viernes, 25 de septiembre de 2026

Canal Viajar : Va a una cala viral de Fuerteventura y se encuentra esto: "Es para reflexionar"

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.Hay rincones que durante años sobreviven casi en secreto. Luego aparece un vídeo, empiezan a circular las coordenadas y, de pronto, el paisaje cambia.

Eso es precisamente lo que muestra un vídeo de Cristian González (@cristiaan_glez) grabado en una cala de Fuerteventura que ha vuelto a compartirse con fuerza coincidiendo con una nueva temporada turística.

En las imágenes, el joven se encuentra con el lugar completamente lleno y lanza una reflexión que ha reabierto un debate conocido en Canarias: hasta qué punto TikTok e Instagram están convirtiendo enclaves antes poco frecuentados en espacios masificados.

“TikTok hace muchísimo daño”

Mientras enseña la cala llena de bañistas, Cristian reconoce su sorpresa por la cantidad de personas concentradas en un espacio reducido.

“Estamos en Fuerteventura y hemos venido a una calita que se ha hecho muy viral por TikTok”, explica antes de señalar que el lugar está “supermasificado”.

Su conclusión es directa: sin redes sociales, probablemente no habría ni una parte de la gente que se encontraba allí.

La frase ha vuelto a circular porque toca un nervio especialmente sensible en las Islas: el salto de determinados charcos, calas y rincones naturales desde el anonimato hasta la viralidad absoluta.

La paradoja está dentro del propio vídeo

Pero el momento que da otra dimensión a la escena llega después.

El propio creador reconoce que él también acudió al lugar precisamente porque su hermana lo había visto en TikTok.

Ahí está la contradicción que ha terminado alimentando el debate.

Quien critica el efecto de las redes también forma parte del mismo mecanismo que denuncia.

No es una excepción. Es precisamente uno de los problemas que señalan muchos residentes: cada publicación atrae nuevas visitas y cada nueva visita puede generar otro vídeo, otra ubicación compartida y otra oleada de curiosidad.

“No todo es turismo, nosotros vivimos aquí”

Entre las reacciones al vídeo aparecen mensajes de residentes que aseguran haber dejado de visitar determinados enclaves por la cantidad de gente que concentran ahora.

Algunos ponen el foco en una práctica concreta: compartir ubicaciones exactas de rincones que antes eran conocidos principalmente por quienes viven en las Islas.

Otros recuerdan que las playas y calas no son únicamente escenarios turísticos, sino espacios utilizados habitualmente por la población local.

“Hay sitios que tenían su encanto y se han ido perdiendo por dar la ubicación”, lamenta uno de los comentarios recogidos alrededor del vídeo.

Otro usuario resume la frustración de forma aún más clara: “No todo es turismo, recuerden que nosotros vivimos aquí”.

Cuando un vídeo cambia un lugar

El fenómeno va mucho más allá de Fuerteventura.

Las redes sociales han convertido playas, miradores, piscinas naturales y pequeños enclaves en destinos capaces de recibir en poco tiempo a miles de personas atraídas por la misma imagen.

El problema aparece cuando lugares pequeños, con accesos limitados o ecosistemas delicados, reciben una presión para la que nunca estuvieron preparados.

Y el vídeo de Fuerteventura deja una imagen difícil de ignorar: personas que llegan a un lugar porque lo vieron en redes mientras, al mismo tiempo, lamentan que haya demasiadas personas que llegaron exactamente por lo mismo.

Una paradoja resumida por uno de los comentarios que más ha circulado: “Masificadores quejándose de masificación”.



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