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Barcelona no solo tiene cada vez más personas durmiendo en la calle. También tiene más personas que llevan poco tiempo haciéndolo. El último informe de Arrels sitúa en un 36,6% el porcentaje de personas que llevan menos de seis meses en situación de calle, siete puntos más que en 2023, cuando representaban el 29,5%.
El dato apunta a un aumento de las nuevas entradas al sinhogarismo en una ciudad donde acceder a una vivienda y, sobre todo, mantenerla, resulta cada vez más difícil.
La pérdida de vivienda aparece como una de las principales vías de entrada a la calle. Según el informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar, el 35,3% de las personas encuestadas afirma que la última vivienda en la que residió era de alquiler (26,8%) o de propiedad (8,5%).
No siempre se trata de un proceso inmediato: antes de acabar durmiendo al raso, muchas personas han pasado por distintas situaciones de exclusión residencial.
Para Sara Girón, responsable del equipo de calle de Arrels, la pérdida de alojamiento es actualmente uno de los principales elementos que explican la llegada de nuevas personas a la calle. "La pérdida de alojamiento es el gran indicador", explica en conversación con Metrópoli. A ello se suman los procesos migratorios de personas que llegan a Barcelona sin encontrar una respuesta habitacional.
Perder la vivienda no siempre significa perderla de golpe
Girón insiste en que no existe una única causa detrás del sinhogarismo. "Causas hay muchas y diversas. Es verdad que la problemática no está cerrada en una sola", señala. Sin embargo, desde el equipo de calle detectan que existe una problemática general de acceso y mantenimiento de la vivienda que acaba dejando a algunas personas sin una alternativa.
"Hay una problemática de vivienda general que está afectando", explica Girón. En algunos casos, el problema surge cuando un alquiler se renueva y el nuevo precio deja de ser asumible para quien lo ocupa. "Hablamos de alquiler que se renueva y el precio ya no es convertible para la persona que lo consume", apunta.
Tal y como indica Sara, no necesariamente existe una pérdida de empleo detrás. La precariedad económica puede formar parte del proceso, pero la pérdida de alojamiento responde a "situaciones diversas".
Los datos del informe muestran precisamente que el camino hacia la calle puede comenzar antes de perder definitivamente una vivienda. Un 23,3% de las personas encuestadas se encontraba previamente en una situación de vivienda insegura. Entre ellas, un 17,7% vivía con familiares o amistades sin contrato y un 5,6% en una vivienda ocupada.
Es decir, la calle puede ser el último eslabón de un proceso que empieza mucho antes: pasar de una vivienda estable a compartirla sin contrato, ocupar un espacio o no poder asumir las condiciones de un alquiler hasta quedarse finalmente sin alternativa.
Nuevas entradas y riesgo de cronificación
El aumento de las personas que llevan menos de seis meses en la calle convive con otra realidad: quienes ya llevan años en ella continúan teniendo dificultades para salir. Arrels señala que el descenso del tiempo medio de estancia registrado entre 2023 y 2025 se explica precisamente por la incorporación de muchas personas nuevas al tramo de menos de seis meses, no porque hayan desaparecido las situaciones de cronificación.
Girón advierte de que esta combinación puede convertirse en un problema mayor si no se actúa a tiempo. Desde el equipo de calle observan que las políticas actuales “no tienen capacidad de respuestas para el gran volumen de personas que hay en situación de calle”.
La preocupación está en qué ocurrirá con quienes acaban de llegar a la calle si no encuentran una salida estable. “Si no hay una respuesta de aquí a uno o dos años todas estas personas van a estar cronificadas”, advierte.
El propio informe apunta en esa dirección: las personas que entran en una situación de sinhogarismo en la calle difícilmente consiguen salir de ella. Además, un 24,3% de las personas encuestadas ha pasado por recursos residenciales temporales y posteriormente ha terminado o vuelto a una situación de calle.
Cuando la solución es temporal
El problema, por tanto, no termina cuando una persona consigue entrar temporalmente en un recurso. Albergues, hostales, pensiones o viviendas con apoyo pueden ofrecer una respuesta inmediata, pero no siempre garantizan una salida estable.
Según Arrels, un 24,3% de las personas encuestadas ha pasado por recursos residenciales temporales y ha terminado volviendo a la calle. Y entre quienes están esperando acceder a un alojamiento o vivienda, más de la mitad, el 51%, espera una solución temporal o precaria, como un albergue, una pensión o una habitación.
La situación también se refleja en las expectativas de las propias personas que viven en la calle: el 72% no está en espera para acceder a una vivienda y solo una de cada cuatro tiene una salida prevista.
Para Girón, mientras no aumenten las alternativas habitacionales, la respuesta seguirá siendo "insuficiente".
Una mayoría llega a la calle por primera vez
El aumento de las entradas recientes también obliga a mirar quién está llegando a la calle y no únicamente a quienes llevan años en ella. Según el informe de Arrels, el 62,7% de las personas encuestadas no había vivido episodios previos de calle, lo que significa que para la mayoría se trata de la primera vez que se encuentra en esta situación.
La cifra ayuda a desmontar la idea de que vivir en la calle es necesariamente una situación que se arrastra durante toda la vida. Hay personas que llegan por primera vez después de un proceso de pérdida de vivienda y exclusión residencial.
Dos realidades que avanzan simultáneamente
Desde el equipo de calle, el objetivo es precisamente intentar establecer un vínculo con estas personas y acompañarlas en función de sus necesidades. “Nuestro funcionamiento básicamente es vincular con las personas y generar relaciones y establecer relaciones de confianza”, explica Girón.
El acompañamiento, añade, se realiza respetando las decisiones de cada persona y coordinándose con los servicios sociales: “Acompañamos a la persona en lo que la persona decida y quiera”.
El reto está en que ese acompañamiento llegue a tiempo. Porque los datos muestran dos realidades que avanzan simultáneamente: personas que están entrando por primera vez en la calle y otras que llevan años sin encontrar una salida estable.
Y en medio de ambas está la vivienda. No como única explicación del sinhogarismo, pero sí como uno de los principales puntos en los que puede empezar el proceso que termina llevando a una persona a dormir al raso.
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