Groenlandia. Una inmensa isla en el Atlántico Norte que nunca había estado tan presente en las conversaciones como en estos momentos, por cuestiones políticas y geoestratégicas. Quien más quien menos ha podido sentir curiosidad estos días sobre este territorio de hielo dependiente del Reino de Dinamarca que se ha convertido en una pieza fundamental del tablero de ajedrez mundial y en el objetivo prioritario del presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Por eso, nos hemos planteado qué esconde esta isla que está en el ojo del huracán.
Una isla enorme con pocos habitantes
Hablamos de la isla más grande del mundo -que no es un continente-, de alrededor de 2,1 millones de kilómetros cuadrados. Pese a su enorme dimensión, este territorio autónomo danés, situado entre los océanos Atlántico y Ártico, cuenta apenas con 57.000 habitantes, la mayor parte de ellos pertenecientes a la etnia inuit, y la mitad de ellos residen en la capital, Nuuk, situada en la costa suroeste de la isla. Un gran condicionante para los habitantes de la isla es que alrededor de un 80-85% de su territorio está cubierto por el hielo, lo que hace que la mayoría de la población se concentre en las áreas de costa de la zona sur. No es extraño que con estos condicionantes tenga una de las densidades de población más bajas de todo el planeta.
Un paisaje ártico sobrecogedor
Cuando vemos imágenes de esta tierra podemos divisar paisajes impresionantes en condiciones, eso sí, extremas. La mayor parte del territorio está cubierta por una capa de hielo que puede alcanzar varios miles de metros de espesor. Hay glaciares y fiordos gigantescos, como el de Ilulissat, considerado uno de los lugares más impresionantes del Ártico.
Mientras, en la zona de la costa se pueden divisar montañas escarpadas, acantilados y valles rocosos que emergen entre glaciares y tundra. En los meses de invierno, se puede disfrutar del espectáculo inigualable de las auroras boreales iluminando el cielo. También ponen una nota de color las pequeñas aldeas inuit, con casas de colores vivos.
El hielo y la nieve lo cubre casi todo, por lo que la fauna y la flora de la zona han de adaptarse a este clima tan inhóspito. Apenas hay árboles y sí que se pueden ver osos polares, renos, zorros y lobos árticos, focas o ballenas, así como aves marinas.
Una isla vinculada con Dinamarca
Entre 1721 y 1953 el territorio fue una colonia danesa. En este año dejó de ser una colonia para considerarse una parte integral del Reino de Dinamarca, y en 1979 firmó su Estatuto de Autonomía.
Se trata, por lo tanto, de un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, del que está a una distancia de más de 3.000 kilómetros. Cuenta con su propio Parlamento, y su gobierno propio tiene muchas competencias, aunque aspectos destacados, como la política exterior, la defensa y la política monetaria siguen dependiendo en Copenhague. Eso sí, aunque Dinamarca sí lo es, Groenlandia no es miembro de la Unión Europea, que abandonó formalmente en 1985 tras referéndum en medio de disputas por los derechos de pesca.
Un dato importante en estos días convulsos en relación con la isla: una encuesta publicada hace casi un año indicó que el 85 % de los groenlandeses no quiere abandonar Dinamarca.
Una situación estratégica
Groenlandia está, tal y como decíamos, en el punto de mira en gran medida por su situación geoestratégica. Cada vez más, el Ártico cobra relevancia como punto crucial para las rutas comerciales. Y en esto también entra en juego el cambio climático: el aumento de las temperaturas acelera el deshielo de zonas que antes estaban congeladas, abriéndose nuevas rutas. Pero también tiene su peso en relación con la seguridad global.
Así se mueven los groenlandeses por su territorio
El hielo lo domina casi todo, haciendo de gran parte de Groenlandia un territorio muy inhóspito, que apenas cuenta con carreteras de asfalto, excepto en los pequeños núcleos urbanos. No es extraño que sus habitantes suelan desplazarse en motos o trineos de nieve. Los barcos, aviones y helicópteros les permiten también comunicarse con el resto del mundo.
Enormes reservas de materias primas y tierras raras
Uno de los grandes tesoros de la isla es su gran riqueza de recursos naturales. Petróleo, gas natural y minerales como el oro, el zinc, el plomo, el cobre o el uranio ocupan su subsuelo. Un ejemplo: según confirmó en 2009 el Servicio Geológico de Estados Unidos, el 30% de las reservas mundiales de gas natural aún por explorar y el 13% de las de petróleo están en el Círculo Polar Ártico, una zona inaccesible hasta ahora… pero las consecuencias del cambio climático están haciendo cambiar esta situación.
Pero no solo se trata de gas y petróleo. Los expertos apuntan que Groenlandia cuenta con enormes reservas de las llamadas tierras raras. Son metales con propiedades magnéticas, luminiscentes y conductoras muy particulares. Unos minerales cada vez más cotizados, imprescindibles para la industria, por ejemplo, de las telecomunicaciones, así como para la defensa. En relación a estas tierras raras, hay un problema añadido, eso sí: en Groenlandia apenas hay infraestructuras ni mano de obra, por lo que no sería tarea sencilla explotar este recurso.
Por este motivo, no es extraño que sus recursos sean muy valorados desde el punto de vista económico, pero lo cierto es que su explotación es todo un reto debido a la dificultad de acceso, pues, como decíamos, las condiciones climáticas hacen que no haya infraestructuras adecuadas, a lo que hay que sumar que el clima extremo impediría trabajar en zonas de la isla gran parte del año.
Una economía basada en la pesca
La economía groenlandesa se basa, principalmente, en la pesca. De hecho, las exportaciones de pescado representan un 85% de las exportaciones totales. Además, el estado danés cubre también alrededor de la mitad del presupuesto de la isla. La ampliación de su Estatuto de Autonomía en 2009, incluye un plan para reducir la ayuda anual danesa a medida que aumenten los hipotéticos ingresos del subsuelo.




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