En prisión el presunto autor de siete robos en Madrid por “sumisión química” a hombres
El 4 de mayo, con los medios de comunicación haciéndose eco de alarmantes noticias que llegaban del País Vasco, los policías nacionales del distrito Centro redactaron un atestado exponiendo los indicios contra el sospechoso de Madrid para obtener cuanto antes una orden de detención. En el informe, al que ha tenido acceso este medio, los agentes sospechaban que Diego Saúl había usado “benzodiacepinas” e indicaban que esta sustancia puede “causar en las víctimas pérdida de consciencia, coma, paradas cardiorrespiratorias e incluso la muerte”.
En este sentido, advertían: “Consecuencias de las que el agresor es plenamente consciente, a pesar de lo cual continuaría utilizando estos medios para lograr su objetivo de hacerse con los efectos que estas personas podrían portar consigo y las que tienen de valor en sus domicilios”.
Además, los agentes de la Policía Judicial del distrito Centro remarcaban que el uso de estas sustancias tiene una segunda finalidad: “En muchas ocasiones, las víctimas no pueden recordar y ser conscientes del delito que en realidad han sufrido, atribuyéndolo al consumo de alcohol, o bien recordando únicamente episodios puntuales y distorsionados”. “Los autores –añade el atestado– son perfectamente conscientes de este hecho, del que se prevalecen para lograr la impunidad de sus acciones”.
Identificado por las fotos en Grindr
Las tres primeras denuncias recibidas por la Policía Nacional en el centro de Madrid desde principios de febrero solo podían tener un mismo autor, pero su identidad era un misterio. Cuando los agentes del Grupo II de la Policía Judicial empezaron a rastrear otras similares llegaron a la denuncia que se presentó ante sus compañeros de San Blas el 28 de febrero. Pero había algo más, en este caso la víctima había aportado las fotografías del presunto autor previamente extraídas de la app Grindr.
Los agentes citaron a las tres víctimas del distrito centro y les enseñaron las fotos. No había duda: era el hombre de su cita con el tatuaje del dragón. Para rematar la identificación, los agentes compararon esas fotos con las que habían extraído de cajeros automáticos y establecimientos a los que Diego Saúl había ido a comprar con las tarjetas de crédito sustraídas.
El 1 de mayo, un ‘zeta’ de la Policía Nacional patrullaba por la calle Fuencarral cuando creyó identificar al individuo del que habían distribuido sus compañeros las imágenes. Ni se llamaba Andrés, ni era panameño. Diego Saúl nació en Medellín (Colombia) hace 31 años y vivía en Malasaña. Los agentes le dejaron marchar y el 4 de mayo sus compañeros de la Policía Judicial se presentaron en su domicilio, en realidad la casa de un amigo.
En el interior del inmueble se hallaron diez bolsas de plástico conteniendo una sustancia de color rosa que pudiera ser 2CB (también conocida como ‘tusi’ o cocaína rosa), un totel de plástico con 5,5 gramos de pastillas de Ativan (benzodiacepina) y una bolsita con tres cartones impregnados de sustancia cristalina de color rosa, entre otros efectos.
El relato de sus víctimas es casi idéntico. Tras subir a Diego Saúl a su casa consumen alguna bebida alcohólica, que suele ser alguna cerveza, una copa en algún caso, y a partir de ahí poco recuerdan. El primer denunciante dice recordarse levemente ante un cajero automático pero sin saber cómo salió o regresó a su casa. El presunto ladrón le sustrajo 1.200 euros y un teléfono móvil que, sin embargo, recuperó. A través del móvil de su compañero de piso logró convencer a Diego Saúl de que quedaran y le devolviese el celular, “dejándolo envuelto en una bolsa en un lugar que acuerdan”, recoge la Policía.
40.000 euros en joyas
La segunda víctima es un varón holandés, de 78 años y residente también en el centro de Madrid que, tras consumir alguna bebida con un tal Daniel en su casa, se despierta “aturdido, mareado y dolorido”. Le faltan 40.000 euros en joyas. El tercer denunciante es vecino de una calle muy próxima al detenido, en la misma Malasaña. También figura un turista mexicano entre los asaltados.
Tras la detención, la Policía esclareció otros tres robos fuera del distrito centro. Todas las víctimas reconocieron sin dudas a Diego Saúl como su agresor. En uno de estos casos, que afecta a un varón de 61 años residente en Pozuelo de Alarcón, un examen médico de la víctima detectó a las pocas horas un positivo por benzodiacepinas. Le habían robado 7.000 euros en efectivo, tarjetas de crédito y dos relojes. El juez Juan José Escalonillla dictó el 7 de mayo prisión provisional por riesgo de fuga en un auto en el que atribuye a Diego Saúl siete robos con violencia.
Un plan “perfecto”: sin rastro de la sustancia ni recuerdos de la víctima
Los policías del distrito Centro de Madrid informan al juez de que les ha tocado investigar “numerosos hechos similares” a los que presentan en su atestado y dedican un apartado a la “sumisión química”.
Sustancias empleadas: benzodiacepinas, metanfetaminas, escopolamina, ketamina... “No tienen sabor ni olor característicos y pueden ser suministradas a través de la comida o la bebida –si son alcoholicas el efecto depresor aumenta, y también pueden ser inhaladas, a través de un cigarro o un pañuelo contaminado”.
Efecto casi inmediato: “En cuestión de pocos minutos, la víctima probablemente estará bajos los efectos de la narcosis mostrando un comportamiento vulnerable, a la vez que su voluntad quedará sometida a la de su agresor. Durante las tres primeras horas se puede observar su mayor efecto”.
Un plan “perfecto”: “La víctima no es capaz de recordar nada (ni tan siquiera que ella misma haya podido colaborar en el hecho) y, por lo tanto, evita en muchas ocasiones interponer denuncia”.
Sin rastro: “Estas sustancias desaparecen en un lapso de 15-30 minutos de la sangre y en unas 12 horas aproximadamente desaparece también de la orina, lo que dificulta enormemente obtener análisis toxicológicos positivos”.
Secuelas: amnésicas y del comportamiento. Fallos atencionales, de concentración, dificultad para recordar eventos recientes, ansiedad, aislamiento... Una sobredosis puede causar delirios, agresividad, desorientación, convulsiones, estado de coma e, incluso, la muerte.

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