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Una fiesta a bordo de 30 barcos abarloados frente a es Caló de Sant Agustí, en Formentera, ha provocado este domingo numerosas quejas de vecinos de la zona, que han visto alterada la tranquilidad del litoral por la música a todo volumen y la concentración de decenas de personas sobre las embarcaciones.
Según han denunciado, la fiesta ha comenzado por la mañana y ha reunido al menos a un yate de gran tamaño y a otras embarcaciones de diferentes esloras, amarradas unas junto a otras. En las imágenes se puede ver a numerosas personas concentradas en las barcas del centro, bailando, bebiendo y grabando la escena con sus teléfonos móviles.

La concentración no se ha limitado a las embarcaciones. También se han acercado motos acuáticas e incluso personas en paddle surf, como se puede comprobar en las fotografías, atraídas por una fiesta que vuelve a poner sobre la mesa el difícil equilibrio entre el ocio náutico y la protección del litoral formenterés. También hay una estructura flotante en el centro de la formación de barcos.
Según fuentes de la Guardia Civil se trata de la presentación de una empresa de chárter náutico y se va a investigar si se ha cometido alguna ilegalidad.
No es la primera vez que se han producido situaciones similares en aguas de Formentera y también en Eivissa. Uno de los casos más recordados es la party boat celebrada en Cala Saona en mayo de 2019, de características similares a la de este domingo, que en este caso acabó con una sanción de 4.800 euros para su promotor. La multa inicial era de 8.000 euros, pero se redujo después de que el infractor admitiera su responsabilidad y abonara el importe de forma inmediata.

Fiestas prohibidas
La normativa balear prohíbe desde 2016 las fiestas en barcos en zonas protegidas del archipiélago, una medida que afecta especialmente a Formentera, cuyo litoral está blindado por diferentes figuras de protección europeas, además del Parque Natural de ses Salines y la Reserva Marina de es Freus. Aunque pueden hacerse si reciben un permiso especial.
La escena vivida este domingo frente a es Caló reabre el debate sobre la vigilancia y el control de este tipo de concentraciones en un litoral especialmente sensible, donde la presión náutica y el ocio descontrolado vuelven a chocar con la protección ambiental y el descanso de los residentes.


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