jueves, 18 de junio de 2026

Canal Gastronomia : Bartolí, la bodega octogenaria donde puedes comer dos semanas seguidas sin repetir ningún plato

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El establecimiento, regentado por la tercera generación de la familia Bartolí, abrió en 1939 en la calle de Vallespir y aún mantiene el trato familiar y el ambiente de barrio.

Si entras una vez en el Bar Bodega Bartolí (Vallespir, 41), repites. Repites visita, pero no platos. Tienen un extenso menú diario con 14 primeros y 14 segundos, entre ellos alcachofas al horno, trinchado, habas con butifarra negra, fricandón, tripas, oreja... además de las recomendaciones de la casa (como unas anchas exquisitas y unas croquetas para tirarse los dedos).

Vicens y Albert Bartolí son los dueños de un negocio que ha sabido mantener su esencia y autenticidad, una larga historia que iniciaron en 1939 su abuelo Josep y su abuela Pilar, que regentaban una bodega de barrio donde se detenían los carreteros a beberse la mezcla.

Aquí, te vienen a ver

Los hermanos Bartolí intentan sacar el máximo rendimiento a un local con 15 mesas de atuendos de cuadras blancas y rojos, vino a granel con gaseosa y una diligencia a prueba de metrónomo. "Aquí no se está tan mal: mandas túte vienen a ver y, si lo haces bien, vuelven otra vez", reconoce Vicens Bartolí.

Los Bartolí mantienen el listón muy alto: "La restauración no admite errores", apunta el Vicens, y por eso dedican muchas horas. Actualmente entran a las seis de la mañana y lloran a las cinco de la tarde, lo que les permite conciliar por las tardes, no como pasaba cuando él era joven: "Trabajábamos de seis de la mañana a 10 de la noche", recuerda el Vicens. "Yo limpiaba tres veces al día el suelo del mostrador, que estaba lleno de papeles y colillas de cigarrillo".

El legado de la Marina

El rótulo del cristal de la puerta de la Bodega Bartolí deja muy claro quién ha sido el alma de este local durante décadas: la Marina (la madre del Vicens y el Albert, que ahora ya se ha jubilado). Es ella quien en los años 90 dio el paso a servir comida cada día. Fue a raíz de un cliente que un día le pidió que le preparara, si os gusta, un plato de arroz blanco para su mal de pandilla.

"Mi madre era un trago", admite el Vicens. Y seguramente por eso sus hijos han heredado la cabeza clara y las piernas ágiles de su progenitora. Fue ella también quien formó —in situ— las dos cocineras principales, las hermanas Katy y Pili Macià, parejas de los hermanos Bartolí. Trabajaban en dos tiendas de ropa selecta en el paseo de Gràcia y decidieron sacarse los talones para ponerse el delantal.

Toda una vida

La Bodega Bartolí es mucho más que un establecimiento donde se sirve comida casera. "Para mí es mi vida, he nacido aquí", afirma el mayor de los hermanos Bartolí. Recuerda cómo de pequeño corría por delante de la barra y ahora lo hace por detrás. Sus hijos han nacido en la bodega, también es donde se conocieron sus padres y sus abuelos vivieron allí hasta el final.

El Vicens reconoce que tiene muy buenos clientes. Son vecinoscomerciantes y viajeros que quizás emprenderán un largo trayecto desde la vecina estación de Sants y quieren marcharse con la pandilla llena y la satisfacción de contribuir a que un comercio de barrio con tradición siga abierto muchos más años.


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