fue destruido por el río Llobregat en el año 1.143 y posteriormente se reconstruyó en estilo gótico, a finales del siglo XIII. Fue entonces cuando se edificó su gran arco central de 21 metros de altura y 43 de ancho para evitar los efectos de las riadas.
Sin embargo, sufrió también los efectos de la Guerra Civil española, ya que el ejército republicano destruyó el arco central durante una retirada en 1939. Más adelante se volvería a reedificar en 1962, manteniendo la estructura gótica.
Abierto al público
El Pont del Diable ha abierto recientemente al público, tras acabar el proceso de restauración de su arco romano. Hace más de una década que la estructura sufría problemas de deterioro y desprendimientos, pero las obras de remodelación —que se iniciaron el 3 de febrero de 2025— llegaron a su fin el pasado mes de febrero.
Garantizar la conservación del también llamado acueducto de Les Ferreres era una prioridad para la Diputación de Barcelona (DIBA). En el año 1905, este puente milenario fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional y fue designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, como parte del conjunto arqueológico de Tarraco.
Leyenda
Por otro lado, el Pont del Diable convive con una leyenda que es la encargada de darle el nombre. La fábula cuenta que había una anciana cansada de atravesar el río Llobregat hasta que un día se le apareció el diablo. Ella habría aceptado que construyera un puente en una sola noche, a cambio del alma del primer ser humano que lo cruzara.
Tras el pacto entre la mujer y el diablo, ella engañó a la mañana siguiente al demonio, haciendo pasar primero a un gato negro por el puente. Según el relato, desde entonces el diablo vigila a todas las personas de Castellbisbal y Martorell que cruzan por el puente, acompañado del alma de ese felino negro.


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