Un fósil de 326 millones de años ha reabierto una de las historias más sorprendentes de la paleontología: la existencia de miriápodos gigantes capaces de alcanzar el tamaño de un coche compacto mucho antes de la era de los dinosaurios. Su descubrimiento fue documentado a través de un estudio publicado en Journal of the Geological Society, pero una nueva investigación ha aportado nuevas claves sobre el gigantismo animal en el Carbonífero y los ecosistemas primitivos.
El protagonista es Arthropleura, un invertebrado terrestre que se desplazaba por los bosques ecuatoriales de la antigua Europa cuando Gran Bretaña se situaba cerca del ecuador. Los restos más recientes proceden de un bloque de arenisca hallado en una playa de Northumberland, donde quedaron preservados varios segmentos articulados de su exoesqueleto tras una muda.
La pieza fósil, de unos 75 centímetros, representa solo una parte del cuerpo, pero su proporción ha permitido estimar que el animal completo medía alrededor de 2,7 metros de longitud y pesaba cerca de 50 kg. Estas dimensiones lo convierten en el mayor invertebrado terrestre conocido, superando incluso a los antiguos escorpiones marinos gigantes.
Un gigante fuera de los pantanos clásicos
El contexto geológico del hallazgo también rompe ideas asumidas durante décadas. Lejos de los típicos pantanos carboníferos, este ejemplar apareció en un antiguo canal fluvial cercano a la costa, dentro de un paisaje de ríos y bosques abiertos. Los investigadores señalan que Arthropleura prefería hábitats más variados, con vegetación dispersa y abundante materia orgánica.
Durante años, la ausencia de fósiles craneales completos dificultó su clasificación. Ese vacío se ha reducido gracias a ejemplares juveniles descubiertos en Francia y estudiados mediante microtomografía. Las imágenes en tres dimensiones revelan una cabeza con rasgos intermedios entre milpiés y ciempiés, mientras que el tronco confirma su parentesco con los primeros.
Según los autores, esta combinación anatómica sitúa a Arthropleura dentro de un grupo primitivo de milpiés, con una evolución temprana que conserva características compartidas con otros miriápodos. El estudio, publicado en Science Advances, refuerza la idea de un linaje clave para entender la diversificación de los artrópodos terrestres.
Oxígeno, dieta y extinción
El tamaño colosal de este animal se había atribuido tradicionalmente a una atmósfera rica en oxígeno. Sin embargo, el fósil británico procede de sedimentos anteriores al gran pico de oxígeno del Carbonífero, lo que indica que este factor no fue el único determinante. Los científicos apuntan a una dieta rica en restos vegetales y a la ausencia de grandes depredadores terrestres.
Arthropleura habitó las regiones ecuatoriales durante unos 45 millones de años, hasta que los cambios climáticos y la progresiva aridez transformaron su entorno. La fragmentación de los bosques húmedos y la aparición de reptiles mejor adaptados a condiciones secas parecen haber sellado el destino de estos gigantes, recordando cómo el clima puede redefinir la historia de la vida.


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