Desde hace mucho tiempo se sabe por tallas y pinturas de tumbas que los antiguos egipcios usaban hierros de marcar para marcar su ganado.
Desde hace mucho tiempo se sabe por tallas y pinturas de tumbas que los antiguos egipcios usaban hierros de marcar para marcar su ganado. Ahora, un nuevo estudio presenta evidencia de que también usaron sellos de marca en esclavos humanos , lo que revela que su estado estaba a la par con otras propiedades como el ganado.
Nebamun Supervising Estate Activities, Tumba de Nebamun, hombres marcando ganado mientras el propietario de la tumba, Nebamun, observa y un escriba registra los procedimientos, por Charles K. Wilkinson ( Museo Metropolitano de Arte / Dominio público)
La nueva investigación publicada en The Journal of Egyptian Archaeology revela que los textos del antiguo Egipto se refieren a la venta y transferencia de ganado y señalan a los que tienen una marca o sello y los que no. También hay pinturas que representan bueyes atados, un brasero para calentar un hierro de marcar y un trabajador que usa una marca de mango largo para marcar a los animales. También se han descubierto algunos de estos hierros candentes, que en realidad eran de bronce.
Esclavos de marca
Sin embargo, una colección de 10 hierros de marcar que datan de la dinastía XIX de Egipto ( comenzando c. 1292 a. C.), hasta la dinastía 25 (finalizando en 656 a. C.), probablemente se usaron para marcar la piel de los esclavos humanos, ya que eran demasiado pequeños para uso en ganado.
Hierros para marcar demasiado pequeños para animales
Los hierros para marcar para el ganado suelen tener cuatro pulgadas de ancho o más. Más pequeño que esto y la marca se vuelve ilegible a medida que crece el ternero. Pero una colección de pequeños hierros de marcar del antiguo Egipto son solo un tercio de ese tamaño, el mismo tamaño que los hierros de marcar utilizados por los europeos en esclavos humanos en el siglo XIX.
La autora del estudio, la Sra. Karev, que es becaria de enseñanza postdoctoral en humanidades en la Universidad de Chicago, también se refiere a la evidencia textual en forma de escritos del antiguo Egipto que hablan de «marcar» a los esclavos. A menudo se ha asumido que los esclavos fueron marcados con tatuajes, sin embargo, la Sra. Karev presenta evidencia sustancial de que los tatuajes en el antiguo Egipto se usaban exclusivamente con fines religiosos y decorativos, mientras que la marca se usaba para marcar la propiedad.
La esclavitud en el Antiguo Egipto
Había tres tipos de esclavos en el Antiguo Egipto: esclavos muebles, que en su mayoría eran cautivos de guerra; trabajadores en servidumbre, que eran individuos que se vendían a sí mismos oa sus hijos como esclavos para pagar deudas; y trabajadores forzados, que eran trabajadores contratados por el antiguo gobierno egipcio. Se les exigía que realizaran trabajo como un deber para con el Estado, pero se les pagaba un salario por su trabajo.
Alivio egipcio de enemigos derrotados y esclavizados en el templo de Abu Simbel. Fuente: imagoDens / Adobe Stock
Antonio Loprieno, egiptólogo de la Universidad de Basilea en Suiza, le dijo a WordsSideKick.com que el «marcado» solo se realizaba en esclavos que eran extranjeros.
El nuevo estudio sugiere que, si de hecho los humanos fueron marcados, estos esclavos extranjeros fueron vistos como nada más que una propiedad o una mercancía para ser comprada y vendida.
Imagen de portada: Un hierro candente, imagen representativa. Fuente: Por ines / Adobe Stock
Una ballena ha vuelto a quedar varada en la costa de Barcelona. El cetáceo ha sido encontrado este martes en el paseo de l'Escullera, en el distrito de Sants-Montjuïc, que da de rompeolas al recinto del puerto, y se trata de un ejemplar más bien pequeño de unos tres metros de longitud aproximadamente. Por lo visto, el animal llevaría ya días en la zona en estado muy avanzado de descomposición. Aunque no afecta a la circulación habitual de barcos, por lo que no habría llamado la atención de las autoridades ni de los mercantes y cruceros.
La ballena no será retirada y se encuentra en "estado avanzado de descomposición"
Efectivos de bomberos y salvamento marítimo se han desplazado a la zona este martes para comprobar el animal atascado. Poco después han podido ver que el cetáceo estaba muerto y "en estado de descomposición", por lo que han asegurado que llevaría allí varios días. Por ello, desde la autoridad marítima han decidido no retirarla de donde está. Principalmente, porque no afecta a la actividad portuaria ni tampoco a la zona, dado que se ha quedado atascada en el rompeolas.
Por otro lado, desde el puerto de Barcelona ha explicado que este fin de semana había restos de ballena en el mar, pero "fuera del recinto portuario" y que eran, fundamentalmente, trozos en descomposición. Esto recuerda al último cetáceo que quedó atascado en la costa de la ciudad condal, en agosto de 2022, aunque en este caso sí que fue retirada y trasladada mar adentro por efectivos de la Guardia Civil. Estos hallazgos se han vuelto más habituales los últimos años, pero no hay un patrón exacto que explique la frecuencia, muerte y llegada a Barcelona de las ballenas.
La Vergüenza de AENA devora el aparcamiento Vacío de seis plantas de la T2 de El Prat .
Mientras los trabajadores pagar por dejar su vehículo
Varias personas malviven sin agua ni luz en las instalaciones abandonadas del aeropuerto
Los carritos son el único elemento que recuerdan en el interior del oscuro edificio que a pocos metros se encuentran los turistas y el luminoso mural de Miró
Llibert Teixidó
LUIS BENVENUTY, DAVID GUERRERO, LLIBERT TEIXIDÓ ........LaVanguardia
La miseria está devorando el aparcamiento exterior de seis plantas en la terminal 2 del aeropuerto de El Prat. En verdad lo hace desde hace años. Ahí al lado la gente se baja del taxi, arrastra sus maletas con ruedas, mira la hora apresurada. Todos reparan en el mural de Miró y nadie en la ropa tendida en la primera planta de este inmenso parking vacío.
La precaria vida en el interior es visible desde el exterior
Llibert Teixidó
Donde antes accedían los coches, ahora se abre un agujero muy mal disimulado en una valla. Dentro, las sombras se escabullen rápidamente, como fantasmas miedosos. Montañas de inmundicia se levantan de un modo arbitrario, acá, allá. Un montón de cables destripados cuelgan del techo, se balancean de un lado a otro. Las paredes pintarrajeadas le dan un aire distópico. No vengas, dice una. Atención, advierte otra.
“¿Cuánto tiempo llevo aquí? –responde un hombre con la cara del todo tatuada y los lóbulos de las orejas descolgados, en la primera planta– Pues no sé, tres o cuatro años. Tú vives en la tercera planta ¿no? Me pareció que...”. Las cajas de servicios están descuajaringadas. Las de los extintores se han convertido en parrillas donde la gente cocina alimentando el fuego con cualquier cosa. No hay luz. Ni agua. Los grifos de los lavabos también desaparecieron. La oficina de información se convirtió en una gigantesca letrina. El cobre ha sido arrasado.
La caja del extintor hace la función de hornillo en la que encienden el fuego con unas maderas para cocinar
Llibert Teixidó
Esto es lo que ocurre con las infraestructuras desaprovechadas, infrautilizadas, desechadas. Este aparcamiento con capacidad para 2.600 vehículos fue construido por Aena en el 2003 y apenas funcionó unos años. Se cerró en el 2009, cuando el grueso de los vuelos se trasladó a la flamante terminal 1 y lleva desde entonces dejado de la mano de Dios. Abandonado, ignorado, olvidado. Ningún otro participio explica mejor el origen de todo esto.
Las personas que viven en este lugar han tratado de dignificarlo todo lo posible
Llibert Teixidó
Iván, así se llama el hombre de los tatuajes y los lóbulos estirados, camina con dificultad, apoyándose en un carrito para llevar el equipaje –aquí encuentras docenas de carritos para llevar el equipaje– porque tiene una pierna muy maltrecha y encima el otro día le despertaron los mordiscos de unas ratas. “Adelante, adelante –dice mostrando el camino, arrastrando sus largas palabras, dibujando todo el rato una sonrisa muy amistosa– ¿Queréis tomar algo? ¿Un zumo, una cervecita, un whisky? ¡Tengo whisky! Pasad, por favor, pasad ¡Floren, ven tú también!”.
Iván entra en una suerte de recibidor flanqueado por pareos, tablas y palés, con un pequeño armario, una mesita de café, algunas mantas, un colchón, un sofá... “Sentaros, por favor”. Alcohol levanta la cabeza. “Alcohol, ¡tranquilo!”, le pide Iván a su perro. Sí, el perro de Iván se llama Alcohol. “¿Y una tónica? ¡Tengo un montón de latas de tónica! ¿Queréis una tónica?”. Alcohol se despatarra de nuevo. Iván lo abraza con cariño, le rasca el cuello. El perro responde moviendo una pata de un modo repetitivo y alegre. Como hacen los perros contentos. “Este no es mi cuarto, es el de un amigo. Él tiene sus cosas ahí, donde duerme –agrega señalando la puerta encadenada de otra dependencia, en lo que fue un cuarto de máquinas–. Aquí pues simplemente nos reunimos y eso, algunas veces. Yo tengo mi espacio junto a los ascensores, al otro lado. Allí da más el sol. Me gusta más”.
Los habitantes del aparcamiento han creado un espacio con palés y colchones donde comparten momentos
Llibert Teixidó
Floren, en cambio, no se muestra tan dicharachero. Las visitas no le hacen tanta gracia. Coge una lata de tónica, se aleja de la cámara y las preguntas y musita que vive en este aparcamiento desde hace apenas un par de meses, que de vez en cuando trabaja como guardia de seguridad, que al final no tuvo dónde ir... “Si trabajas por temporadas a veces no llegas –agrega bajando la mirada, huidizo, mirando el suelo y sus pies–. Te quedas fuera. Aquí, bueno, no hay ni agua ni luz, y por las noches hace mucho frío. Lo que hay es mucho espacio y todo el mundo puede montarse su rincón sin molestar a nadie. Aquí vive mucha gente, diez, veinte, no sé, cada uno va a lo suyo, desde hace mucho tiempo... y otros vienen unos días y luego se van, pero esos no son muchos, no sé... y a lo mejor alguien te roba, pero nadie se mete con nadie”. A Floren lo que de veras le pasa es que tiene miedo de no salir nunca de aquí, de quedarse aquí para siempre, mientras le devora la miseria.
De la primera a la sexta planta, que queda a la intemperie, han sido desmanteladas y solo queda aquello que no tiene valor
Llibert Teixidó
“Los bajos. ¡A mí me robaron dos bajos que tenía! –tercia Iván, de repente resignado, con sus tatuajes, con sus lóbulos, con su sonrisa–. Dos bajos que tenía yo... porque soy músico ¡soy punky! Pero las drogas, ya sabes... ¡Ahora estoy tomando metadona! Tengo una incapacidad y una pensión de 290 euros, y voy al Mercadona de El Prat. A veces paso por la Cruz Roja, a que me curen. Tengo estos mordiscos en la pierna que no se termina de curar. ¿Ves? Tengo que ir yo porque aquí no viene nadie. ¿Entiendes? Al aeropuerto no, allí ya no voy. Aquí antes teníamos luz y agua, hace años. Pero se llevaron todos los cables y todos los grifos. Venían personas de todas partes, a por el cobre, a por el plomo. Venid, vamos. ¡Os enseñaré mi cuarto!”. Iván se apoya de nuevo en un carrito y muestra su cama en el vestíbulo donde antes los viajeros cogían el ascensor.
Iván camina por el vestíbulo convertido en habitación suya y de otras dos personas
Llibert Teixidó
Hasta en los lugares más mugrientos, espantosos y desesperanzados encuentras un amago de humanidad, un intento de hacer del horror un hogar. Como una foto de Iván con una voluntaria de la Cruz Roja, un póster de Banksy colgado con esmero porque queda bonito, un par de libros de poemas... Lo que ocurre es que a medida que subes una planta tras otra la desazón se instala en tu estómago. Apartas las jeringuillas con los pies. Miras por la barandilla y te asomas a un abismo de porquería.
La inmundicia se acumula por todos los rincones del edificio abandonado desde hace más de una década
Llibert Teixidó
“Hola”, dices cada vez que doblas una esquina, para no sorprender a nadie, para que nadie se asuste. “Hola. ¿Hay alguien ahí?”. “¿Sí? –responde Pedro, entre las sombras, asomando la cabeza entre dos pareos instalados a modo de cortina en la puerta de lo que fue un cuarto de máquinas–. ¿Quién es?”.
Pedro tiene 35 años, y también perdió la cuenta de cuántos lleva viviendo en este aparcamiento. “Aquí puedes tirarte toda la vida, la verdad. Algunos se murieron aquí de viejos ¡y todo el mundo lo sabe! Todo el mundo sabe que vivimos aquí. Los del aeropuerto, los de los servicios sociales. ¡Todos nos ven por los alrededores! Pero se hacen los locos, como si no existiéramos. Nadie nos pregunta si estamos bien, si necesitamos algo...”, narra Pedro, cansado de esperar una plaza en un albergue que nunca llega.
El espacio ocupado por un hombre que se fue hace unos meses se encuentra tal cual lo dejó
Llibert Teixidó
La situación, además, ha ido empeorando en este lugar. “Antes teníamos agua caliente en los baños del aeropuerto, pero la quitaron porque algunos son muy brutos y se lavaban allí mismo. Yo me lleno mis garrafas y luego las caliento. Aquí, lo malo, es el frío... Es que no consigo salir de aquí. Porque encuentro trabajo, de vez en cuando, pero siempre es temporal... ¿Sabes que yo trabajé una temporada en el Burger King de aquí enfrente? Entonces solo tenía que cruzar la calle y luego regresaba a dormir”.
Los servicios sociales están pendientes
Aena tiene un convenio con los servicios sociales de la Generalitat, que disponen de un equipo asignado al aeropuerto de El Prat para tratar de resolver estas situaciones invisibles para los viajeros pero muy fáciles de detectar para los conocedores de la infraestructura. “Siempre que se detectan personas sin hogar en instalaciones del aeropuerto se activan los protocolos con los servicios sociales para ayudar a nivel local y, en el caso de personas extranjeras, facilitar el retorno”, aseguran fuentes del gestor aeroportuario. La situación se complicó especialmente al llegar la pandemia, cuando se cerraron las terminales aeroportuarias a todas las personas sin billete y tuvieron que buscarse la vida en los alrededores.
Si salen de los terrenos de Aena, es el Ayuntamiento de El Prat quien se encarga de su acompañamiento y seguimiento. Actualmente tienen identificadas a seis personas que malviven en chabolas o de manera precaria en el entorno del aeropuerto, una cifra muy inferior a la que se daba en el pasado.
Los vendedores de drogas a veces no seleccionan con suficiente cautela a sus clientes. Tanto es así que este viernes, en torno a las 20.15 horas, un hombre ofreció cannabis a dos agentes de paisano en Granada (Andalucía) con el habitual marketing de calle: "Hermano, ¿quieres marihuana"?. El individuo, que ha acabado detenido por la Policía Local de la capital provincial andaluza, llevaba las bolsas de esta sustancia estupefaciente en las manos, lo cual facilitó su arresto. Sin embargo, fue pura casualidad ya que las patrullas allí presentes, todas de forma camuflada, llevaban a cabo un dispositivo contra la venta ambulante en la zona de la calle Calderería.
Antes de ser detenido les dijo los precios de la marihuana
El hombre, en su modus operandi habitual, seguía intentando captar nuevos clientes para vender la marihuana. Tanto es así, que llegó a intentar influir en su decisión de comprar con los precios del gramo: "A diez euros". Los agentes, tras todo este espectáculo y al ver que el individuo no los había reconocido al ir de paisano por la calle, sacaron su placa de identificación como policías, según han explicado en su cuenta de Twitter la Policía Local de Granada.
Una vez vio la identificación, la transacción quedó cancelada y la venta de aquella noche suspendida. Los agentes lo detuvieron y ya ha pasado a disposición judicial. Aunque la policía estaba allí po una razón totalmente distinta, al final acabaron arrestando a una persona que se dedicaba al tráfico de drogas, pese a ser en pequeño formato, en los alrededores de la calle Calderería de Granada.
Los Mossos d'Esquadra han detenido a dos personas, dos jóvenes, los dos de 21 años y de nacionalidad marroquí, que el pasado miércoles, 9 de noviembre, asaltaron a un hombre en medio de la calle de la Cort, en Vilafranca del Penedès (Barcelona). Los dos autores agredieron con extrema violencia a su víctima, lo tiraron al suelo, le propinaron múltiples puñetazos a la cabeza, llegando incluso a intentar herirlo con un cuchillo de grandes dimensiones, con la intención de sustraer la cadenilla de oro que llevaba al cuello. Cuando el hombre estaba en el suelo, los dos ladrones escaparon. La víctima, que se pudo levantar, los siguió, pero se pudieron escapar.
Después de la alerta dada por los vecinos, agentes de la Policía Local de Vilafranca se desplegaron en la zona y los pudieron localizar y detener, en una calle a tocar, también en el centro de la capital del Alt Penedès. Los dos jóvenes, al ver que los policías iban a por ellos, tiraron el cuchillo que llevaban, de una hoja de 33 centímetros, e intentaron escapar, aunque fueron arrestados.
Eran conocidos de la policía. El asalto de estos ladrones multirreincidentes exprés quedó grabado y compartido a internet, dónde el vídeo se hizo viral. El día antes la Policía Local ya les había detenido por un robo a interior de vehículo.
Dos hombres armados asaltan el vehículo de la presidenta de Eulen que viajaba con escolta
El escolta disparó a los atacantes antes de que
huyeran. Ni la mujer ni el vigilante han sufrido
heridas.
El conductor de la empresaria tuvo que realizar
una maniobra brusca e impactó contra una farola.
María José Álvarez, de Eulen.GRUPO EULEN
Dos hombres armados asaltaron desde un coche y encañonaron con sus pistolas a otro vehículo en el que viajaba la presidenta del Grupo Eulen, María José Álvarez, conducido por su escolta, que disparó a los atacantes antes de que huyeran del lugar, sin que ni la mujer ni el vigilante sufrieran heridas.
Fuentes próximas a la investigación han indicado que el suceso ocurrió poco ante de las dos de la madrugada del pasado lunes en la calle de José Bastos, en el distrito de Moncloa-Aravaca, en Madrid, cuando el coche en el que viajaba la empresaria y conducía un escolta privado fue interceptado frontalmente por otro coche, un Renault Scenic.
Los servicios sanitarios atendieron a la mujer del fuerte choque sufrido en el costado derecho y por crisis de ansiedad
De este vehículo, según las mismas fuentes, se bajaron dos hombres armados que encañonaron el de la presidenta de esta empresa de servicios sociosanitarios y de limpieza, mientras otro coche cortaba por detrás el paso del Mercedes.
En ese momento el escolta realizó tres disparos con su arma e, inmediatamente, los coches de los supuestos asaltantes huyeron del lugar.
El escolta de la empresaria también realizó una maniobra brusca e impactó contra una farola.
Thank you for watching
Los servicios sanitarios atendieron a la mujer del fuerte choque sufrido en el costado derecho y por crisis de ansiedad, en tanto que el hombre no sufrió ninguna lesión.
Un montón de vecinos de la Barceloneta están que trinan. El Ayuntamiento quiere preservar la arquitectura tradicional del barrio más marinero de Barcelona, y las comunidades de propietarios que de algún modo reformen sus fincas han de retirar aquellas barandillas, persianas, rejas y demás elementos que desentonen con la composición original de la fachada. Y poner otros más apropiados.
“Lo que pasa es que las comunidades se tiran un montón de años de derrama en derrama –dice Manel Martínez, de la asociación de vecinos–, para financiar las reformas de la fachadas, para pasar la inspección técnica de edificios... y cuando ya tienen el proyecto hecho, el andamio puesto y el permiso de obras del Ayuntamiento, van los del Institut Municipal del Paisatge Urbà y les dicen que las rejas que tienen no se ajustan a la composición original de la finca y que tienen que quitarlas. ¿Y qué está haciendo la gente? Pues pasar de la inspección técnica de edificios, hacerse los tontos, alargarlo todo. Aquí en las comunidades hay mucha gente mayor que va siempre muy justa”.
Aquí en la Barceloneta, en esta particular península, en este apéndice de la ciudad, la gente es muy suya, y no se anda con tonterías. Si fuera por ellos, ni un botellón habría tenido lugar en la playa durante la pandemia. “A ver, que los del Paisatge Urbá siempre han sido muy puntillosos con el color y esas cosas –abunda Martínez–, pero con las rejas no se metían. Y aquí en la Barceloneta nadie está dispuesto a retirarlas”.
“Aquí, en los bajos y en los primeros, sin unas buenas rejas, te ocupan o te roban”, denuncia la asociación vecinal
“¿Quitar las rejas?, ¿para poner otras?”, lamenta Sergio Arnàs ante el andamio instalado frente a la fachada de su edificio, en la calle Sant Miquel, mostrando un montón de notificaciones del Ayuntamiento. "Si no fuera por estas rejas, ya nos habrían ocupado los bajos, y a mí me habrían entrado en casa. Aquí las rejas son necesarias incluso en los primeros pisos. ¡Hay gente que se encarama a una furgoneta para robarte la colada! Yo colaboro con un equipo de futbito, y así se me llevaron las equipaciones una vez, cuando las tenía tendidas, ¡no te puedes confiar”. Y entretanto, Martínez, el de la asociación del barrio, asiente, una y otra vez. “Porque precisamente ahora llegan los peores meses del año en materia de seguridad –augura–, porque los guiris vienen menos, y los delincuentes roban más a la gente del barrio”.
Fuentes municipales responden que la preservación del patrimonio no es incompatible con la seguridad, que el Consistorio no prohibe la instalación de rejas, que solo veta aquellas que no mantienen la homogeneidad con el resto de elementos de la fachada. La verdad es que aquí la mayoría de bajos y primeras plantas cuentan con generosas rejas, y también es cierto que muchas de ellas tienen poco que ver con aquellas composiciones originales. Las de ballesta, quizás las más prácticas, son también las que más daño hacen a la vista.
El Consistorio veta las que no mantienen la homogeneidad con el resto de elementos de la fachada
“Y también nos dicen que hay que sacar los aparatos de aire acondicionado de los balcones –lamentan a coro Martínez y Arnàs–. Que tengas que quitarlos de las fachadas se entiende, pero de los balcones...”. “Y también se están metiendo con las persianas, que tienen que estar dentro del marco, y no por fuera, cuando de toda la vida la gente siempre las puso por fuera”. Porque así uno protege la colada tendida de los excrementos de las gaviotas.
Las fuentes municipales insisten en que el Ayuntamiento únicamente requiere que las rejas no desentonen, como las de forja. “El Ayuntamiento ofrece asesoramiento y acompañamiento para la restitución y colocación de los nuevos elementos. Además, las comunidades de propietarios pueden solicitar las ayudas municipales vinculadas a la recuperación del patrimonio arquitectónico de la ciudad y la mejora del paisaje urbano”.
“Sí, ayudas –responden los vecinos– ¡lo que nos faltaba!”.