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Un nuevo estudio publicado en Space Weather por Brian M. Walsh, Daniel T. Welling y Z. Huang propone abandonar la estrategia de limitarse a predecir las tormentas solares y empezar a neutralizarlas activamente antes de que golpeen la Tierra. Como escriben los autores, "en lugar de solo predecir, se toman medidas activas para mitigar el impacto de las estructuras del viento solar modificando temporalmente la magnetosfera terrestre".
El peligro de las tormentas solares está bien documentado. Un evento sin mitigar, como el que destruyó el satélite ADEOS-2 y provocó fallos en redes eléctricas de latitudes altas, podría, en su versión más severa, generar daños de hasta 3,4 billones de dólares en el tendido eléctrico global en un evento catastrófico de una vez cada siglo.
Como me contó para el documental Control Z la Dra. Holly Gilbert, estos eventos ocurren con regularidad: "Cada mil años vamos a tener un evento que es 10 o 20 veces más fuerte que el evento Carrington. No es una cuestión de si lo vamos a sufrir o no. Es solo una cuestión de cuándo va a pasar". El ingeniero John Kappenman añade que las consecuencias en tierra serían inmediatas: "Claramente habría desastres de salud pública, desastres de servicios públicos, desastres en la cadena de distribución de alimentos, desastres de la industria farmacéutica, inutilización de los hospitales, de los sistemas de pago... Todo caerá una vez que sufres un impacto en la más importante de todas las infraestructuras, la red eléctrica".
El mecanismo detrás del escudo
El mecanismo físico detrás de este ataque solar es la reconexión magnética en la magnetopausa diurna. Los autores del estudio dicen que, "dado que la reconexión magnética es el mecanismo predominante a través del cual la energía se deposita en la magnetosfera terrestre, la intensidad de una tormenta geomagnética disminuirá si se logra suprimir la reconexión". A partir de esta idea nace StormWall, una constelación de naves en órbita geosíncrona que, controladas desde tierra, expulsarían compuestos neutros y estables como bario o litio para interceptar eyecciones de masa coronal extremas.
Esa masa extra reduce drásticamente la eficiencia de la reconexión magnética y obliga a la energía del viento solar a esquivar la Tierra en vez de acoplarse a la magnetosfera. Como describe el estudio, "la protección que ofrece el enfoque de carga de masa imita a un airbag de automóvil: se instala una vez, está lista para desplegarse en cualquier momento y requiere poco mantenimiento".
Las simulaciones numéricas, basadas en la tormenta geomagnética de mayo de 2024 conocida como 'Mother's Day', arrojan números concretos. Seis naves desplegando el material reducirían el potencial del casquete polar en un 61% y el índice electrojet auroral en un 84%, mientras frenan el dB/dt responsable de las corrientes inducidas que dañan las líneas de alta tensión. "Cuando la carga de masa está activa, el dB/dt se reduce drásticamente, disminuyendo enormemente el riesgo de exposición de la red eléctrica al clima espacial", afirma el estudio. El sistema completo exigiría poner en órbita 436.253 kilogramos de masa total, una cifra que los autores consideran factible. "La masa total de carga útil requerida para la órbita está dentro de las capacidades tecnológicas humanas a corto plazo", apuntan. También dicen que cohetes como el Starship de SpaceX o el Long March-9 podrían poner en órbita todo el hardware en menos de dos meses. El plasma artificial, además, no contaminaría la atmósfera terrestre, ya que "el material saldría del sistema con relativa rapidez y se perdería en el viento solar en lugar de reingresar a la atmósfera".
Las otras defensas que ya proponen los expertos
Sin embargo, StormWall no reemplaza las defensas terrestres que propusieron los expertos del documental Control Z. La primera es reorganizar la red eléctrica: el astrofísico Ethan Siegel plantea crear redes locales y regionales que puedan operar de forma independiente, con fuentes energéticas más pequeñas y sistemas de almacenamiento protegidos.
La segunda medida es proteger directamente los transformadores. Según Kappenman, la solución técnica es sencilla y barata. "Se pueden utilizar condensadores en serie o neutros. Los últimos son, con mucho, la solución más barata", dispositivos sin patente que costarían "alrededor de 1.000 millones de dólares en todos los EEUU", una cifra ínfima frente a la estimación de uno a dos billones de dólares anuales en pérdidas que calcula la Academia Nacional de las Ciencias solo para la costa este de Estados Unidos.
La tercera pata es un sistema de alerta temprana más preciso, con más satélites cubriendo el Sol desde todos los ángulos posibles e inteligencia artificial capaz de predecir la llegada de eyecciones de masa coronal. Gilbert se muestra optimista sobre el plazo: "en 20 años vamos a ser muy buenos prediciendo", aunque reconoce la limitación actual: "no tenemos una visión completa del Sol en este momento porque es muy caro enviar tantos satélites al espacio".
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