domingo, 26 de julio de 2026

Canal Curiosidades : El colapso de la AMOC podría no tener retorno según un nuevo estudio

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La circulación de retorno del Atlántico, conocida por sus siglas en inglés como AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation), vuelve a situarse en el centro de la investigación climática. Un nuevo estudio plantea un escenario inquietante, ya que existe una probabilidad significativa de que el colapso de este gigantesco sistema de corrientes oceánicas ya esté bloqueado, incluso si el mundo reduce las emisiones de gases de efecto invernadero en las próximas décadas.

Aunque los investigadores insisten en que el desenlace todavía está rodeado de incertidumbre, el trabajo añade peso a la creciente evidencia de que la AMOC podría estar acercándose a un punto de no retorno, uno de los llamados ̈tipping points ̈ o puntos de inflexión del sistema climático terrestre.

La AMOC es una inmensa cinta transportadora oceánica que redistribuye el calor por el Atlántico. Transporta aguas cálidas y saladas desde las regiones tropicales hacia el norte del océano Atlántico. Allí, el agua se enfría, aumenta su densidad y se hunde, iniciando un retorno de aguas profundas hacia el sur.

Este mecanismo desempeña un papel fundamental en el equilibrio climático del planeta. Gracias a él, Europa occidental disfruta de un clima mucho más templado de lo que correspondería a su latitud. Además, influye en las precipitaciones tropicales, en la intensidad de los monzones, en el nivel del mar de la costa este de Norteamérica y en numerosos ecosistemas marinos.

¿Qué causa el debilitamiento de la corriente?

El aumento de las temperaturas está acelerando el deshielo de Groenlandia y del Ártico, liberando enormes cantidades de agua dulce al Atlántico Norte. Esa aportación reduce la salinidad superficial del océano y dificulta que el agua pueda hundirse, un proceso imprescindible para mantener funcionando la circulación oceánica.

A ello se suma el calentamiento de las propias aguas oceánicas. El agua más cálida es menos densa y también reduce la capacidad del océano para alimentar el motor que impulsa la AMOC.

Las observaciones y reconstrucciones paleo climáticas indican que este sistema ya se ha debilitado de forma apreciable respecto a siglos anteriores, aunque todavía existe debate sobre la magnitud exacta de ese descenso.

¿Estamos ante un punto de no retorno?

La investigación publicada este verano introduce un enfoque probabilístico para evaluar el riesgo de colapso de la circulación atlántica. Su conclusión más llamativa es que existe una probabilidad superior al 10 % de que el colapso ya haya quedado comprometido por el calentamiento acumulado hasta la actualidad. 

En otras palabras, aunque las emisiones descendieran rápidamente, podría no ser suficiente para evitar que la circulación termine colapsando en el futuro. Los autores subrayan que ese porcentaje aumenta considerablemente si continúan creciendo las emisiones y se acelera el deshielo de Groenlandia.

Conviene destacar que “comprometido” no significa que el colapso vaya a producirse mañana. Si finalmente ocurriera, podría desarrollarse a lo largo de varias décadas o incluso de más de un siglo. Lo preocupante es que, una vez superado el umbral crítico, el proceso podría resultar extremadamente difícil de detener.

No existe consenso entre toda la comunidad científica

Como ocurre con muchos aspectos de la ciencia climática, los resultados han generado un intenso debate. Diversos especialistas consideran que el estudio pone de manifiesto un riesgo real que hasta ahora podría haberse infravalorado. Otros investigadores recuerdan que las incertidumbres siguen siendo importantes y que distintos modelos climáticos ofrecen respuestas diferentes sobre cuándo podría alcanzarse un posible punto de inflexión.

Algunos trabajos publicados recientemente apuntan hacia un riesgo creciente de colapso, mientras que otros sugieren que la circulación sería más resistente y que, incluso con un debilitamiento importante, podría evitar una interrupción completa.

Precisamente, esa diversidad de resultados refleja una de las grandes prioridades actuales de la investigación climática, comprender mucho mejor cómo responde la AMOC al calentamiento acelerado del planeta.

¿Qué ocurre si la AMOC colapsa?

Un colapso completo tendría consecuencias de enorme alcance para el sistema climático mundial. Europa experimentaría un importante descenso de temperaturas, especialmente durante el invierno, aunque ese enfriamiento regional conviviría con un planeta que seguiría calentándose por efecto de los gases de efecto invernadero.

Los posibles cambios también contemplan importantes cambios en los patrones de lluvia, aumentando el riesgo de sequías persistentes en algunas regiones y de precipitaciones extremas en otras. Los monzones africanos y asiáticos podrían alterarse significativamente, afectando a millones de personas y a la producción agrícola.

Además, la costa este de Estados Unidos experimentaría un ascenso adicional del nivel del mar y numerosos ecosistemas marinos sufrirían importantes alteraciones por los cambios en la circulación de nutrientes y oxígeno.

¿Cómo podría afectar a España?

España no sufriría un enfriamiento generalizado comparable al del norte de Europa. Sin embargo, sí podrían producirse cambios importantes en la circulación atmosférica del Atlántico Norte.

Entre los posibles cambios cabe resaltar modificaciones en la trayectoria de las borrascas, alteraciones en el régimen de lluvias, cambios en la frecuencia de episodios de sequía y una evolución diferente de fenómenos como las DANAs o las olas de calor, aunque estos impactos siguen siendo objeto de investigación.

Además, el Mediterráneo continuaría calentándose por efecto del cambio climático, por lo que un eventual debilitamiento de la AMOC no supondría una compensación del aumento global de temperaturas.

Un riesgo que no puede ignorarse

La AMOC representa uno de los elementos más sensibles del sistema climático terrestre. Aunque todavía no existe consenso sobre cuándo podría producirse un colapso, cada vez más investigaciones coinciden en que el debilitamiento ya está en marcha y que el riesgo aumenta conforme continúan creciendo las temperaturas globales.

En este reciente estudio no se afirma que el colapso sea inevitable, pero sí lanza un mensaje claro: el margen de seguridad podría ser menor de lo que se pensaba. Comprender mejor la evolución de la circulación atlántica y reducir cuanto antes las emisiones de gases de efecto invernadero serán dos factores clave para disminuir la probabilidad de que uno de los mayores puntos de inflexión climáticos del planeta termine convirtiéndose en una realidad.

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