miércoles, 15 de junio de 2022

La limpieza 'in aeternum' del piso de un cadáver en descomposición de Sant Andreu

 

La limpieza 'in aeternum' del piso de un cadáver en descomposición de Sant Andreu



Metropoli    ...........    VERÓNICA MUR


La limpieza de un piso donde encontraron un cadáver en descomposición de Sant Andreu se eterniza. Después de que este medio informase sobre la insalubridad de la finca debido a los olores y las plagas de insectos, un técnico de Habitatge de Catalunya se personó para hacer una valoración del inmueble con tal de llevar a cabo la desinfección. Dos semanas después, los residentes del bloque siguen sin saben cuándo se realizará. 

El dilema de esta comunidad comenzó el pasado día 7 de mayo, cuando los Mossos d'Esquadra retiraron el cadáver de un vecino de 40 años fallecido desde hacía más de dos meses. El hedor del cuerpo, que estuvo descomponiéndose durante 60 días, a raíz de un suicidio –según fuentes vecinales–, imposibilitó que los residentes de la finca pudieran airear sus casas. Tal y como explicaron a este medio, el fallecido era un hombre que "vivía encerrado y nunca abría las ventanas". Por lo que "el olor quedó impregnado en el piso". 

PROCESO "MÁS LARGO Y COSTOSO"

Portavoces de Habitatge de Catalunya –organismo propietario del edificio situado en el número 36-35 de la calle de San Adrián– han explicado a Metrópoli que la limpieza del inmueble forma parte de un proceso "más largo de lo habitual". Argumentan que, como el fallecido padecía síndrome de Diógenes, se precisa de una limpieza y desinfección "especial y más costosa". Esto implica que la adjudicación se haya ralentizando. 

Las mismas fuentes confirman que "ya están listas todas las autorizaciones y el presupuesto aprobado". El organismo pasa la pelota a la empresa de desinfección: "dijeron que comenzarían esta semana, no pueden tardar demasiado".

Mientras las administraciones ultiman los trámites, los vecinos de la finca siguen haciendo frente al hedor "más nauseabundo a putrefacción, descomposición y basura". A pesar de que el técnico de Habitatge cerró las ventanas, tal y como imploraron los vecinos a través de este digital, temerosos de una posible okupación y hartos de los olores, el "hedor a muerte" sigue invadiendo sus fosas nasales.

Edificio de vecinos de Sant Andreu, al borde de la insalubridad a causa de un cadáver / GOOGLE MAPS
Edificio de vecinos de Sant Andreu, al borde de la insalubridad a causa de un cadáver / GOOGLE MAPS

LAS ALTAS TEMPERATURAS PODRÍAN EMPEORAR LA SITUACIÓN

Según explica Eduardo, uno de los vecinos afectados, "la puerta de la galería no cierra bien y, cuando hace aire, sale por ahí el olor. Además", "las ventanas del exterior también se abren", añade. Este residente argumenta que la fetidez "sigue siendo constante". "La única defensa que tenemos es que un vecino empuje la puerta con una escoba si se abre", lamenta. 

Pero la situación podría agravarse. Los habitantes del edificio temen la llegada de las olas de calor. Creen que, con el aumento de las temperaturas, las plagas de insectos se agudicen. "Tenemos moscas, mosquitos y plagas de cucarachas y otros insectos que no sabemos ni cuáles son", explica Eduardo. El vecino incide en que los más afectados por la aparición de estos seres vivos son los residentes de los bajos y entresuelos. 

Insectos hallados en la escalera de vecinos en la que se encontró el cadáver en descomposición / CEDIDAS
Insectos hallados en la escalera de vecinos en la que se encontró el cadáver en descomposición / CEDIDAS

LOS VECINOS, DESAMPARADOS

Esta comunidad de Sant Andreu de Palomar se encuentra en una situación de "desamparo" por parte de las administraciones. Reclaman que se ejecute la "urgente e imprescindible limpieza y desinfección del inmueble", que esperan desde hace más de un mes "cuanto antes". 

Ventana abierta del piso en el que se encontró el cadáver / CEDIDA
Ventana abierta del piso en el que se encontró el cadáver / CEDIDA
 


martes, 14 de junio de 2022

La batalla de la Puerta Persa, la última resistencia a Alejandro en un desfiladero antes de alcanzar Persépolis

 

La batalla de la Puerta Persa, la última resistencia a Alejandro en un desfiladero antes de alcanzar Persépolis





Por Jorge Álvarez  ...........   Brujula Verde   


En el invierno del año 330 a.C., tras una rutilante victoria en Gaugamela, Alejandro Magno controlaba de facto la mayor parte del Imperio Aqueménida y perseguía al rey Darío III, quien refugiado en Ecbatana trataba de organizar un nuevo ejército con el que resistir. Pero necesitaba tiempo y el designado para proporcionárselo fue el sátrapa Ariobarzanes, que preparó una emboscada en un lugar denominado la Puerta Persa. Era un estrecho desfiladero en el que, emulando paradójicamente a los espartanos de Leónidas en las Termópilas, logró resistir un mes, hasta que, como hizo Efialtes en aquel episodio, un pastor desveló al macedonio una ruta para rodear el peligro.

Efectivamente, la batalla de la Puerta Persa guarda más de una similitud con la de las Termópilas, aunque fuera con los contendientes inversos: resistencia a una invasión, entretenimiento para preparar una defensa más consistente en otro sitio, un reducido número de soldados frente a un contingente muy superior, la traición de un pastor local… En realidad, se trata de elementos típicos y recurrentes que, más allá de lo que más o menos tengan de cierto, se repiten a lo largo de la historia en esos contextos militares; recordemos que lo mismo pasó en las Navas de Tolosa, por ejemplo.

En este caso, hablamos de aquella sempiterna campaña macedonia que el hijo de Filipo II inició contra Persia con un doble propósito: vengar los antiguos intentos persas de invasión de Grecia y unir a todos los helenos en una empresa común contra un enemigo extranjero -otro recurso clásico en la historia bélica-, a lo que habría que añadir tanto el interés político-económico -hacerse con las rutas comerciales en el Egeo y el interior de Asia Menor- como la ambición personal y el deseo de gloria del protagonista.





Alejandro cruzó el Helesponto en el 334 a.C. y fue derrotando uno tras otro a todos los ejércitos aquémenidas que le salieron al paso en el Gránico, Issos y Gaugamela, apoderándose a su paso del territorio del imperio desde la Grecia anatolia hasta Babilonia, pasando por Egipto, Fenicia y Judea. Avanzando por el Camino Real Persa (una calzada construida por Darío I dos siglos antes para conectar los puntos neurálgicos de sus dominios), alcanzó Susa, la capital religiosa, y puso en su punto de mira Persépolis, la política. Antes estaba Pasargada, la antigua capital de Ciro el Grande, cuya toma dejaría la mayor parte del territorio bajo su control.

Así lo veía también Darío III, quien, en fuga hacia el Este desde el desastre de Gaugamela, se había establecido en Ecbatana (región situada medio millar de kilómetros al oeste de la actual Teherán), donde estaba inmerso en la labor de reclutar hombres para formar un nuevo ejército con el que frenar al invasor -la vasta extensión del Imperio Aqueménida suponía una cantera prácticamente inagotable-, para lo cual debía entretener a Alejandro cuanto tiempo fuera posible. La misión recayó en un hombre de su total confianza, Ariobarzanes, sátrapa de la región de Persia (lo que hoy son las provincias iraníes de Fars y Bushehr).


Alejandro

Ariobarzanes, nacido en una fecha incierta en torno al año 368 a.C., estaba al frente de esa satrapía desde el 335, algo que sorprende un poco a los historiadores porque dicha unidad administrativa no existía hasta entonces, lo que les hace deducir que el monarca quería tener a alguien cercano -se cree que eran parientes o amigos- ocupándose de esa zona en su ausencia; al fin y al cabo, allí se ubicaban dos de las urbes más importantes del imperio, las mencionadas Persépolis y Pasargada. Además, Ariobarzanes tenía experiencia en enfrentarse a los macedonios porque participó en la batalla de Gaugamela al mando de un contingente de soldados del Golfo Pérsico.

Entre él y Alejandro se alzaba un obstáculo natural, los montes Zagros, la cadena montañosa más larga de los actuales países de Irán e Irak: mil quinientos kilómetros que van desde el Kurdistán iraquí hasta el estrecho de Ormuz. Esas características impedían rodear los Zagros, obligando a cruzarlos, algo de considerable dificultad si se tiene en cuenta que la altitud media en la zona de Fars ronda los cuatro mil metros. Ariobarzanes, conocedor de la región, estudió el terreno y concluyó que el enemigo elegiría la Puerta Persa para pasar.

La Puerta Persa (o Puertas Persas) es el nombre de un angosto desfiladero situado en la parte meridional del monte Dena (Kuh-e-Dinar), el techo de la cordillera con cuatro mil cuatrocientos nueve metros. Hoy pasa por allí una carretera de montaña construida en 1990, pero antaño había que hacer el camino a pie en medio de la nieve y las bajas temperaturas -la campaña de Alejandro estaba en pleno enero-, con el interés extra para el sátrapa de que la anchura apenas superaba los dos metros en su parte más angosta. Un punto idóneo, pues, para tender una emboscada con pocos efectivos; Ariobarzanes pensaba que Alejandro no tendría otro remedio que pasar por allí porque los otros puertos resultaban peores.



Para atravesar las Puertas Persas, los habitantes del lugar exigían un peaje en concepto de autorización de paso, privilegio concedido por el Rey de Reyes para asegurarse la movilidad de sus tropas y correos. Se trataba de los uxii, un pueblo no iranio, quizá procedente de Juzistán (el suroeste de Irán) y probablemente relacionado con los elamitas, que constituía una confederación tribal dividida en dos grupos: uno sedentario afincado en las llanuras y otro nómada que vivía en las montañas, aunque ambos dedicados al pastoreo ovino.

En el año 330 a.C., su jefe era Madiates, quizá no uxii de nacimiento sino persa y seguramente familiar de Darío III; de hecho, estaba casado con una sobrina de la madre del rey, la célebre Sisigambis, que sí parece que era uxii. Por todo ello, tenía el deber de hacer frente a Alejandro y así lo dispuso todo, si bien el pueblo, por lo visto, no lo veía tan claro y se mostraba reacio a enfrentarse a un adversario invencible hasta entonces.



Y eso que el macedonio no llegaba con todas sus fuerzas. Había dividido sus tropas en dos, entregando el mando de una a Parmenión, general a toda prueba que ya sirvió a Filipo y, consecuentemente, lideró el flanco izquierdo en Gránico, Issos y Gaugamela, además de ser padre de Filotas, mano derecha de Alejandro como hiparco, es decir, comandante de la caballería de los Heitaroi, la élite de aquella tropa (irónicamente, padre e hijo serían acusados de traición poco después y ejecutados). Parmenión debía continuar por el Camino Real Persa con el tren de bagaje, mientras Alejandro dirigía al resto -entre catorce y diecisiete mil hombres- algo más al norte, para pasar a través de los Zagros.

Esa partición resultaba habitual en los movimientos del Magno por países ocupados, ya que con ello esperaba facilitar el avituallamiento. Pero Ariobarzanes era consciente de ello y también escindió a los suyos, enviando una columna a interceptar a Parmenión. Al menos es lo que se deduce de la tardanza del veterano macedonio en recorrer la distancia entre Susa y Persépolis, que normalmente era de tres semanas por aquella calzada pero él necesitó bastante más. Eso sí, con ello el ejército persa se veía, asimismo, mermado; su jefe confiaba en que el terreno lo compensara, jugando a su favor.

Los enviados de Alejandro pactaron con los uxii reunirse en un sitio para realizar el pago del peaje, pero no era más que una maniobra para que se confiaran. Esa misma noche, guiados por gentes locales de otras etnias, ocho mil macedonios cayeron sobre el poblado y capturaron a las familias de los guerreros, que estaban ausentes porque se habían desplazado al lugar acordado. A continuación, Alejandro desató un ataque contra ellos, empujándolos hacia las tropas del general Crátero, quien previamente y aprovechando la

oscuridad, se había situado detrás, rodeándolos.

Los uxii fueron vencidos y los que no cayeron luchando se rindieron siguiendo la orden de Madiates. Antes, envió un correo a su suegra Sisigambis para que intercediese ante Alejandro, tal como había hecho por su familia al caer prisionera después de la derrota en Issos. La reina madre, en efecto, medió y consiguió que los macedonios perdonasen a los uxii y les dejaran sus tierras a cambio de un tributo anual, consistente en un centenar de caballos, medio millar de bueyes y treinta mil ovejas.

Invirtiendo los papeles inmediatamente anteriores, el que se confió ahora fue Alejandro, que pensó que aquella era toda la fuerza enviada por Darío contra él. Así, creyendo que no encontraría más obstáculos en su camino, reemprendió la marcha sin tomar medidas de precaución ni adelantar exploradores, internándose despreocupadamente por el desfiladero pese a que éste iba estrechándose cada vez más hasta alcanzar apenas dos metros en su tramo medio, justo donde había una curva hacia el sureste, el actual Tang’e Meyran. Y precisamente allí, en lo que hoy es la aldea de Cheshmeh Chenar, había tomado posiciones Ariobarzanes.






Los soldados persas se desplegaron por las cimas de las verticales paredes, teniendo al enemigo a su merced en el fondo. Lucio Flavio Arriano dice que eran cuarenta mil infantes y setecientos jinetes, Quinto Curcio reseña veinticinco mil y Diodoro Sículo algo menos de dieciocho mil más trescientos jinetes, aunque los historiadores creen ver en ellas una exageración para incrementar el mérito de Alejandro y rebajan el número de infantes a unos dos mil, como máximo. Ariobarzanes esperó a que el grueso del enemigo alcanzara la Puerta Persa, donde se iba a encontrar que no podía seguir avanzando, ya que había mandado construir una muralla o barricada.

El ejército macedonio se había adentrado casi cinco kilómetros por aquella peligrosa garganta y sus hombres empezaban a acumularse desordenadamente ante la inesperada barrera cuando Ariobarzanes dio la orden de ataque. Una lluvia de piedras y flechas cayó de improviso sobre los griegos, causándoles cuantiosas bajas y amenazando con desbaratarlos de un solo golpe, habida cuenta que ellos no podían responder. Viendo imposible adoptar una formación adecuada, debido a la curva y al caos formado por la fusión entre vanguardia y retaguardia, Alejandro ordenó la retirada, que se convirtió en un sálvese quien pueda en el que muertos y heridos quedaron olvidados en el campo de batalla.


La situación quedó estancada un mes. Fue entonces cuando apareció el providencial pastor, que otras versiones convierten en simples prisioneros persas. Si aceptamos la primera, aquel hombre resultó ser de madre persa pero de padre licio (Lidia era un reino heleno de Anatolia), por lo que no tuvo problema en mostrar a los macedonios un sendero situado una veintena de kilómetros atrás que les permitiría rodear al enemigo y sorprenderlo por la espalda. Esa noche, Alejandro dejó a Crátero en la Puerta Persa con el grueso de la tropa y la indicación de que encendiera muchas antorchas para simular que todos acampaban allí, mientras él retrocedía con una columna ligera para tomar la nueva ruta.

Una vez completado el rodeo, subdividió a los suyos en dos grupos, uno dirigido por él mismo y otro por Filotas que, al amanecer, atacaron simultáneamente a los persas por la retaguardia y un flanco, mientras Crátero, debidamente advertido mediante un toque de trompeta, hizo otro tanto de frente. La triple pinza y, sobre todo, la sorpresa, supusieron una catástrofe para Ariobarzanes, que vio cómo sus soldados sufrían una inesperada derrota; entre los que cayeron estaba su propia hermana, la guerrera Youtab.

Viendo desbaratado su plan y perdida la batalla, el sátrapa se lanzó valientemente en una carga desesperada contra las líneas macedonias antes que rendirse. Unas fuentes dicen que pereció en el intento, mientras que Arriano cuenta que logró escapar con apenas cuarenta de los suyos y se entregó más tarde. Otros creen que buscó refugio en Persépolis, donde Tiridates, el gobernador de la ciudad, le negó la entrada, bien porque entendió que toda resistencia era inútil, bien por haber llegado a un acuerdo con los enviados de Alejandro, y falleció combatiendo ante las murallas de la urbe. Para sustituirle, Alejandro designó a Frasaortes, hijo de Reomitres (veterano del Gránico e Issos -en esta última batalla murió-, que ya había sido sátrapa).



Los macedonios se hicieron con un rico botín, ya que en Persépolis se custodiaba el tesoro real, para cuyo traslado hicieron falta cientos de camellos. Una porción sirvió para pagarle treinta talentos al pastor como recompensa; otra, para resarcir a casi un millar de griegos que vivían en la ciudad y a los que Darío III había mandado cortar una mano a manera de ejemplo, algo que enfureció a Alejandro y seguramente le llevó a permitir que fuera incendiada, lo que oficialmente se presentó como una venganza por la destrucción de Atenas.

No pocos autores consideran la batalla de la Puerta Persa como la victoria más decisiva de Alejandro, por cuanto se apoderó de Persépolis y sus recursos económicos, dando un golpe de efecto con su destrucción. También fue la más crítica, ya que estuvo un mes inmovilizado y rozando el desastre… del que, una vez más, se las arregló para salir con su característica combinación de genio y suerte.







Millones de Momias: Las Catacumbas Caninas y la Industria del Culto a los Animales en el Antiguo Egipto

 

Millones de Momias: Las Catacumbas Caninas y la Industria del Culto a los Animales en el Antiguo Egipto




ancient-origins


Muchos asociamos dos temas muy populares con el antiguo Egipto: la adoración de los animales y las momias. Ambos se combinaron de forma increíble en las Catacumbas de Anubis, al Norte de Saqqara. La necrópolis de Saqqara era lugar de enterramiento de reyes, plebeyos y animales sagrados.

Millones y millones de momias de animales han sido descubiertas, protegidas bajo la oscuridad de innumerables túneles excavados bajo la ubicación de la pirámide más antigua de Egipto. Esta inmensa cantidad de asombrosos restos animales conservados no sólo significa la constatación de un claro fenómeno cultural y religioso, sino que también nos habla de la necesidad de una industria momificadora que funcionara para poseer una fuente constante de tributos a los dioses.

Las Catacumbas de Anubis al Norte de Saquara”, un estudio publicado este mes en la revista arqueológica Antiquity, se centra en el mundo subterráneo asociado con los templos dedicados  a deidades animales del antiguo Egipto.

Perro momificado, 305 a. C.-395 d. C. Restos animales, lino, pintado. Museo de Brooklyn

Perro momificado, 305 a. C.-395 d. C. Restos animales, lino, pintado. Museo de Brooklyn

Paul T. Nicholson, Salima Ikram y Steve Mills, autores del estudio escriben, " la intención de este nuevo trabajo ha sido la de investigar los cultos animales centrándonos sobre los propios animales, los individuos que manejaron los aspectos del culto (por ejemplo, los criadores de animales y  sacerdotes) y las estructuras subterráneas asociadas con ellos. Los templos y lugares santos, aunque sin lugar a dudas sean significativos, a menudo sólo son la punta del iceberg".

Mientras que la adoración de animales ha estado asociada, durante mucho tiempo, con el antiguo Egipto, los animales momificados y utilizados para ese objetivo ritual no han sido examinados, en profundidad, hasta hace muy poco tiempo.

Nicholson y sus colegas trazaron un mapa de las catacumbas: una serie de galerías subterráneas que ocupan más de 4946,84 metros cuadrados (53247,34 pies cuadrados). Los investigadores también examinaron las momias para determinar, aproximadamente, cuántas habrían contenido las cámaras subterráneas, además de investigar cómo eran preparados y colocados los animales.

También trabajaron para intentar resolver por qué algunas cámaras aparecían con reveladores restos negros de polvo de momia pero al encontrarlas se hallaban completamente vacías: ¿por qué cientos de miles de cuerpos habían sido extraídos de algunos túneles y otros no?

Las catacumbas de Saqqara servían como lugar de enterramiento para animales que se ofrecían como tributo al dios con cabeza de chacal Anubis. Entre este estudio y otros realizados por egiptólogos de la Universidad de Manchester, podemos llegar a la conclusión de que los millones de perros sacrificados y momificados a esta deidad canina eran sólo una parte de una práctica mucho más extensa de cultos sagrados animales.

Perro momificado, Museo Escuela Taggart, Assuyt, Egipto Medio

Perro momificado, Asyut, Egipto Medio. Museo de la Escuela Taggart (Flickr)


Durante la Primera Dinastía (3100 - 2890 a. C.) se creía que los animales sagrados eran encarnaciones o manifestaciones de sus correspondientes dioses. Así, los perros eran vistos como la encarnación de Anubis.

La directora del equipo de excavación, Salima Ikram, arqueóloga y profesora de Egiptología en la Universidad Americana de El Cairo explica en su artículo, “Killing Man's Best Friend” (“El Mejor Amigo del Asesino”) que como dios del embalsamamiento, Anubis acompañaba al difunto desde este mundo hasta la vida después de la muerte y era visto como el patrón de los viajeros. Por tanto, los perros tal y como se pensaba, habían sido ofrendas votivas a la deidad con cabeza de chacal. Cuanto mejor fuese la calidad de la ofrenda, mejor sería el favor que el creyente podría recibir por parte de Anubis.

Anubis, el dios con cabeza de chacal cuidando de la momia del fallecido.

Anubis, el dios con cabeza de chacal cuidando de la momia del fallecido. Public Domain

Más del 90% de los cuerpos identificados en las catacumbas corresponden a perros y a otros cánidos como zorros y chacales. Muchos pertenecían a pequeños y jóvenes cachorros a los que se habría dado muerte pocas horas después de su nacimiento. La selección de perros más viejos y de mayor tamaño había sido momificada y colocada en ataúdes de madera, ubicados en nichos abiertos en los muros de las cámaras, claro signo de haber pertenecido a esferas sociales elevadas. Incluso se cree que podría tratarse de los cadáveres de animales que hubiesen vivido en el propio templo y que habrían disfrutado de una vida normal hasta el momento de su muerte, tras la cual eran enterrados de forma ceremonial. Los investigadores creen que las criaturas preparadas de una manera más elaborada habrían sido tributos ofrecidos por donantes de alto rango o por sacerdotes.

Ofrendas a un Gato Egipcio’ por John Reinhard Weguelin, 1886-Sacerdotisa-ofrece-leche-y-alimento-a-espiritu-de-gato-fallecido

‘Exequias de un gato egipcio’, óleo de John Reinhard Weguelin, 1886. Una sacerdotisa presenta ofrendas de alimento y leche al espíritu de un gato. (Wikimedia Commons)

Muchos animales muy jóvenes, descritos en el estudio como recién nacidos, se cree que habrían sido ahogados tras nacer o, simplemente, se les habría dejado morir de hambre para cuando estuviesen listos introducirlos dentro de la gran maquinaria de creación de momias que habría mantenido un flujo constante de tributos disponibles.

Sin embargo, la mayor parte de los animales se momificó defectuosamente, descomponiéndose los cuerpos y dejando atrás solamente un montón de huesos y materia orgánica. Sólo se les preparaba de forma superficial: se les ponía al sol para desecarlos, luego se les envolvía con el lino untado en aceite o resina y finalmente se les apilaba de manera ordenada, en las catacumbas. Los animales más grandes sí fueron tratados con un proceso más cuidadoso, incluyendo el desecamiento, la extracción de órganos, y la aplicación de una capa de natrón (una mezcla de sales secantes).

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Animales y partes de animales fueron conservados y envueltos para utilizarse como ofrendas en el antiguo Egipto. Wikimedia Commons

También se encontraron baratijas y figuritas de bronce entre los montones de restos. Estos objetos podrían representar un acto de piedad personal, el cumplimiento de un voto, un regalo ofrecido gratitud a los dioses, o un soborno, escribe Ikram.

Hay que destacar que ninguno de los restos animales descubiertos había sido decorado o preparado como las momias humanas egipcias de fama mundial.

Como en las catacumbas había muchos más restos de perros domésticos que los que sería posible mantener en una ciudad como la Saqqara de entonces, es posible que en la antigüedad existiesen granjas de cachorros o "fábricas" "probablemente en Menfis y sus alrededores, que suministraran la mayor parte de los animales,” afirman los investigadores. No se han encontrado registros escritos al respecto, pero las cantidades contabilizadas hacen de esta una hipótesis probable.

2ª parte: Cómo Operaba la Industria a Gran Escala del Culto Animal en el Antiguo Egipto

Imagen de Portada: Estatua de Hermanubis, un híbrido entre Anubis y el dios griego Hermes. Museo Vaticano (Wikimedia Commons)

Autor: Liz Leafloor




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