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La capital catalana es una ciudad muy bien afinada en quesos, como demuestra esta ruta para 'cheese lovers'

Barcelona vive un momento dulce en lo que a cultura quesera se refiere. Lejos de ser solo un producto de mostrador, el queso se ha convertido en relato, paisaje y oficio, con tiendas que afinan, seleccionan y defienden el trabajo bien hecho. De obradores urbanos a templos del producto internacional, la ciudad ofrece un recorrido diverso y muy vivo. Esta es una selección de 11 direcciones donde el queso no solo se vende: se entiende.
Camarasa Formatges
Pocas tiendas pueden explicar la historia reciente del queso en Barcelona como esta. Abierta a finales de los 70 en la calle de Santaló, 157, sigue siendo un punto de referencia por su criterio y constancia. Aquí conviven unas 350 referencias de quesos artesanos locales y grandes nombres europeos, de afinador y de temporada que solo pueden disfrutarse unas pocas semanas al año. Aran Taribó, tercera generación de la familia Camarasa a las riendas del negocio, es la experta quesera.
Món Vínic
Conocida por su mirada vinícola natural, esta casa (Diputació, 251) también habla queso con un discurso claro y sin concesiones. La selección es reducida, pero muy pensada con una lógica casi militante: en las neveras hay quesos artesanos locales e internacionales de calidad, firmados por pequeños productores que trabajan de manera respetuosa y sostenible. Aquí se reivindica el queso natural, elaborado con leche cruda y fermentos propios. Basta echar un vistazo al mostrador para entenderlo. Se pueden degustar 'in situ' o comprar para llevar.
Pinullet
Una rareza auténtica en el mapa barcelonés: en Pinullet (Sant Gabriel, 13) el queso se hace y se vende en el mismo espacio. No hay intermediarios ni largas distancias. El proyecto de Francesco Cerruti reivindica la proximidad radical y demuestra que el paisaje quesero también puede ser urbano.
Formatgeria Simó
Comercio de barrio (Sant Pere Més Alt, 40) con alma de colmado antiguo y fondo enciclopédico. Lleva cuatro décadas con un catálogo amplio y cambiante, que recorre España y Europa con una rotación constante que sigue el ritmo de las estaciones. Hay cerca de 450 quesos diferentes que pasan por el mostrador de Anna Simó (hija del fundador) cada año.
Can Luc
Nació en Gràcia (Berga, 6) y encontró en Poblenou un segundo hogar (Marià Aguiló, 105). Dos barrios distintos unidos por una misma curiosidad gastronómica. La selección, mayoritariamente francesa y europea, se completa con todo lo necesario para montar una mesa quesera sin complicaciones: aparatos de 'fondue' y 'raclette', especies, 'crackers', vinos, mermeladas...
La Teca de Vila Viniteca
Más que una tienda, es un archivo vivo del gusto. Entrar en La Teca de Vila Viniteca sin una idea clara suele ser la mejor estrategia. El surtido es inmenso y el asesoramiento, preciso, con rarezas bien escogidas y clásicos tratados con el mismo respeto. Este establecimiento (Agullers, 7), que capitanea Eva Vila, es ya un habitual de las referencias en queso a nievl europeo.
Llet Crua
Este espacio en Sants (Càceres, 14) es una declaración de intenciones desde el nombre. El foco está en el queso catalán artesano con leche sin pasteurizar. Todos los proyectos que propone Llet Crua comparten una misma ética: pequeña escala, identidad clara y mucho oficio detrás.
Artefor
Aquí el queso se compra, pero también se prueba, se descubre y se aprende. El espacio (Salvà, 19) funciona como punto de encuentro para curiosos y expertos. La selección incluye piezas experimentales y afinados singulares, con una clara vocación divulgativa a cargo de los queseros David Morera y Jordi Arroyo.
Ireneu
Una tienda (Gran de Sant Andreu, 117) que transmite cercanía desde el primer minuto. La selección responde más a la emoción que al catálogo. Quesos artesanos de proximidad conviven con referencias internacionales y alternativas vegetales bien trabajadas.
Dotze Graus
Pequeña en tamaño, grande en discurso. Esta quesería de Gràcia (Bailèn, 238), de Xevi Miró y María Carroll, es el reflejo del conocimiento y la pasión de quien la lleva. La apuesta de Dotze Graus es clara: productores cercanos, comercio local y una mirada honesta que también llega a muchas mesas de restaurante.
Can Lecomte
Sant Antoni tiene aquí una quesería con identidad propia y acento normando (Manso, 60). El hilo conductor es la leche cruda y el respeto al territorio. Quesos franceses conviven con selecciones locales e internacionales en un equilibrio que habla de raíces y curiosidad.
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