lunes, 30 de marzo de 2026

Canal Noticias Gastronomia : La sanidad en Francia ha dado la voz de alarma con el pan: hay un elemento carcinógeno y lo estamos ignorando

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Seguramente has escuchado en más de una ocasión a alguna persona mayor decir eso de que la comida ya no sabe como antes. Lo cierto es que, en un momento en el que se busca producir una mayor cantidad a un precio más económico, la química ha jugado un papel fundamental para lograrlo. El problema son sus efectos secundarios, y en Francia ya han dado la voz de alarma.

Y ojo, porque no se trata del aviso de algún influencer en redes sociales o en programas de televisión. La voz de alerta la ha dado la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria (ANSES), que, por si no lo sabes, es el equivalente en Francia a la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) en nuestro país (ya la hemos mencionado alguna vez). Y lo ha hecho a través de un informe que pone de manifiesto hasta qué punto está expuesta la población en Francia a un material como el cadmio, un metal pesado perjudicial para la salud que, como puedes imaginar, también está relacionado con el cáncer.

De hecho, si haces memoria, puede que este nombre te recuerde algo que ocurrió hace unos años. Las autoridades sanitarias españolas nos dieron un consejo que acaparó titulares: no chupar las cabezas de las gambas (crustáceos en general) para evitar la toxicidad del cadmio. El problema es que ahora, gracias a este informe elaborado en Francia, sabemos que el cadmio está presente también en un alimento básico de nuestra dieta como es el pan.

Un informe de la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria (ANSES) ha hecho saltar las alarmas a nivel europeo. La realidad es cruda: una gran parte de la población está sobreexpuesta al cadmio, y el 98 % de esta exposición en no fumadores proviene de nuestra dieta diaria.

Según Géraldine Carne, coordinadora de la evaluación de expertos de la ANSES: “Si los niveles actuales de exposición continúan y no se toman medidas, es probable que se produzcan efectos adversos a largo plazo en una proporción cada vez mayor de la población”.

No es simplemente pan. El informe habla de cereales para el desayuno, pan y productos de panadería, pasteles, tartas y galletas dulces, pasta, arroz y trigo, así como patatas y ciertas verduras.

Y ojo, porque este material ha sido incluido en el grupo I (sustancias carcinógenas probadas en el hombre) por la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer).

Lo primero es tener claro qué es el cadmio y, sobre todo, cómo llega a nuestra dieta. El cadmio es un metal pesado altamente tóxico y reconocido como cancerígeno. El problema no está en el trigo o en la patata en sí, sino en cómo los cultivamos.

Si no comes gambas, ¿cómo llega entonces a la mesa? Durante décadas, la agricultura intensiva ha utilizado de forma masiva fertilizantes minerales fosfatados. Estos abonos, esenciales para el rendimiento agrícola, traen “de regalo” altas concentraciones de cadmio, presente de forma natural en la roca fosfórica.

Con estos ingredientes, la ecuación y el resultado final están claros: el fertilizante contamina el suelo, la planta absorbe el metal y este acaba en la harina, las galletas, los cereales del desayuno y la pasta.

Una vez en el cuerpo, tarda en eliminarse

El mayor peligro del cadmio es que el cuerpo humano es incapaz de eliminarlo con facilidad. Y eso supone un problema enorme. De hecho, los expertos aseguran que la vida media de este material, una vez entra en el organismo, es de 38 años. Imagina que puedes seguir teniendo cadmio en el cuerpo desde que hiciste la primera comunión.

En este sentido, los niños y los jóvenes son los más afectados. Entre el 23 % y el 27 % de los niños superan los límites de seguridad diarios recomendados, debido a su alto consumo de cereales y bollería.

Y claro, eso tiene consecuencias en el organismo. A largo plazo, el cadmio puede provocar desmineralización ósea, osteoporosis, daño renal y un mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer.

Para reforzar estas cifras, el documento hace referencia a otro estudio, en este caso de 2021, el proyecto ESTEBAN, realizado por la sanidad pública de Francia. Sus resultados revelan un dato alarmante: el 47,6 % de la población de entre 18 y 60 años superaba el umbral crítico de concentración de cadmio en orina.

Ya hemos visto como en Francia, han dado la voz de alarma y el problema lo tienen porque tienen regulaciones demasiado permisivas al respecto. El límite legal en muchos lugares sigue en 90 mg/kg, a pesar de que los expertos de la salud llevan años exigiendo que se reduzca drásticamente a 20 mg/kg (ya lo reclamaron en otro informe en 2019).

Como bien señala el científico español Nicolás Olea (del que ya hemos hablado otras veces), resulta irónico escuchar a los políticos garantizar el suministro de fertilizantes "pase lo que pase" (durante el conflicto de Oriente Medio lo habrás leído en prensa), mientras la ciencia nos advierte del impacto directo que esto tiene en la salud pública.

De hecho, él mismo da un consejo y no, no es que dejes de comer pan: se trata de seguir la propuesta francesa, que es otra que exigió que los fertilizantes y abonos mirar el fosfatados que usan los agricultores no lleven cadmio.

Otras soluciones propuestas

Por su parte, el organismo francés propone reducir la presencia de cadmio apostando por fertilizantes con menos cantidad de este metal, ya sea usando materias primas más limpias o aplicando procesos para eliminarlo. Además, plantea que el etiquetado informe claramente sobre su contenido y esto, como consumidores es fundamental.

Al mismo tiempo propone un cambio a la hora de cultivar con nuevas prácticas agrícolas, como ajustar mejor el uso de fertilizantes según el suelo y el cultivo, aprovechar el fósforo que ya existe en la tierra y elegir variedades de plantas que absorban menos cadmio.

Por último, advierte de que no basta con actuar solo en el campo: también pide revisar los límites máximos de cadmio en los alimentos, incluidos los importados, para reducir la exposición de toda la población.



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