martes, 1 de septiembre de 2026

Canal Curiosidades : Encuentran una misteriosa esfera dorada en el fondo del océano y tardan años en descubrir qué era

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Después de tres años de investigaciones han conseguido resolver el misterio.

Una expedición de la NOAA encontró en 2023 un extraño objeto dorado adherido a una roca a más de 3.000 metros de profundidad en el golfo de Alaska. Los científicos no lograron identificarlo entonces y tuvieron que recurrir a análisis microscópicos y genéticos para resolver el misterio casi tres años después.

La exploración de las profundidades del océano volvió a dejar una imagen difícil de explicar en agosto de 2023. Un vehículo operado por control remoto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) localizó una pequeña esfera de color dorado adherida a una formación rocosa en el fondo del golfo de Alaska.

El hallazgo se produjo el 30 de agosto, durante una inmersión de la expedición Seascape Alaska 5. El objeto se encontraba a unos 3.250 metros de profundidad, más de tres kilómetros bajo la superficie, y tenía aproximadamente 10 centímetros de diámetro. Su aspecto era tan poco habitual que los científicos que seguían la exploración no pudieron determinar de inmediato qué tenían delante.

El equipo llegó a plantear varias posibilidades, entre ellas que pudiera tratarse de una esponja, una estructura relacionada con un huevo o algún otro organismo marino. Finalmente, el vehículo submarino Deep Discoverer recogió la muestra mediante un sistema de succión y la llevó al buque NOAA Ship Okeanos Explorer para intentar estudiarla. Sin embargo, ni siquiera allí consiguieron identificarla.

La muestra fue enviada posteriormente al Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, donde comenzó un análisis mucho más detallado. La respuesta no llegó hasta 2026.

Qué era la misteriosa esfera dorada encontrada en el océano

Los investigadores comenzaron examinando la estructura física del objeto. A simple vista no presentaba las características anatómicas habituales de un animal, pero bajo el microscopio encontraron un tejido fibroso y formado por varias capas.

La pista decisiva apareció al analizar unas células especializadas llamadas cnidocitos, presentes en animales como las medusas, los corales y las anémonas. En este caso se trataba de un tipo concreto denominado espirocistos, una clase de células que permitió reducir considerablemente las posibilidades sobre el origen del objeto.

El análisis genético inicial tampoco resolvió el misterio. Los científicos recurrieron primero a una técnica conocida como código de barras de ADN, pero los resultados no fueron concluyentes, probablemente porque el material estaba acompañado de ADN procedente de otros organismos microscópicos.

El equipo decidió entonces realizar una secuenciación mucho más completa. El análisis del genoma reveló una gran cantidad de material genético perteneciente a Relicanthus daphneae, una especie de anémona de aguas profundas. La comparación de los genomas mitocondriales de la muestra y de otros ejemplares permitió confirmar la identificación.

La esfera dorada no era, por tanto, un huevo ni una especie desconocida. Era una parte de una enorme anémona de aguas profundas que había quedado adherida a la roca.

El misterio de la anémona que dejó atrás la esfera

Los científicos creen que el objeto corresponde a la base o cutícula que utiliza Relicanthus daphneae para fijarse al fondo marino. Esta estructura normalmente queda debajo del cuerpo del animal y, por ello, es difícil de observar cuando la anémona está viva.

Relicanthus daphneae es una especie de gran tamaño que puede presentar tentáculos de más de dos metros de longitud y que vive en ambientes profundos del océano. Su clasificación científica también ha resultado problemática a lo largo de los años, con investigaciones que han cambiado la interpretación de su posición dentro del árbol evolutivo de los cnidarios.

En cuanto a la esfera encontrada en Alaska, los investigadores no pueden determinar con certeza qué ocurrió con el animal que la dejó atrás. Una posibilidad es que la anémona muriera o que se desplazara a otro lugar, dejando su estructura de fijación sobre la roca. Observaciones posteriores de ejemplares de la misma especie han mostrado estructuras similares en su base.


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