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Una investigación publicada en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience ha puesto el foco en el cerebro humano para explicar por qué hasta un 35% de las personas afirma haber sentido presencias o fenómenos paranormales. Lejos de lo sobrenatural, la ciencia apunta a un desencadenante invisible.
El infrasonido, imperceptible para el oído humano al situarse por debajo de los 20 hercios, parece estar detrás de muchas experiencias atribuidas a fantasmas o espíritus. Aunque no se escucha, el organismo sí lo percibe a nivel físico, generando sensaciones de incomodidad difíciles de explicar.
Los investigadores, liderados por el psicólogo Rodney Schmaltz, analizaron cómo reacciona el cuerpo ante estos estímulos en condiciones controladas. Su objetivo era comprobar si el cerebro puede interpretar estas señales ambiguas como algo externo o amenazante.
El experimento que cambia la percepción de lo paranormal
El estudio contó con 36 voluntarios expuestos a diferentes entornos sonoros, algunos de ellos acompañados de infrasonidos de 18 hercios emitidos mediante dispositivos ocultos. Antes y después de la prueba, se evaluaron sus niveles de estrés a partir del cortisol generado y de su estado emocional.
Los resultados fueron claros: quienes estuvieron expuestos al infrasonido mostraron mayor irritabilidad, menor interés por la actividad y un aumento significativo del cortisol. Además, tendían a percibir la música como más triste, incluso sin ser conscientes de la presencia de ese estímulo.
Según explicó Schmaltz, "es importante dejar claro que el infrasonido no hace que la gente crea que ha visto un fantasma". No obstante, añade que "puede generar una incomodidad inexplicable que algunas personas interpretan como una presencia o una experiencia paranormal".
Por qué el cerebro interpreta sensaciones como presencias
Los datos encajan con encuestas como la de YouGov, que revelan que un 60% de la población ha vivido algún fenómeno paranormal y que el 35% describe haber sentido una presencia o energía desconocida. Este patrón sugiere que el cerebro tiende a buscar explicaciones cuando percibe estímulos ambiguos.
Además, el hecho de que los participantes no supieran si estaban siendo expuestos al infrasonido refuerza la hipótesis de que estas reacciones son inconscientes. El cerebro, al no identificar el origen del malestar, puede atribuirlo a causas externas o incluso sobrenaturales.
Los científicos subrayan que el infrasonido está presente en numerosos entornos cotidianos, como sistemas de ventilación, tráfico o maquinaria. Por ello, su influencia podría ser más común de lo que se pensaba, actuando como un factor más en la compleja interpretación que hace el cerebro humano de la realidad.

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