viernes, 13 de marzo de 2026

Canal Rincón Interesantes : Escápate al pueblo sin salir de Barcelona: bodegas rústicas a tiro de metro

  ElPeriodico


En esta lista encontrarás un bien cada vez más preciado entre los barceloneses: autenticidad. Refugios rurales de ciudad. Bodegas de madera que cruje. Bodegas de verdad

La Vermuteria del Tano.

Las bodegas como vacuna contra el virus de la gentrificación. Parece que están volviendo. Algunas llevan toda la vida en el mismo sitio, otras han resucitado para encarar una segunda vida igual que la anterior: el caso más reciente, la Bodega Josefa. No están todas las que son, pero en esta lista de bodegas encontrarás un bien cada vez más preciado entre los barceloneses: autenticidad. Y al tercer vermut, para casa, que nos conocemos.

1. Antigua Gràcia

Tano siempre a mano

Los espíritus de la rumba de Gràcia se pasean por La Vermuteria del Tano (Joan Blanques, 17), una trinchera histórica a la que solo le falta un año para cumplir los 100. Es complicado entender la historia del vecindario sin tener en cuenta esta bodega esquinera que parece un bar de pueblo. Me gusta perderme en las pegatinas que llevan eones adheridas a puertas y ventanas: cacao Ram, tónica Finley, Trinaranjus, “El català, cosa de tots”... Ya dentro, no puedes resistirte al encanto de un espacio que conserva los jugos de la antigua Gràcia, la que todavía pertenecía a los barceloneses. Y puedo asegurar que la casa de Cayetano Gabernet “Tano” pertenece a la gente del barrio; a nadie más.

Barcelona 10.03.2026. On Barcelona.  La Vermuteria del Tano, bar bodega de carácter añejo en el barrio de Gràcia de Barcelona, Fotografía de Jordi Cotrina

Aparezco un domingo a las 12.30 y tengo que sacar un bazooka para encontrar hueco; el bar palpita con una intensidad euforizante y las mesas de mármol apenas contienen las raciones de conservas, las reinas de la casa junto al sacro vermut con el que se ungen los peregrinos (en vaso pequeño, frío y a palo seco). Mi detector de guiris se aburre: actividad cero. Y mi bilirrubina sube cada vez que le doy un sorbito al vermut y me meto un boquerón con salsa entre pecho y espalda.

La Vermuteria del Tano vive en otro tiempo, en otra Gràcia, por eso es uno de los sitios más amados por la resistencia de un barrio en el punto de mira de la gentrificación.


2. Bodega sin pausa

Señorío barcelonés

Hay una pared que es un altar a Lola Flores. "Si una peseta me diera cada español...", pone en una falsa portada de '¡Hola!' En otra pared, referencias a Fassbinder y un cartel de 'La Viuda Andaluza', uno de los iconos del Destape. Sí, en Bodega Solera (Còrsega, 339) hay cachondeo fino, pero el nivel de coña es proporcional a la calidad de los ofrecimientos. Es el ejemplo perfecto de nueva bodega que quiere ser moderna sin perder la esencia.

A mitad de camino entre pasado y presente, se yergue este negocio que quiere elevar la experiencia bodeguera sin pasarse de listo. Y lo hace con una colección de vinos naturales infinita (500 referencias), seguramente una de las más cuidadas de Barcelona. También se vale de los quesos (más de 200 variedades) y los embutidos (sobrasada de Xesc Reina obligatoria). Y triunfa cuando se pone a sacar platillos satisfactorios, disfrutones, que invitan a quedarse y seguir pidiendo. Hablo de los pimientos del Piquillo con brandada de Jordi Vilà, de la ensaladilla rusa con mayonesa de atún y huevas de caballa, de esa magnífica ventresca de atún con samfaina y judías del ganxet, de los callos con cecina o del huevo con butifarra del Perol y patatas paja. Sin prisas e incomodidades, la bodega perfecta para una cita.


3. Anchoas para rato

La cripta del vermut

Los tiempos en que Joan y Rosa comandaban esta vermutería histórica han quedado atrás, pero en la Bodega J. Cala (Pere IV, 460) todo permanece inalterado, como si las manecillas del reloj no tuvieran sentido. La nueva gerencia ha tenido el acierto de no hacerse notar, mantener la estética de la bodega intacta y no tocar el producto estrella de la casa, la anchoa, uno de los secretos mejor guardados de Sant Martí.

Las filas de barricas de vino a granel siguen ahí, observando las coronillas del personal desde el mesozoico barcelonés. No falta la colección de llaveros ni ese rótulo casero en la puerta en el que se lee: “Vermouth y anchoas”. Esta bodega es mucho más que una bodega, es patrimonio cultural del barrio, de la ciudad, y merece ser abordada con la misma solemnidad que imponen iglesias y catedrales. Por eso pido el completo, un pack a 6,25 € que incluye aceitunas rellenas, la superanchoa en modo mariposa y un vaso de vermut como mandan los cánones: frío y a palo seco, nada de rodajas de cítricos o molestos cubitos. Acompaño la bandeja con una tapa de ensaladilla con picos de pan y aceitunas rellenas en la superficie. Bodega sin realces digitales. Bodega de madera que cruje. Bodega de verdad.


4. Vuelta a la vida

Salpicón y cuenta nueva

Dicen que la identidad de los barrios barceloneses se está diluyendo, pero todavía quedan rebeldes que luchan a brazo partido contra la dictadura de las modas. De los mismos productores que tomaron la riendas de la Bodega Gol (Parlament, 10) y rescataron la Bodega Manolo (Torrent de les Flors, 101), llega ahora Bodega Vidal (Nou de la Rambla, 148), otro histórico de Poble Sec que podría haberse convertido en una panadería degustación después de la retirada de sus propietarias. Afortunadamente, la nueva gerencia no ha tocado nada del establecimiento original. La reina es la barra metálica con azulejos, porque a la Vidal uno va a comer de pie, sin dilaciones ni sobremesas.

Es un bar de barrio con todas las de la ley y lo deja patente en sus precios. Tapas y copas de vino a 3,50 y 4,80 euros. Cifras asombrosas, dada la calidad de la comida (con el sello del cocinero Roger Solé). Increíble el salpicón de 'capipota' (pide a gritos convertirse en el icono de la casa), deliciosa la esqueixada, imperiales la gildas en modo matrimonio. Y en los calientes, algunos con el membrete de la Bodega Gol, me dejan patidifuso los callos de cordero con toque de alioli y las albóndigas, que entran como si fueran M& M 's. La vieja Barcelona ha vuelto.


5. Guitarras en conserva

It’s only rock’n’roll

Cuando David Huerta asumió el relevo del histórico Celler Ca La Paqui, una de las bodegas más queridas del Clot, no tenía pensado convertir el local en una extensión de su entusiasmo por el heavy metal. Pero la pandemia hizo su magia y surgió el Celler Pantoxa (Sant Joan de Malta, 53), la bodega más original y divertida de Barcelona. Original porque es un museo de memorabilia heavy metal: posters firmados, fotos, estatuas, muñecos, de todo. En el techo, por ejemplo, cuelga la siniestra mascota de Iron Maiden a tamaño real. Divertida, porque su locuaz propietario es único en su especie y conocerle forma parte de la experiencia.

Figura a tamaño real de Eddie, la macabra mascota de Iron Maiden, en el techo del Celler Panotxa.

En este ambiente tan kerrang! uno puede jincarse unas navajas con emulsión de sus jugos y los mejores champanes del mercado. O un bacalao ahumado con perlas de limón y olivada y un vermut hecho especialmente para la casa. Todo lo que David tiene de heavy lo tiene de pico fino; solo acepta conservas de calidad y posee una de las colecciones de destilados, vino y burbujas más locas de Barcelona. Y recuerda: el heavy no es violencia. Y el vermut tampoco.


6. Desayunos de verdad

Albóndigas populares

Cómo huele Bar Bodega Can Ros (Roger de Flor, 303). Ojalá Gwyneth Paltrow hiciera velas con este aroma. Olor a chup-chup, a salsas reposadas, a cigaló… Eau de bar de pueblo, la mejor fragancia que se me ocurre un domingo por la mañana. Mal día para ir, son las 12 y ya hay cola. Para que luego digan que el brunch ha ganado la guerra. Este es mi homenaje a una casa que no suele salir en muchas listas, pero trabaja con el alma.

Bocadillo de albóndigas de Bar Bodega Can Ros.

Su bocadillo de albóndigas en salsa es tan o más importante que la Moreneta. Y su arsenal de cocina tradicional y tapas es interminable. Chistorra, croquetas, bacalao, calamares a la romana, callos, tortillas… Lo mejor es que muchos platos pueden pedirse en ración grande o pequeña, lo que te permitirá probar más cosas y más cosas y más cosas hasta que revientes, como el señor bigotudo de 'El sentido de la vida'.

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