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En el sureste de Corea del Sur, Gyeongju reúne el observatorio Cheomseongdae, las tumbas de Daereungwon, el estanque Wolji, el templo Bulguksa y las casas tradicionales de Gyochon.
Gyeongju, en Corea del Sur, obliga a mirar dos veces sus colinas verdes: algunas son tumbas de reyes y nobles. Cerca, una torre de piedra del siglo VII recuerda que esta ciudad también observaba las estrellas. El antiguo reino de Silla dejó su historia repartida por parques, estanques y montañas. Quienes planean viajar a Corea del Sur encuentran aquí una escala muy distinta a la de los grandes barrios de Seúl, con monumentos que se descubren caminando.

Gyeongju, casi mil años como capital de Silla
Situada en el sureste del país, Gyeongju fue capital de Silla durante cerca de un milenio. Su patrimonio incluye tumbas, recintos palaciegos, pagodas y esculturas budistas. Las áreas históricas reconocidas por la Unesco abarcan varios sectores de la ciudad. El pasado ocupa un territorio mucho mayor que un único recinto monumental: también alcanza las laderas de Namsan.
Esa convivencia de ciudad y patrimonio invita a repartir la visita, una forma de viajar que también encaja con los templos y jardines de Kioto. En Gyeongju, un paseo puede empezar junto a un túmulo y terminar ante una pagoda. Dejar huecos entre visitas permite apreciar cómo cambia el paisaje.
Qué ver en Daereungwon bajo sus colinas de hierba
El conjunto de Daereungwon dibuja un horizonte de montículos redondeados. Su aspecto sereno oculta sepulturas de la élite de Silla. Cheonmachong, abierta al público, recibió el nombre de «tumba del caballo celeste» por una pintura encontrada en una pieza de equipo ecuestre. Tras la superficie de hierba había objetos de oro y una imagen de un caballo, descubiertos durante la excavación de 1973.
El Museo Nacional de Gyeongju conserva piezas procedentes de las tumbas y ayuda a poner rostro material a aquel reino. ¿Qué podía contar una corona sobre la persona enterrada con ella? La visita gana profundidad cuando se unen el lugar y los objetos recuperados, un interés que también acompaña los recorridos por los palacios de Pekín.

Por qué Cheomseongdae miraba al cielo
Cheomseongdae apenas supera los nueve metros de altura. Su cuerpo curvo, levantado con hileras de piedra, tiene una pequeña abertura cuadrada. Se atribuye al reinado de Seondeok, en el siglo VII, y se considera uno de los observatorios astronómicos más antiguos conservados en Asia. Su tamaño modesto contrasta con la importancia que tenía observar el cielo.
Seguir los astros servía para orientar las labores agrícolas y estaba ligado a la interpretación de presagios. Aunque su funcionamiento exacto sigue siendo objeto de estudio, la torre permite acercarse a aquella relación entre conocimiento y poder. Basta rodearla para descubrir su base cuadrada, el cuerpo cilíndrico y el remate abierto.

Wolji, el estanque que devuelve la imagen del palacio
Donggung fue un palacio secundario de la corte de Silla, vinculado al príncipe heredero y a la recepción de invitados. A su lado, el estanque Wolji ofrece una escena distinta de las tumbas: pabellones, orillas curvas y reflejos. Al caer la tarde, la iluminación duplica las cubiertas sobre el agua y cambia por completo el aspecto del conjunto.
Aquí interesa detenerse en la relación del edificio con el jardín. El agua organiza las vistas y separa espacios; también introduce profundidad en la imagen de los pabellones. Quien se fija en los jardines de Sigiriya, en Sri Lanka, reconocerá esa curiosidad por la arquitectura que trabaja con su entorno. Cada orilla ofrece una perspectiva diferente.

De las pagodas de Bulguksa a las mesas de Gyochon
El templo de Bulguksa amplía el recorrido hacia el arte budista. Sus pagodas de piedra, Dabotap y Seokgatap, permiten comparar volúmenes y detalles sin necesidad de abarcarlo todo. La piedra conserva una parte esencial del trabajo de los artesanos de Silla. Es una visita para quienes disfrutan observando patios, escalones y formas arquitectónicas, como en los templos de Bangkok.
De vuelta a la ciudad, las casas tradicionales de Gyochon y las calles cercanas a Daereungwon permiten hacer una pausa. En la zona se sirve ssambap, una comida en la que se envuelven arroz y acompañamientos en hojas. La historia también deja espacio para sentarse a la mesa, probar distintas combinaciones y continuar el paseo sin prisas.


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