domingo, 16 de agosto de 2026

Canal Gastronomia : Dónde comer en Santander: restaurantes y bares para degustar la ciudad

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Desde las históricas vermuterías de Peña Herbosa hasta restaurantes distinguidos con estrella Michelin, esta ruta gastronómica ayuda a entender por qué Santander ha dejado de ser únicamente un destino de verano para convertirse en una referencia culinaria por derecho propio. Aquí se come mirando al Cantábrico, pero también pensando en el producto, la temporada y la tradición.

Rabas, vermut y barra

En Santander las barras siguen teniendo algo sagrado. El aperitivo aquí no se improvisa y las rabas –calamares fritos al estilo cántabro– funcionan casi como un idioma local. La calle Peña Herbosa concentra buena parte de la vida gastronómica de Santander y es el punto de partida perfecto para entender sus costumbres culinarias.

Para empezar, la Vermutería Solórzano (Peña Herbosa, 17), una de esas direcciones donde el tiempo parece haberse detenido entre vermuts, gildas y conversación infinita. Merece la pena pedir las anchoas de Santoña y las rabas, consideradas entre las mejores de la ciudad.

A pocos pasos aparece Bodega Fuente Dé (Peña Herbosa, 5), posiblemente una de las tabernas más auténticas de Santander. Siempre llena, siempre ruidosa y siempre apetecible, es el sitio al que ir para entender la cocina montañesa más tradicional con cocidos, quesos cántabros, anchoas artesanas y raciones pensadas para compartir sin prisas.

Para el picoteo, Casa Lita (P.º de Pereda, 37) sigue siendo parada obligatoria frente a la bahía. Su interminable barra de pinchos –imprescindibles los de marisco, tortilla y bonito– resume perfectamente el espíritu santanderino: informalidad, producto y vistas al mar.

También la emblemática Bodega del Riojano (Río de la Pila, 5). Se come entre barriles firmados por personalidades que han pasado por la ciudad y mantiene intacto el espíritu de la cocina cántabra tradicional. No hay que marcharse sin probar su famosa tortilla de patatas con callos, además de las albóndigas de bonito o los pescados del Cantábrico. Su vinoteca es otro de los grandes atractivos de la casa.

Y si hablamos de tortilla, en Diluvio (Ataulfo Argenta Músico, 14) la llevan un paso más allá con sus famosos rellenos, cuyo pincho cuesta apenas 3 euros. Entre los más aclamados están la versión con crema de Grana Padano y guanciale, la de gambas al ajillo o la de txistorra con piparra, auténticas bombas de sabor que hacen honor a la fama del local.

Pescados y mariscos

Pocas ciudades defienden el pescado y el marisco con tanta naturalidad como Santander. Aquí el producto manda y los clásicos siguen llenándose precisamente porque nunca necesitaron reinventarse demasiado. Uno de los grandes nombres es La Bombi (Casimiro Sainz, 15), institución absoluta en Puertochico y uno de esos restaurantes donde aún sobreviven los largos almuerzos de mantel blanco y servicio impecable. Marisco, pescados del Cantábrico y una bodega enorme explican por qué sigue siendo una referencia histórica de la ciudad. Destacan las almejas a la sartén, el bogavante y los pescados salvajes del día.

Más informal, pero igual de querido por los locales, es Marucho (Tetuán, 21), un clásico marinero donde el producto del día dicta la carta. Aquí la atención se centra en lo que llega cada día desde la lonja. Sopas de pescado, almejas, centollo o rodaballos que saben exactamente a lo que deberían saber. En el Barrio Pesquero, La Chulilla (Avd. Sutileza, 36) mantiene viva esa esencia portuaria que define parte de la identidad gastronómica cántabra. Rabas, pulpo y marisco en una zona que todavía conserva alma de puerto. Y para quienes buscan una marisquería clásica con buena relación calidad-precio, La Mayor (Juan de la Cosa, 5), uno de los secretos mejor guardados de Puertochico.

Para seguir, La Cigaleña (Daoiz y Velarde, 19), uno de los templos gastronómicos de la ciudad. La bodega tiene tanto peso en la experiencia como la propia cocina. El pescado es el gran protagonista, con elaboraciones que cambian según mercado, además de guisos marineros y una selección de vinos difícil de igualar en Santander. La Nueva Gaviota (Marqués de la Ensenada, 32) es otra dirección imprescindible para quienes buscan cocina marinera auténtica. Destacan los pescados salvajes a la plancha, las rabas y los mariscos del día.

Frente al mar y con una larga tradición familiar, Los Peñucas (Marqués de la Ensenada, 35) es famoso por sus pescados a la brasa, los bocartes y las rabas. Uno de esos lugares donde la sencillez y el producto siguen siendo la mejor receta. Con vistas a la bahía, La Caseta de Bombas (Calle Gamazo), ubicada junto al paseo marítimo, es una de las terrazas más agradables para disfrutar de arroces, pescados y mariscos con vistas privilegiadas.

Una versión más sofisticada de la cocina marinera local la encontramos en Bar del Puerto (Hernán Cortés, 63): ambiente elegante, buena bodega y una propuesta donde destacan los pescados del Cantábrico, los arroces y las recetas de temporada. Para los clásicos, Real Club Marítimo de Santander (Plaza de Puertochico, s/n), es uno de los comedores con mejores vistas de la ciudad. Merece la pena por sus pescados, arroces marineros y mariscos disfrutados frente a la bahía.

Y como no todo en Santander gira alrededor del pescado, A Banda Arroz (Peña Herbosa, 15) se ha convertido en uno de los mejores lugares de la ciudad para comer arroces, con recetas preparadas al momento y raciones generosas que funcionan especialmente bien en comidas largas de fin de semana.

La nueva cocina cántabra

En los últimos años han aparecido restaurantes que reinterpretan la cocina regional con un enfoque más contemporáneo, sin perder conexión con el producto local. El gran referente sigue siendo El Serbal (Andrés del Río, 7). Con una estrella Michelin y vistas al mar, lleva años demostrando que la alta cocina cántabra puede ser elegante, técnica y profundamente ligada al territorio. Aquí el menú degustación funciona como una lectura del Cantábrico, donde destaca el solomillo con costra de arroz negro.

También con estrella Michelin, Casona del Judío (Requejo, 3), donde tradición y vanguardia conviven en una propuesta profundamente ligada a Cantabria. Ofrece una experiencia más emocional y narrativa. Situado en una casona del siglo XIX, el restaurante trabaja la memoria gastronómica cántabra desde una perspectiva sofisticada y muy personal. Más desenfadado, pero igual de interesante, es Umma (Calle del Sol, 47), uno de los restaurantes que mejor representa la evolución gastronómica de Santander. Cocina creativa, vinos naturales y ambiente contemporáneo sin caer en la impostura. La carta gira alrededor del mejor pescado, carne y verduras de temporada, con una ejecución contemporánea y precisa.

Por su parte, Magnolia (Tetuán, 21) es una de las aperturas más interesantes de los últimos años. Gran parte de las verduras proceden de su propia huerta, lo que permite construir una cocina muy conectada con la estacionalidad. Sus vegetales, pescados y menús degustación son algunos de los grandes reclamos. Otro imprescindible es Agua Salada (San Simón, 2): pequeño, íntimo y obsesionado con el detalle, un lugar donde el producto y las técnicas modernas conviven con una cocina tremendamente honesta. Así como Cadelo (Santa Lucía, 33), un acogedor restaurante que mezcla producto local con modernidad. Su lasaña se ha convertido en uno de los platos más comentados de la ciudad, aunque también merecen atención sus propuestas fuera de carta.

Sabor internacional

Aunque la cocina cántabra domina claramente la ciudad, Santander empieza a abrirse a propuestas internacionales interesantes. Uno de los proyectos más interesantes del momento es Seña Wine Bar (Tetuán, 31). Especializado en vinos naturales y pequeñas elaboraciones para compartir, funciona casi como un laboratorio gastronómico donde el producto local se encuentra con técnicas y sabores contemporáneos.

Posiblemente el sushi más refinado de Santander esté en Olivia Sushi Bar (Peña Herbosa, 11). Nigiris, sashimis y cortes de pescado convierten este pequeño local en una parada imprescindible para los amantes de la cocina japonesa. Otra de las direcciones que han elevado el nivel de la cocina japonesa en la ciudad es Ho'oponopono (Peña Herbosa, 23). Destacan sus nigiris, rolls de autor y una cuidada selección de pescado fresco.

Garbo Trattoria Moderna & Cocktail Bar (Bonifaz, 19), es el italiano de referencia en Santander. Imprescindibles las pastas frescas, los risottos y su propuesta de coctelería. Para quienes buscan algo más informal y creativo, Querida Margarita (Andrés del Río, 7) mezcla cocina de mercado, influencias mediterráneas y platillos en un formato gastrobar muy actual.

En El Sol (Sta. Lucía, 32), que ofrece tapas de fusión con sello creativo, destacan platos como las patatas bravas coreanas con kimchi y encurtidos, el brioche de atún rojo con burrata y chutney de mango, las croquetas caseras de pollo asado o la fondue de quesos cántabros. Todos sus platos combinan técnicas e ingredientes internacionales con sabores locales. Y fuera del circuito más turístico, La Galerna (Perines, 8) introduce guiños mexicanos e internacionales dentro de una cocina muy personal que ha conseguido una clientela fiel entre los santanderinos.

Escapada gastro

Y aunque técnicamente queda a las afueras, merece absolutamente la pena desviarse hasta Cenador de Amós (Plaza del Sol, Villaverde de Pontones). El tres estrellas Michelin de Jesús Sánchez es uno de los grandes destinos gastronómicos de España y una de las experiencias culinarias más importantes del norte del país con platos tan característicos como la cuajada de bacalao con cristal de pimiento.

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