okdiario
Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación.
Ya hace seis años desde que sufrimos la pandemia por la Covid-19 pero pocos olvidan todo lo que sucedió con ella. Sin embargo, poco a poco se logró salir adelante aunque con el miedo de que aquello se repitiera. Una alerta que ahora parece haber avivado la Organización Mundial de la Salud que, mediante un informe, ha vuelto a poner foco en el riesgo de otra gran pandemia que no sólo es algo que sigue presente, sino que podría estar aumentando. Y lo más preocupante no es sólo eso, sino que el mundo no parece estar mejor preparado que antes.
De hecho, el mensaje que lanza el organismo es bastante directo. No habla de hipótesis lejanas ni de escenarios improbables, sino que habla de una amenaza real en un contexto que, lejos de fortalecerse, muestra señales de desgaste. El informe lo firma un grupo de expertos que lleva años analizando cómo responde el planeta ante crisis sanitarias. Nacieron después del ébola, con la idea de que aquello no volviera a repetirse en las mismas condiciones. Sin embargo, el balance que hacen ahora no es precisamente optimista. Consideran que la preparación global está por debajo de lo necesario y utilizan una palabra que no suele aparecer a la ligera: «alarmante».
La OMS advierte sobre el riesgo de una nueva pandemia
El momento en el que llega esta advertencia tampoco es casual. Apenas un día antes, la propia OMS volvía a declarar una emergencia internacional por un nuevo brote de ébola en África. Es decir, la teoría y la realidad se cruzan casi al mismo tiempo.
Uno de los cambios que destacan los expertos tiene que ver con la frecuencia de las crisis. Ya no son episodios puntuales cada muchos años. Ahora aparecen con más regularidad y, en algunos casos, con más fuerza. Los datos lo reflejan bastante bien. En menos de una década, el número de emergencias sanitarias detectadas prácticamente se ha duplicado. Y eso no solo implica más contagios o más presión hospitalaria, también supone un impacto económico cada vez mayor.
Lo curioso es que, pese a esa evidencia, la inversión en preparación no ha seguido el mismo ritmo. Tras el impulso que se vio con la covid, muchas de esas iniciativas han perdido fuerza o directamente se han quedado a medio camino.
La sensación de que la respuesta global se está enfriando
Durante la pandemia hubo una especie de esfuerzo conjunto que, con el paso del tiempo, se ha ido diluyendo. Es algo que también recoge el informe, aunque lo describe de una forma bastante clara al señalar que se está perdiendo impulso.
La ayuda internacional destinada a salud ha retrocedido hasta niveles que no se veían desde hace más de una década. Y al mismo tiempo, la cooperación entre países parece más frágil, en parte por tensiones políticas y cambios de prioridades. A eso se suma otro elemento que no es menor como es la confianza. Cada vez cuesta más que la población siga recomendaciones sanitarias o confíe en las decisiones de las instituciones. Y sin esa base, cualquier respuesta se complica.
Un problema que va más allá de la medicina
Cuando se habla de pandemias, muchas veces se piensa sólo en hospitales o vacunas, pero los expertos insisten en que el problema es más amplio con un contexto actual que mezcla varios factores difíciles de gestionar al mismo tiempo como por ejemplo conflictos internacionales, crisis económicas, presión sobre los sistemas sanitarios y efectos del cambio climático. Todo eso influye en cómo se responde ante una emergencia.
Por eso, más que una amenaza puntual, lo que describen es un entorno cada vez más complejo, donde cualquier brote puede convertirse en algo mayor si no se controla a tiempo.
Los virus que todavía no conocemos
A todo esto hay que sumarle otro dato que suele pasar más desapercibido, pero que explica parte de la preocupación. Se calcula que existen miles de virus en animales que aún no han dado el salto a los humanos. La mayoría no lo hará nunca, pero la experiencia reciente demuestra que basta uno con la combinación adecuada para generar una crisis global.
En los últimos años, además, las enfermedades que se transmiten de animales a personas han aumentado. El cambio climático y la transformación de los ecosistemas están detrás de este fenómeno, que cada vez se observa con más atención.
La famosa «enfermedad X» y por qué preocupa
Dentro de ese escenario aparece un concepto que la OMS utiliza desde hace tiempo: la «enfermedad X». No es un virus concreto, sino una forma de referirse a algo que todavía no conocemos. Es decir, el próximo gran brote podría no estar en la lista actual de virus vigilados, sino surgir de un patógeno nuevo. Algo parecido a lo que ocurrió con el coronavirus en su momento. Por eso, más que centrarse solo en amenazas conocidas, los expertos insisten en mejorar los sistemas de detección temprana y respuesta rápida.
Hablan, por ejemplo, de reforzar los sistemas de vigilancia, de garantizar que los países tengan acceso a herramientas básicas y de mantener una financiación estable que permita actuar desde el primer momento.
También ponen sobre la mesa la necesidad de recuperar una visión más global, en la que la salud humana, la animal y la ambiental estén conectadas. Es lo que se conoce como enfoque «One Health», y que en los últimos años ha perdido peso.
Quizá la clave está en cómo interpretar todo esto, por lo que no es un aviso para generar miedo, sino para evitar repetir errores ya que los expertos explican de forma clara que los virus seguirán apareciendo y eso es inevitable pero lo que sí se puede cambiar es la forma en la que se responde.


No hay comentarios:
Publicar un comentario