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Mucho se habla del espacio exterior. De los planetas que aún quedan por conocer. Y de los secretos que esconden, por ejemplo, la Luna o Marte. Pero posiblemente, los mayores enigmas se esconden bajo el enorme manto azul de nuestros océanos.
Y esta historia es un buen ejemplo de ello. Un tesoro que ha permanecido oculto durante tres siglos, ajeno a las transformaciones de todo tipo que han sacudido al mundo.
Durante el siglo XVIII, las aguas del Skagerrak, una zona entre Noruega y Dinamarca, eran una de las tantas zonas donde mercaderes de buena parte del mundo navegaban de un punto a otro para comprar y vender sus mercancías.
Sin embargo, uno de esos pequeños barcos sucumbió a los vaivenes de las aguas y terminó hundiéndose hasta unos 600 metros bajo la superficie.
De ello, ya es considerado uno de los descubrimientos arqueológicos submarinos más importantes realizados en Europa durante los últimos años.
Un pecio excepcional en una profundidad nunca explorada
La ubicación del barco ha sido, eso sí, un reto técnico sin precedentes para la arqueología submarina europea. El pecio se encontraba a unos 600 metros de profundidad, donde nunca llega la luz del día y donde la recuperación requiere de tecnología especializada.
Los restos fueron detectados por los investigadores mediante vehículos submarinos operados a distancia y dotados de cámaras de alta resolución, además de brazos robóticos capaces de manipular objetos de extrema delicadeza.
Los primeros expertos que vieron las primeras imágenes quedaron alucinados. Decenas de platos de porcelana china perfectamente conservados sobresalían del fondo marino, algunos todavía agrupados tal y como habían sido almacenados antes del hundimiento.
Hasta el momento se han recuperado cerca de 40 piezas, entre ellas porcelana, cristalería fina, fragmentos de lámparas de araña y diversos elementos decorativos de gran valor histórico.
Una ventana al comercio de lujo del siglo XVIII
La importancia de este descubrimiento no solo se debe a los objetos encontrados. Los expertos creen que puede dar pistas fiables sobre las redes comerciales europeas durante la época moderna en Europa.
Y un dato muy importante: a diferencia de otros naufragios hallados en la zona, que solían transportar una única mercancía como madera, hierro o pescado, esta embarcación llevaba una combinación de productos de lujo destinados al consumo de las clases acomodadas, como la porcelana china.
Que durante el siglo XVIII era objeto de enorme lujo solo al alcance de muy poca gente, ni tan siquiera podía optar a ella toda la burguesía, era más bien adquirida por la aristocracia más pudiente.
Los arqueólogos creen que el barco era un galiot. Es decir, una embarcación mercante de tamaño reducido utilizada habitualmente para el comercio regional en el norte de Europa.
También piensan que aunque transportaba productos procedentes de Asia, nunca navegó hasta Oriente sino que compró la mercancía en grandes centros comerciales europeos como Ámsterdam, Copenhague o Gotemburgo.
Estas ciudades actuaban como nodos de distribución de bienes llegados desde China y otros mercados asiáticos.
El misterio de las cajas selladas
Dentro del pecio se encontraron, además, varias cajas cerradas, Una de ellas mostraba daños visibles y los arqueólogos decidieron examinarla con el brazo robótico del vehículo submarino. Dentro había varios compartimentos con sustancias que todavía no han sido analizadas.
Los investigadores creen que podrían ser productos de consumo muy valorados en la época, como té, café o cacao, aunque tampoco se descarta que pudieran tratarse de preparados medicinales o mercancías destinadas a usos específicos.
La profundidad ha sido su mejor protección
El extraordinario estado de conservación del naufragio se explica por las condiciones ambientales del lugar donde descansa.
A 600 metros de profundidad apenas existen corrientes capaces de desplazar los objetos. Además, la zona ha permanecido relativamente protegida frente a la actividad pesquera intensiva que suele deteriorar muchos pecios históricos.
Los arqueólogos también creen que el barco se hundió de manera rápida y prácticamente vertical. Eso permitió que gran parte de la carga permaneciera en la posición original en la que había sido almacenada previo al accidente.
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