Encontrar una ciudad perdida parece un logro únicamente digno de las novelas y películas de aventuras. Sin embargo, en ocasiones puede hacerse realidad, como es el rompedor hallazgo de Betoma, un nuevo enclave arqueológico encontrado en la vertiente de Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. El lugar pertenece a una extensa red de poblados interconectados que han sido descubiertos a partir del trabajo de exploración y documentación en la zona.
Gracias a la tecnología Lidar, los investigadores detectaron múltiples estructuras y restos escondidos bajo la frondosa vegetación de dicho entorno. Dicho descubrimiento, que ya se celebra como uno de los más relevantes del siglo XXI en el ámbito arqueológico, cuenta con la peculiaridad de no estar configurado alrededor de un núcleo urbano central, a diferencia de los numerosos parajes similares en el área.
Según las conclusiones de los estudiosos, Betoma podría tratarse de una conurbación, un agrupamiento de asentamientos repartidos de forma homogénea y conectados por una red de caminos circundante, prescindiendo de un centro primario en su distribución. Se trata de un descubrimiento que obliga a reinterpretar lo que se creía cierto sobre el antiguo sistema urbano en los trópicos.
Reinterpretación arqueológica
La ocupación del territorio de Betoma dio comienzo sobre el siglo V con el levantamiento de pequeños asentamientos con una distancia entre ellos considerable. Sin embargo, la tendencia se orientó a la densificación durante los siglos XIV y XVI, un bloque temporal en el que se estableció el entramado de terrazas, áreas habitables y senderos.
Estos nuevos indicios apuntan a la presencia en el pasado de sistemas de asentamientos extensos con comunicación entre ellos y con la ausencia de un poder central. Dichos hallazgos abren novedosas líneas de estudio en torno al sistema urbanístico de Betoma como referente de modelos alternativos de ocupación territorial prehispánica previos a la colonización.

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