En el sitio arqueol贸gico de Hora 1, en Malawi, el descubrimiento de vestigios de un fuego inmenso y la presencia de huesos humanos incinerados nos revela un ritual funerario que modifica nuestra percepci贸n de las sociedades de cazadores-recolectores.
Hace casi 9.500 a帽os, comunidades n贸madas dedicaron un esfuerzo colectivo notable a la cremaci贸n de un individuo. Esta pr谩ctica, rara para ese per铆odo, demuestra un dominio t茅cnico y una inversi贸n social considerables. El an谩lisis de las cenizas y los fragmentos 贸seos, publicado en la revista Science Advances, revela una secuencia de acciones precisas e intencionales.
Un tratamiento funerario excepcional
El examen de los 170 fragmentos 贸seos permiti贸 identificar al individuo incinerado como una mujer adulta, de edad madura y de peque帽a estatura. El estado de sus huesos indica que llevaba una vida f铆sicamente activa. Alteraciones t茅rmicas precisas muestran que su cuerpo fue quemado poco despu茅s de su muerte, en una pira que alcanz贸 temperaturas superiores a 500 °C. La cremaci贸n completa de un cuerpo en estas condiciones representa una tarea que exige una gran cantidad de combustible y una vigilancia constante.
La estructura de la pira misma, de un tama帽o comparable a una cama grande, y la distribuci贸n de los huesos en dos montones distintos revelan un proceso din谩mico. El cuerpo fue movido durante la cremaci贸n y el fuego fue activamente mantenido. Este conjunto de gestos va m谩s all谩 de la simple eliminaci贸n de un cuerpo; se inscribe en un ceremonial elaborado, que requiere coordinaci贸n y conocimientos compartidos dentro del grupo.
La persistencia de una memoria colectiva
La importancia simb贸lica de este evento es subrayada por la reutilizaci贸n posterior del lugar. Los an谩lisis estratigr谩ficos indican que importantes fuegos fueron encendidos en este mismo emplazamiento varios siglos antes de la cremaci贸n estudiada. M谩s llamativo a煤n, otros grandes fuegos fueron reavivados directamente sobre las cenizas de la pira funeraria en los siglos que siguieron. Esta recurrencia muestra que el emplazamiento se mantuvo como un punto de referencia en el paisaje y en la memoria colectiva.
Este fen贸meno contrasta con las pr谩cticas funerarias habitualmente documentadas para este per铆odo en 脕frica. En el mismo sitio, otros individuos fueron inhumados de manera convencional, sin cremaci贸n. El tratamiento singular reservado a esta mujer sugiere que ocupaba una posici贸n social particular dentro de su comunidad. La naturaleza de esta distinci贸n – estatus, rol o circunstancias de la muerte – permanece como un enigma, pero testifica de una diversidad social mayor de lo que se pensaba.
El descubrimiento cuestiona la idea de que las pr谩cticas mortuorias complejas eran patrimonio exclusivo de las sociedades agr铆colas sedentarias. Demuestra que los cazadores-recolectores de la edad de piedra en 脕frica eran capaces de organizar rituales colectivos que movilizaban recursos y conocimientos especializados. Esta cremaci贸n es mucho m谩s que un hecho aislado; es la prueba arqueol贸gica de un pensamiento simb贸lico estructurado y de un profundo apego a lugares cargados de significado.

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