Los arqueólogos han descubierto, bajo capas de tierra y cemento en el barrio romano de Pietralata, un capítulo olvidado del pasado de la ciudad eterna. En el marco de unas excavaciones preventivas en el Parco delle Acacie, en el este de Roma, ha salido a la luz un conjunto monumental tremendo que incluye un santuario dedicado a Hércules (el hijo de Zeus en la mitología clásica), tumbas aristocráticas de la época republicana y dos enormes cisternas cuya función sigue siendo un misterio. El hallazgo ha sido calificado como uno de los más relevantes en décadas en las afueras de Roma.
Un santuario dedicado a Hércules enterrado en el barro
Uno de los descubrimientos más llamativos de este yacimiento improvisado, ha sido un pequeño sacellum, o santuario de planta cuadrangular (de 4,5 x 5,5 metros), construido en toba volcánica y con restos de estuco en sus paredes. En el centro, los expertos han hallado un pedestal de toba recubierto de yeso blanco que ha sido identificado como altar, y una repisa en el muro del fondo que probablemente sostenía una estatua de culto.
Este pequeño santuario está asociado al culto a Hércules, el semidiós griego adoptado por los romanos como protector de caminos y símbolo de la virtud heroica. Este vínculo se ha reforzado gracias al hallazgo de un antiguo depósito votivo bajo el templo, con figurillas femeninas, cabezas, pies y pequeños bueyes de terracota, además de monedas de bronce que datan su construcción entre finales del siglo III y el II a.C.
El hijo del rey de los dioses era adorado en toda Roma, especialmente a lo largo de la Vía Tiburtina, y su presencia en esta zona apunta a una red cultural más extensa de lo que se pensaba. No se han encontrado aún estatuillas de bronce que representen a Hércules, pero los indicios materiales son contundentes para los arqueólogos.
Tumbas de la élite
Muy cerca del santuario, los investigadores también han encontrado un complejo funerario excavado en la roca de toba, con dos tumbas monumentales de cámara pertenecientes al periodo republicano. La Tumba A, datada entre los siglos IV y III a.C., presenta un imponente portal pétreo y estaba sellada por una losa monolítica. En su interior se hallaron un gran sarcófago y tres urnas de peperino, además de una copa de barniz negro, una jarra cerámica de gran calidad, un espejo y otras piezas de ajuar.
La Tumba B, ligeramente posterior (datada en el siglo III a.C.), fue construida con grandes bloques de toba y contenía bancos laterales para la deposición de varios cuerpos. En ella, los arqueólogos encontraron parte del cráneo de un adulto con señales de trepanación quirúrgica, un procedimiento altamente complejo que evidencia conocimientos médicos mucho más avanzados de lo que se creía para la época.
Estas tumbas, originalmente adornadas con fachadas monumentales pero ahora desaparecidas, probablemente pertenecieron a una gens -una familia aristocrática- con gran poder en la zona. Su proximidad al santuario sugiere que podrían estar conectados.
El misterio de las cisternas gigantes
Por si esto fuera poco, el descubrimiento más imponente ha sido el de dos cisternas monumentales de época republicana. La llamada Vasca Este, de unos 28 por 10 metros y 2,1 metros de profundidad, fue construida en el siglo II a.C. con muros de opus incertum recubiertos de yeso blanco y coronados por una cornisa de bloques de toba. A ambos lados presenta nichos abovedados, y en un extremo contiene un dolium (gran recipiente de almacenaje) incrustado en el suelo.
La otra cisterna enorme, denominada Vasca Sur, aún más profunda (4 metros), fue excavada directamente en la roca y mide 21 x 9,2 metros. Su acceso se realizaba por una rampa de bloques de basalto y hormigón, similar a otra cisterna descubierta en Gabii, lo que ha llevado a algunos investigadores a sugerir una posible función sagrada.
Ambas estructuras muestran signos de abandono progresivo entre los siglos I y II d.C., pero su finalidad original sigue siendo objeto de debate. ¿Fueron depósitos de agua? ¿Lugares rituales? ¿Espacios de producción agrícola o artesanal? Las respuestas podrían cambiar nuestra comprensión de la vida cotidiana en los suburbios romanos.

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