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El Niño es un reloj del planeta y de alguna manera un termómetro de su salud. Este fenómeno meteorológico lo provoca el calentamiento del Pacífico ecuatorial y altera el clima en todo el mundo. Los episodios del Niño pueden provocar olas de calor y sequías, pero también lluvias torrenciales y, este invierno, puede que más frío. El problema es que, de la mano de la crisis climática que vive el planeta, El Niño de 2026, que empezó en junio, ya es un superNiño.
Este evento climático se caracteriza por temperaturas del agua superiores a la media a lo largo del ecuador en el océano Pacífico. El agua más cálida desencadena cambios atmosféricos que provocan un efecto dominó en los patrones meteorológicos de todo el planeta. Sus episodios ocurren alrededor de cada dos a siete años, a medida que el ciclo cálido se alterna de manera irregular con su hermana, La Niña —un patrón de enfriamiento en el Pacífico oriental— y con condiciones neutrales.
Pero El Niño de 2026 es distinto; es mucho más intenso. Los modelos actuales indican que podría ser el más poderoso de los que se tiene registro. El agua se está calentando a un ritmo extraordinario. Se esperan temperaturas cálidas, superiores a los tres grados por encima de lo normal, con picos que incluso podrían alcanzar los cuatro grados.
Ya está fuera de los registros habituales
Los indicadores habituales de El Niño han superado con creces los récords anteriores. Tomando como medida la anomalía térmica en los 300 metros superiores del océano Pacífico ecuatorial, El Niño de 2026 ya supera el registrado durante el superNiño de 1997-1998.
"Es probable que la intensidad anómala de este episodio de El Niño también se deba a la actividad humana", se lee en un texto que en agosto firmaba James Hansen físico y climatólogo estadounidense, junto a Pushker Kharecha, Dylan Morgan y Jasen Vest. Según ellos, El Niño no es el verdadero problema. Lo es, aseguran, "el calentamiento global antropogénico que continúa acelerándose y el creciente desequilibrio energético de la Tierra".
Porque el océano "no es el decorado azul de nuestro planeta, es una de las grandes piezas de su sistema climático", explica Alfonso Montes de Oca, director ejecutivo de la Reserva de la Biosfera La Palma. Según este divulgador, los mares "acumulan una enorme cantidad del exceso de energía que estamos atrapando y, cuando cambian, cambia con él buena parte del mundo que conocemos".
Mares y océanos se calientan y acumulan energía
En agosto, en las Islas Baleares, una boya situada frente a Dragonera alcanzó 33,02 grados. El mar Mediterráneo nunca había alcanzado una temperatura tan alta desde que se tienen registros. El anterior récord se remontaba al verano de 2024 y era de 31,87 grados. El Mare Nostrum se encuentra 4-6 grados por encima de lo que sería normal en esta época del año. Ese mes de agosto, la temperatura media de la superficie global del mar alcanzó los 21,1 grados, otro nuevo récord.
Lo cierto es que El Niño está fuera de los registros modernos habituales. "Es ya el más intenso registrado en la era moderna", dice Hansen, profesor de la Universidad de Columbia y exdirector del Instituto Goddard de la NASA, conocido por sus investigaciones sobre el cambio climático. Este superNiño llega a un planeta ya afectado por el calentamiento global de origen humano.
Pero los efectos máximos aún tardarán varios meses en manifestarse. Durante el fenómeno de El Niño de 2023-2024, la temperatura terrestre alcanzó +2,4 °C con respecto a la media de 1880-1920. Según Hansen y sus colegas, es probable que en 2027 esa subida se acerque a los +2,7 °C.
Casi seguro: el superNiño traerá un invierno más frío
Para explicar cómo sucede El Niño hay que conocer qué es la llamada circulación de Walker. Se trata del movimiento cíclico del aire alrededor del ecuador, donde el aire caliente del Pacífico occidental se eleva, se satura y libera su agua en forma de lluvia. Las aguas cálidas del Niño están ya alterando la circulación de Walker.
Al tiempo, las ondas transportan energía hacia la estratosfera. Allí, a unos 30 km de altitud, está el vórtice polar, un gigantesco remolino de aire que gira sobre el Ártico en invierno. Mientras se mantiene estable y gira rápidamente, retiene el aire polar helado en la parte superior, explica Johannes Habermehl en Meteroed. De ese modo causa vientos suaves del oeste, a menudo con tiempo húmedo y gris. Pero si este vórtice se ve afectado y se interrumpe su rotación, todo el sistema cae.
Los meteorólogos hablan entonces de un calentamiento estratosférico repentino y es lo que puede ocurrir con este superNiño. Las temperaturas en las alturas se podrían disparar decenas de grados en cuestión de días, el vórtice se agitaría y el frío que había contenido caería sobre el sur: Siberia, Escandinavia e, incluso, el centro o sur de Europa.
Eso es lo que parece que va a ocurrir: un invierno más crudo de lo habitual. Los modelos a largo plazo muestran una señal débil para el vórtice polar para enero, según El Tiempo. Los cálculos indican un núcleo de vórtice impactado y desplazado, mientras que un área de alta presión se está acumulando en la estratosfera.
Si a ese vórtice agitado le añadimos un superNiño y muy poco hielo marino en el Ártico, lo probable es un invierno frío. Ningún otro continente es tan sensible a esta perturbación como Europa, asegura Habermehl. "Una sola ruptura en la estratosfera y el gris permanente se convierte en escarcha permanente", advierte.
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