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Hoy sabemos que el agujero de la capa de ozono no surgió por culpa de los CFC y que tampoco se formó sobre la Antártida, a pesar de que estaba ahí cuando se documentó y que estas sustancias eran tan sumamente responsables que tuvieron que prohibirse. De hecho, los esfuerzos en la materia lograrán que, si todo sigue su curso, para el año 2040 esté en el mismo estado que en 1980. Ahora bien, resulta innegable que se trata de un fenómeno humano que ha dado lugar a comportamientos que desconciertan a la comunidad científica. El mejor ejemplo de ello lo expone un reciente estudio publicado en Geophysical Research Letters.
En concreto, la investigación se basa en registros climáticos que evidencian que, mientras la mayor parte de la superficie oceánica del planeta sufría un calentamiento severo por culpa de los gases de efecto invernadero, las aguas del océano Austral mostraron una tendencia a enfriarse durante las últimas décadas del siglo pasado y los primeros años del siglo actual. Este enfriamiento coincidió además con una breve expansión del hielo marino antártico.
Pero ¿cómo fue esto posible? Según los científicos de la Universidad de Princeton, liderados por Shouwei Li, la responsabilidad recae sobre la destrucción de la capa de ozono, ya que propició una alteración en la estratosfera inferior que intensificó la diferencia de temperatura entre los trópicos y el polo sur. Esta variación térmica modificó la fuerza y la localización de los intensos vientos del oeste que circulan de manera continua alrededor del territorio de la Antártida.
Vientos y corrientes
El fortalecimiento de estas corrientes de aire empujó los frentes de viento hacia el propio continente, impactando directamente sobre la superficie del mar mediante un proceso conocido físicamente como transporte de Ekman. Debido a la rotación de la Tierra, el agua superficial fue desplazada hacia el norte de la latitud 46°S, alejando las corrientes más gélidas de la costa antártica.
Esta movilización horizontal de masas hídricas distribuyó el agua fría por extensas regiones septentrionales del océano Austral, contrarrestando el calentamiento atmosférico global en esa zona específica durante el periodo comprendido entre 1982 y 2005. Aunque los intercambios de calor con la atmósfera intentaron templar el océano, la fuerza de los vientos dominó el equilibrio térmico regional.
Efectos en el hielo
La respuesta del ecosistema marino se divide en dos fases temporales diferenciadas: una bajada térmica rápida debido al transporte horizontal del agua y un posterior calentamiento lento vinculado a la mezcla vertical. Las simulaciones demuestran que el empuje continuo del viento sostiene el enfriamiento a escala de décadas, superando temporalmente la presión de los gases invernadero.
Este enfriamiento derivado del agujero de la capa de ozono ayuda a comprender la expansión del hielo en sectores concretos como el mar de Ross, solucionando una de las grandes paradojas de la ciencia climática moderna. No obstante, al introducir todas las variables del calentamiento global, el impacto de los gases de efecto invernadero sigue siendo la fuerza dominante a largo plazo.


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