lunes, 24 de agosto de 2026

Canal Gastronomia : Gastronomía de Extremadura

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Extremadura se come despacio y se come de pie sobre dos cosas que no se ven en el plato pero se sienten: la dehesa y el humo. La dehesa, ese bosque aclarado de encinas y alcornoques donde el cerdo ibérico engorda solo, a base de bellota, de octubre a marzo —aquí lo llaman "la montanera"—, y donde pastan las ovejas merinas y las vacas retintas que luego acaban en la caldereta. Y el humo: el del pimentón de la Vera, que no se seca al sol como el de otras tierras, sino sobre brasa de leña de encina y roble durante días, hasta que se queda ese color granate y ese punto ahumado que delata cualquier guiso extremeño antes de probarlo.

Es una cocina sin mar, hecha de interior puro, y eso la marca entera. Donde no hay pescado de costa hay tencas de charca y bacalao traído de lejos; donde no sobraba la carne, se inventó la patatera para estirar el cerdo; donde el pan se ponía duro, nacieron las migas, los repápalos y el cojondongo. Cocina de pastor, de aprovechamiento y de paciencia, que ha sabido volverse fina sin perder el barro. Y luego está la dulcería de convento, la de las monjas de clausura, con la técula mécula de Olivenza guardando todavía su receta bajo llave.

Esto es lo que se come en Extremadura, plato a plato, contado desde dentro.

Platos

Sartén de migas tradicionales doradas con ajo y pimentón
Ristras de patatera, embutido extremeño de pimentón
Patatera extremeña untada sobre pan

Migas extremeñas. El desayuno del pastor convertido en plato de domingo. Pan duro del día anterior, cortado fino y humedecido la noche antes, rehogado muy despacio en aceite con ajo y panceta o chorizo, y rematado con el pimentón —a ser posible de la Vera— que les da el color y el alma. Lo que las vuelve inconfundibles es ese punto ahumado del pimentón y la chacina de la tierra; y luego, al lado, el contraste dulce de un racimo de uvas, melón o una granada desgranada, esa costumbre del campo de cruzar lo salado con la fruta del tiempo. Hay quien las corona con un huevo frito o una sardina. No son patrimonio exclusivo de aquí —media España las hace—, pero esta versión tiene firma propia.

Caldereta de cordero (o de cabrito). El guiso de las fiestas, el que se hace en caldero de hierro sobre fuego de leña y se remueve sin prisa más de una hora. Cordero o cabrito en trozos, cebolla, pimiento, mucho ajo, pimentón y un majado de hígado del propio animal que liga la salsa y le da hondura. En el norte, en la sierra, se prefiere el cabrito; en el llano, el cordero merino. Es un plato de comunidad, de matar el animal y repartirlo, y por eso siempre se cocina en cantidad.

Frite. Cordero o cabrito troceado pequeño y frito en su propia grasa con ajo, laurel y pimentón, hasta que la carne se confita y queda casi crujiente por fuera. Más seco que la caldereta, más concentrado, es de esos platos que saben mejor recalentados al día siguiente. La cocina extremeña tiene esa virtud: casi todo gana con la espera.

Chanfaina. Aquí se entra en terreno serio. La chanfaina extremeña se hace con la asadura del cordero —hígado, bofes, sangre— guisada con pan, arroz, pimentón y especias, en una preparación que no se anda con remilgos. Tiene tanto arraigo que hay localidades que le dedican fiesta. Es la prueba de que esta tierra no tira nada del animal: la frase "del cerdo hasta los andares" vale aquí también para el cordero.

Patatera y la matanza. La patatera es el embutido más extremeño que existe y, a la vez, el más humilde: magro y grasa de cerdo amasados con patata cocida y mucho pimentón, embutidos y curados, pero pensados para untar en pan caliente, no para cortar en lonchas. Nació para estirar la carne en casas donde el cerdo tenía que durar todo el año; hoy es delicatesen. De la misma matanza salen la morcilla patatera, el buche, la chorizada y "la prueba": esa primera fritura del adobo que se cata para corregir de sal y pimentón antes de embutir, y que se convierte en fiesta de cocina.

Zorongollo. La huerta a la brasa. Pimientos rojos asados al fuego, pelados con paciencia, cortados en tiras y aliñados con ajo crudo, comino, buen aceite y a veces tomate asado y huevo duro. Frío, de verano, para mojar pan sin parar. Sencillo hasta la humildad y, bien hecho, inolvidable.

Cojondongo. El "gazpacho" del trabajador del campo, pero no líquido como el andaluz: un majado espeso de miga de pan, ajo, pimiento verde, tomate y comino, aliñado con aceite y vinagre, que se comía a cucharadas en pleno tajo para aguantar la jornada. Más mortero que batidora, más rústico, más antiguo. Pura comida de subsistencia ascendida a manjar.

Tencas. En una tierra sin costa, el pescado vino de las charcas y los embalses. La tenca, pez de agua dulce, se come frita y crujiente o en escabeche con su laurel y su vinagre, y tiene comarca propia y fiesta. Es la respuesta extremeña a la falta de mar, y dice mucho de cómo aquí se cocina con lo que hay, no con lo que se desea.

Dulces

Sapillos o repápalos dulces extremeños en su leche
 
Técula mécula, tarta extremeña de almendra y yema, sobre blonda

Repápalos con leche (o sapillos). Cocina de aprovechamiento de manual: miga de pan empapada en huevo batido con azúcar, formando bolitas que se fríen y luego se hierven en leche aromatizada con canela y cáscara de naranja o limón. Se sirven en cuenco, con su leche, y se toman a cuchara, mejor fríos de un día para otro. Hay versión de Semana Santa y versión de cualquier domingo de abuela. El nombre cambia según el pueblo —sapillos, huevecillos de pan—, pero el gesto es el mismo: convertir el pan que sobraba en un postre tierno y tibio. Modesto, sí. Memorable, también.

Técula mécula. El emblema dulce de Extremadura, de Olivenza, esa localidad de aire portugués pegada a la raya. Una tarta densa de almendra molida, yema de huevo, azúcar y manteca, sobre base de hojaldre. Se cuenta —y conviene tomarlo como lo que es, una historia bonita— que una confitera de Olivenza halló la receta en un viejo baúl, la registró a mediados del siglo XX y la guarda en secreto, transmitiéndola de padres a hijos. Verdad o leyenda, el dulce existe y es de los que se comen casi de un bocado.

Perrunillas. Las galletas de la repostería conventual: manteca de cerdo, harina, azúcar y huevo, crujientes por fuera y arenosas, casi deshaciéndose, por dentro. De convento y de bautizo, de bandeja en las casas cuando hay visita.

Bollos de chicharrones. Aquí está la genialidad: los chicharrones son la grasa salada que sobra de la matanza, y con ellos se hacen unos bollos dulces de Navidad. Lo salado del cerdo dentro de un dulce, otra vez ese cruce extremeño que no le teme a mezclar registros.

Muégado y floretas. El muégado, masa frita con anís y bañada en miel, propio de Semana Santa. Las floretas (o flores extremeñas), masa fina fría en molde con forma de flor, espolvoreada de azúcar, que se preparaban para agasajar a los invitados en bodas, comuniones y carnavales. Dulce de sartén, de los que perfuman la casa entera mientras se hacen.

Bombón de higo. El higo de la dehesa, secado al sol, envuelto en chocolate. Una golosina pequeña que resume el sur extremeño: dulzor de secano y poco más, porque no hace falta más.

Bebidas

Vinos extremeños de Ribera del Guadiana (DO)

Vinos Ribera del Guadiana (DO). La denominación del vino extremeño reúne seis subzonas que parecen seis mundos —Tierra de Barros, Matanegra, Ribera Alta, Ribera Baja, Montánchez y Cañamero—, y de ahí salen vinos para todo: tintos golosos y carnosos de tempranillo, blancos frescos de pardina y cayetana, rosados de sangrar. El corazón es Tierra de Barros, esa llanura de arcilla roja que retiene el sol y lo devuelve en uva madura. Son vinos de tierra ancha y verano largo, hechos para la mesa: para la caldereta, el frite, el queso fuerte.

Cava de Almendralejo. Sorpresa para muchos: Extremadura hace cava, y bueno. En Almendralejo, en plena Tierra de Barros, las bodegas elaboran espumoso por el método tradicional, con su segunda fermentación en botella y sus meses de crianza sobre lías. Burbuja fina y precio sin pretensiones, el secreto mejor guardado del aperitivo extremeño.

Vino de pitarra. Aquí está el alma de verdad. La pitarra es el vino casero extremeño, el que se hace en tinajas de barro en la propia bodega del pueblo, joven, rústico, sin maquillaje, para beber entre vecinos. Es el vino de las matanzas y de las fiestas, el que acompaña las migas en el campo. No busca etiqueta: busca compañía.

Licores de la tierra. Para rematar la sobremesa, los destilados caseros: aguardiente, licor de bellota —tan de la dehesa que parece mentira—, de cereza del Jerte, de hierbas serranas. Caseros, contundentes, de los que se sirven en vasito pequeño y duran toda la tarde.

Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas

Torta del Casar abierta, queso cremoso extremeño que se unta

Extremadura es, sin exagerar, una de las despensas con sello de España. Estos son sus distintivos europeos, verificados en el registro oficial.

Denominación de Origen — vino

  • Ribera del Guadiana (DO).
  • Vino de la Tierra de Extremadura (IGP de vino).

Denominación de Origen Protegida (DOP)

  • Quesos: Torta del Casar, Queso de la Serena, Queso Ibores, Queso de Acehúche.
  • Jamón ibérico: Dehesa de Extremadura.
  • Pimentón: Pimentón de la Vera.
  • Fruta: Cereza del Jerte.
  • Miel: Miel Villuercas-Ibores.
  • Aceites de oliva virgen extra: Gata-Hurdes, Monterrubio, Aceite Villuercas-Ibores-Jara.

Indicación Geográfica Protegida (IGP)

  • Carnes: Ternera de Extremadura, Cordero de Extremadura, Vaca de Extremadura.

Pocos lo saben, pero en Almendralejo se elabora cava por el método tradicional, burbuja extremeña con todas las de la ley. Y las dehesas del oeste crían algunos de los mejores cerdos ibéricos de bellota de España, alma del jamón con sello propio: la DOP Dehesa de Extremadura.

Detalle que pocos cuentan: la cremosidad casi líquida de la Torta del Casar y del Queso de la Serena no viene de ningún cuajo animal, sino de la flor del cardo silvestre. Ese cuajo vegetal es el que les da el punto amargo del final y la pasta tan fundente que a veces rezuma por las grietas de la corteza. Y la picota del Jerte se reconoce porque se recolecta sin rabito: el pedúnculo se queda en el árbol.

La despensa de Extremadura

Hay cuatro productos que casi nunca salen al escenario, pero que están detrás de todo lo que has leído. Son la sombra de la cocina extremeña.

El pimentón de la Vera (DOP). No es un plato, es el alma de casi todos. Ese rojo ahumado que tiñe la patatera, los embutidos, las migas y el frite se hace secando los pimientos sobre humo de leña de encina y roble, lento, durante días. Quita el pimentón de la Vera y Extremadura pierde su color y su olor.

El aceite de oliva (DOP Gata-Hurdes, entre otros). La base invisible de todo guiso, todo asado y media dulcería. Olivares viejos en laderas imposibles del norte, con la manzanilla cacereña dando un aceite denso y frutado que casi nadie nombra cuando come, pero que está siempre.

El higo. Dulzor de secano que se seca al sol y luego aparece en los bombones, en el pan de higo, como guarnición del ibérico o, simplemente, en la mano a media tarde. La dehesa también da postre.

La castaña. En el norte húmedo —Las Hurdes, Sierra de Gata, el Ambroz—, los castañares dieron de comer durante siglos antes de que llegara la patata. Asada en otoño, en harina, en guiso, es la sombra dulce de la sierra extremeña.

Y de la mesa a la calle: Extremadura no se entiende solo comiendo, sino en sus fiestas, donde la caldereta, el vino de la Ribera y el dulce de convento salen del plato y se vuelven celebración.


Canal Gastronomia : De Madrid a Sevilla: dónde probar las 15 mejores tartas de queso de España

  CanalGastronomia

Hay pocos postres que despierten tanta devoción como la tarta de queso. Clásica o reinventada, con interior casi líquido o de textura más firme, este icono de la repostería vive desde hace años una auténtica edad de oro. Tanto es así que cada 30 de julio se celebra el Día Mundial de la Tarta de Queso, una fecha dedicada a uno de los dulces más universales, cuyos orígenes se remontan a la Antigua Grecia, donde ya se elaboraba como alimento energético para los atletas olímpicos.

Para celebrarlo, hemos seleccionado algunas de las tartas de queso más apetecibles del país. Desde versiones fieles a la receta tradicional hasta propuestas de autor con ingredientes inesperados, estas son las direcciones que todo amante del cheesecake debería apuntar.

Ya sea en su versión más tradicional o reinterpretada con ingredientes como parmesano, pistacho, queso de cabra o frutas de temporada, la tarta de queso sigue demostrando que es uno de los postres más versátiles y queridos. Y si necesitabas una excusa para salir a probar una nueva, hoy, tienes la mejor de todas: celebrar el Día Mundial del mejor postre recorriendo algunas de las direcciones que mejor la preparan en España.

Las 15 mejores tartas de queso de España

Latasia (Madrid)

Con un interior cremoso, un dulzor perfectamente medido y una combinación de quesos elegida para aportar profundidad y personalidad a cada bocado, esta receta de queso es receta de Roberto Hernández, chef del restaurante Latasia, y ha sido reconocida como una de las tres mejores del Concurso de la Mejor Tarta de Queso de Madrid 2025, organizado por la Asociación de Cocineros y Reposteros de Madrid (ACYRE Madrid).

Los secretos de esta dulce tentación suceden mucho antes de encender el horno: una vez mezclados todos los ingredientes, recomienda dejar reposar la preparación durante 24 horas para que los distintos quesos se integren y el resultado gane en equilibrio y matices. La textura también puede ajustarse al gusto de cada comensal. "Si no quieres que la tarta quede demasiado líquida, lo mejor es sustituir parte de la nata por queso crema; sí, por el contrario, prefieres que no sea demasiado densa, basta con aumentar la proporción de nata y reducir ligeramente la de queso crema", explica Roberto.

Además, la presentación se aleja de la fórmula más clásica. La tarta se hornea en cazuelas individuales y prescinde de la habitual base de galleta en favor de un crumble que se añade al final. El resultado es un delicado contraste entre la cremosidad del relleno y el toque crujiente de la cobertura, una combinación que deja todo el protagonismo a la verdadera estrella: una tarta de queso intensa, sedosa y memorable.

Dirección: P.º de la Castellana, 115. Madrid

Precio: 7,85€

Li-Onna (Madrid)

Si buscas una versión elegante y delicada, en Li-Onna encontrarás una tarta elaborada con queso crema, nata, huevo y base de galleta que destaca por su textura especialmente cremosa. Se sirve acompañada de un helado de yogur que aporta el contrapunto fresco perfecto.

Dirección: Recoletos, 1, Salamanca, 28001, Madrid.

Precio: 15€

Bosco de Lobos (Madrid)

Ubicado en el COAM, Bosco de Lobos apuesta por una receta elaborada con queso parmesano que demuestra que este postre también admite perfiles más intensos. Cremosa, refinada y con un marcado carácter mediterráneo, es una de las propuestas más originales de la selección.

Dirección: Hortaleza, 63, Madrid.

Precio: 8€

Ôven Mozzarella (Madrid)

En Ôven Mozzarella la sencillez se convierte en virtud. Su tarta combina un interior extremadamente cremoso con un exterior ligeramente caramelizado, logrando ese contraste de texturas que nunca falla y que encaja a la perfección con la filosofía de una cocina donde el horno es el protagonista.

Dirección: Prado, 25. Madrid

Precio: 7,90€

Superchulo (Madrid)

Quienes prefieran una versión más creativa encontrarán en Superchulo una de las propuestas más llamativas. Su cheesecake Say Cheese incorpora pistachos, chocolate rosa (Pink Chocolate) y frutos rojos para crear un postre tan fotogénico como sorprendente en boca.

Dirección: Virgen de los Peligros, 10. Madrid.

Precio: 7€

Pizzart (Madrid)

Los amantes de las recetas clásicas tienen una parada obligatoria en Pizzart. Su tarta artesanal mantiene el equilibrio entre un interior muy cremoso y un exterior perfectamente caramelizado, demostrando que los clásicos siguen siendo una apuesta segura cuando están bien ejecutados.

Dirección: Recoletos, 10. Madrid

Precio: 7.20€

SteakBurger (Madrid)

Más conocida por sus hamburguesas, SteakBurger también conquista a los más golosos con una tarta de queso elaborada con ingredientes de alta calidad, cremosa por dentro y caramelizada por fuera. Un final contundente para quienes no renuncian al postre.

Dirección: Preciados, 42. Madrid

Precio: 7.90€

Tablao La Carmela (Madrid)

Tradición y sabor se dan la mano en la versión de Tablao La Carmela. Elaborada con queso crema, nata y un toque de queso de cabra, se termina con un brillante baño de frutos rojos que aporta frescura y equilibra la intensidad del queso.

Dirección: Victoria, 4, Local 1. Madrid

Precio: 6€

El Claustro (Granada)

En pleno centro histórico de Granada, el restaurante El Claustro, ubicado en el Hotel Palacio de Santa Paula, ofrece una delicada tartita de queso acompañada de sorbete de mango de la Costa Tropical. Una reinterpretación refrescante que pone en valor el producto local.

Dirección: Gran Vía de Colón, 31. Granada

Precio: 8€

Gran Reserva (La Rioja)

Dentro del Hotel Palacio Tondón, en Briñas, la propuesta de Gran Reserva apuesta por el queso de cabra D.O.P. Los Cameros acompañado de crumble de frutos secos. Un postre que rinde homenaje a la despensa riojana y que resulta perfecto para completar una experiencia gastronómica entre viñedos.

Dirección: Campo 2, Briñas (La Rioja)

Precio: 9,50€

La Maestría (Sevilla)

En Sevilla, La Maestría lleva la receta un paso más allá con una tarta cremosa de queso, pistacho, crumble de galleta y mantequilla, rematada con un original helado de rosco de anís. Un postre que reúne tradición andaluza y creatividad contemporánea en cada cucharada.

Dirección: Fernández y González, 4. Sevilla

Precio: 7€

Rosi La Loca World (Madrid)

Las tartas de queso de Grupo Rosi La Loca World se alejan de las fórmulas previsibles y ponen el queso en el centro de la conversación. La más conocida, creada por el chef Javier Alfaro y reconocida como la mejor tarta de queso de Madrid en 2024, se sirve en Bestial by Rosi La Loca, Rosi La Loca y Victoria by Rosi La Loca. Combina queso crema, gorgonzola y pecorino en una receta cremosa, intensa y con ese punto salino que la hace especialmente adictiva.

En Inclán Brutal Bar y Chic by Rosi La Loca se encuentra su otra gran versión, elaborada con queso de oveja, de perfil más lácteo y profundo. Dos tartas distintas, ambas sin gluten, que comparten una combinación tan sorprendente como acertada: mermelada de aceituna Kalamata y helado de vainilla. El contraste entre dulce, salado y cremoso convierte cada cucharada en algo más que el final de una comida. Porque, incluso en plena fiebre por la tarta de queso, todavía hay recetas capaces de sorprender.

Sutil (Valencia)

Abierto el pasado diciembre en pleno ensanche valenciano, al frente de Sutil están Sergio Rozas y Chema Gómez en cocina, con Sara Folgado marcando el ritmo en sala. Su propuesta responde a una idea clara: producto, técnica y una forma tranquila de disfrutar de la mesa. Aquí no se busca impresionar a base de fuegos artificiales, sino dejar que el sabor haga su trabajo, con platos precisos y combinaciones bien pensadas.

Con motivo del Día Mundial de la Tarta de Queso, incorporan de manera excepcional la tarta de queso Idiazábal D.O.P. de Kéik Cheesecake, el obrador castellonense que abrió boutique en Valencia a apenas unos metros del restaurante. Una elección con mucho sentido: las influencias mediterráneas y francesas de la casa dialogan con pequeños guiños vascos, y el carácter ahumado del Idiazábal actúa como perfecto punto de unión. Para rematarla, higos caramelizados y un toque delicado de vinagre que refresca y equilibra el conjunto.

Dirección: Ciril Amorós, 80. ValenciaPrecio: 8€

Barriga (Castellón)

En Barriga, la tarta de queso no busca pasar desapercibida. Como todo lo que sale de esta tasca contemporánea abierta en Castellón por Paco Llansola junto a Jacobo Igliki y Manuel Díaz, parte de una idea sencilla y muy bien entendida: producto, sabor y cero adornos innecesarios. La casa, reconocida ya con un Solete de la Guía Repsol, recupera ese espíritu de tasca de toda la vida con una mirada actual, mediterránea y muy pegada a la temporada.

Su tarta de queso tiene la cremosidad amable del mascarpone, pero enseguida aparece el Cabrales para poner orden: intenso, ligeramente salino y con mucha personalidad. No es una tarta para quienes buscan sabores tímidos, aunque está muy bien equilibrada. La miel aporta el contrapunto dulce justo y los frutos secos tostados suman textura, crujido y ese aroma cálido que se entiende de maravilla con los quesos azules. Un postre rotundo, de los que se disfrutan despacio y dejan ganas de volver a Barriga.

Dirección: Escultor Viciano, 10. CastellónPrecio: 8€

Clem Café (Valencia)

Desde su apertura en septiembre de 2024, Clem Café se ha consolidado como una de las cafeterías de especialidad imprescindibles de Valencia. Un proyecto impulsado por Ana Chávez (México), Benoît Huguenin (Francia) y Maitu Green (Argentina), tres perfiles complementarios unidos por una misma filosofía: crear un espacio donde el café de especialidad, la repostería artesanal y el diseño convivan con naturalidad, invitando a disfrutar de las mañanas y las pausas sin prisas.

Con motivo de esta internacional celebración, Clem ofrecerá su cheesecake New York Style, una receta elaborada con una cremosa mezcla de quesos sobre una base de galleta crujiente con un delicado toque salado. Podrá disfrutarse en la cafetería a partir del jueves 30 de julio y hasta agotar existencias.

Dirección: Cuenca, 40. Valencia

Canal Curiosidades : La cueva subacuática más larga del mundo está en Burgos: mide 13 km y la llaman el Everest del espeleobuceo

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En el pequeño pueblo burgalés de Covanera se esconde uno de los mayores tesoros naturales de España. Bajo las aguas cristalinas del río Rudrón se encuentra el Pozo Azul, una surgencia kárstica que alberga la cueva subacuática explorada más larga del mundo.

Este enclave se ha convertido en un referente internacional para la espeleología y el buceo técnico. Cada año atrae a especialistas llegados de distintos países con un mismo objetivo: seguir explorando un sistema de galerías que todavía guarda muchos secretos bajo tierra.

Pozo Azul de Covanera: la cueva subacuática más larga del mundo

El gran atractivo del Pozo Azul está bajo la superficie. Las últimas exploraciones han permitido cartografiar cerca de 14 kilómetros de galerías inundadas, una cifra que lo sitúa como el sistema subacuático explorado más largo del planeta.

Además, según las estimaciones geológicas recogidas por Turismo Burgos, la red podría prolongarse hasta 20 kilómetros más, por lo que las expediciones continúan cada temporada.

Recorrer este laberinto inundado está reservado a buceadores con una preparación excepcional. El acceso comienza con un primer sifón de unos 700 metros de longitud y 20 metros de profundidad.

Tras superarlo, los equipos alcanzan la galería conocida como «La Burbuja», antes de afrontar el segundo sifón, el tramo más exigente de toda la cavidad.

Este conducto se extiende durante 5,1 kilómetros y alcanza los 71 metros de profundidad. Para avanzar con seguridad, los buceadores siguen un cabo guía fijado a la roca, imprescindible para orientarse en un entorno donde cualquier error puede resultar fatal.

Cómo se formó el Pozo Azul y por qué sus aguas tienen ese color

El Pozo Azul se encuentra en el anticlinal cretácico de Sedano y actúa como el principal punto de salida de los acuíferos que recorren los páramos calizos de la comarca.

Su característico color azul intenso tiene una explicación científica. La pureza del agua favorece la dispersión de la luz solar, resaltando las longitudes de onda azules y creando ese tono tan llamativo que da nombre al lugar.

Sin embargo, su belleza contrasta con las duras condiciones del interior. La temperatura del agua se mantiene entre los 9 y los 11 grados durante todo el año, por lo que las inmersiones requieren equipos térmicos especializados.

A ello se suma que algunas galerías se sitúan hasta 300 metros bajo la superficie, lo que incrementa la presión y la dificultad técnica de las expediciones.

En este trabajo también desempeñan un papel clave los especialistas del Grupo Espeleológico Edelweiss, encargados de estudiar la geología de la cavidad para facilitar nuevas exploraciones.

La historia de las expediciones que han convertido al Pozo Azul de Burgos en un referente mundial

La exploración del Pozo Azul comenzó en 1964 gracias a los hermanos Joaquín y Pedro Plana, miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss.

Décadas después, Jason Mallinson dio un impulso decisivo a las investigaciones, ampliando el conocimiento de las galerías junto a especialistas como los australianos Richard Harris y Craig Challen.

Uno de los descubrimientos más importantes fue la galería G2, conocida como Tipperary. Tiene unos 500 metros de longitud y constituye el único gran tramo seco localizado hasta ahora dentro del sistema.

Su pendiente ascendente ha llevado a los investigadores a buscar una posible entrada desde la superficie que permita acceder sin atravesar los largos sifones, aunque hasta la fecha no ha sido localizada.

El Pozo Azul también forma parte de la tradición popular de Covanera. Una de las leyendas más conocidas, recogida por el médico Misael Bañuelos en 1944, cuenta la historia del pastor José y su romance imposible con una dama de la corte de Isabel II.

Los vecinos aseguran que, cuando el viento sopla entre las peñas, todavía pueden escucharse los ecos de aquel amor perdido en las profundidades del pozo.

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