En España hay lugares que impresionan por ser prácticamente únicos en todo el mundo. Es el caso de la conocida como Cueva del Tesoro, apenas a 10 km de la bulliciosa Málaga. Como si de una novela de fantasía saliera, esta joya geológica impresiona a todo aquel que la visita.
Los acantilados jurásicos de El Cantal, en pleno Rincón de la Victoria, ocultan este enclave tan especial en Europa y en todo el mundo, ya que solo se conocen tres cuevas con origen marino. Durante millones de años la presión y erosión del mar actuó como fuerza implacable para moldear este templo natural, un lugar cargado de historia y leyendas.
Una vez que se formaron estas columnas, cámaras y recovecos, la cueva salió a la superficie y la lluvia empezó a filtrarse por el suelo formando así las estalactitas y estalagmitas. Muy poco a poco se fue creando un recorrido subterráneo de 500 metros. Al principio, eran tres cuevas separadas llamadas El Higuerón, El Suizo y La Victoria, pero hoy forman parte de una sola ruta turística que comienza en la Sala de la Virgen.
La leyenda: el origen de su fama
Lo más interesante de la Cueva del Tesoro es precisamente eso: su tesoro. Un nombre que surgió fruto de la leyenda que dice que en el lugar se escondieron grandes fortunas. En el siglo XII cinco reyes árabes ocultaron aquí sus riquezas mientras trataban de huir. En consecuencia el mito atrajo a cazatesoros durantes siglos, algo que terminó por provocar alteraciones de este rincón natural.
Uno de los buscadores más conocidos fue el suizo Antonio de la Nari, quien en el siglo XIX llegó a excavar nuevas galerías y hasta un pozo, a día de hoy conocido como el pozo del Suizo. Unas décadas después se realizó el mayor estudio hasta la fecha: monedas almorávides de oro y uno de los tres grandes santuarios prehistóricos del sur de la Península.
El recorrido actual por la Cueva del Tesoro
Comienza con una exposición de los restos arqueológicos que se han encontrado a lo largo de estos siglos por la Sala de la Virgen. Una vez pasada la primera estancia la Sala Marco Craso y la Sala del Águila, cuyo nombre proviene de una roca con forma de esta ave.
Las galerías conducen al Santuario de Noctiluca, una diosa romana asociada con la fertilidad, y desde ahí a la Sala del Volcán que, al no estar totalmente explorada, se cree que podría estar conectada con el mar. El regreso se hace por la Sala de los Lagos.
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