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Bullicioso altar en honor a los iconos gastronómicos mexicanos: tacos, quesadillas, tostadas y unos burritos que te volverán loco

Oscar Guzmán es colombiano, pero conoce mejor que nadie el poder del taco. Por eso ha construido en el Raval un pequeño y bullicioso altar en honor a este icono gastronómico mexicano. Es un espacio comprimido, esquinero y abierto a la calle. Hay mesas y taburetes altos, unos taburetes que está pensando retirar: comer de pie se está poniendo de moda y, si hay un sitio donde la incomodidad es virtud, ese es una taquería.
Tacos Guzmán (Sant Pau, 27) tiene vocación callejera. Todo a la vista. Platos de cartón y vasos de plástico. Mostrador estilo food truck. Recuerda a la famosa cadena neoyorquina Los Tacos No 1 y, si no baja la calidad de su producto, tengo la sensación de que podría forjar una dinastía parecida en Barcelona.
Me gusta que no se compliquen la vida, son conscientes de las limitaciones del espacio y obran en consecuencia. En los principales, solo hay tacos, quesadillas, burritos y tostadas. Me cuenta Guzmán que la inspiración está en el norte de México, donde la carne y la parrilla son protagonistas y la propuesta es directa y se centra en el sabor. Puedes disfrutar de asada (ternera), adobada (cerdo) , pollo para cada formato. También hay nopales para los veggies. En lo que a la proteína animal respecta, lo que me interesa, percibo un extra de sabor y jugosidad; la preparan con tiento y producto de calidad, y recomiendo adornarla con salsa verde de la casa (deliciosa, picante, cargada de umami).
Ratifico las buenas sensaciones con las tortillas. Hechas al momento, allí mismo, con una frescura y un punch de maíz que convencerá a los taco lovers más exigentes. Los tacos son majestuosos, apetitosos, es imposible comer solo uno. ¿Las quesadillas? De las mejores que he probado últimamente y de una generosidad que se agradece. Las masticas con rictus de enajenado. Aparco la tostada para otra ocasión, porque todos los focos se centran ahora en el burrito, un producto que nunca me ha apasionado… Hasta ahora. Porque Tacos Guzmán ha conseguido que me vuelva loco.
Lo llaman Quesaburro y es una barbaridad. En su interior, arroz con achiote, frijol refrito, carne a elegir, cebolla, cilantro y salsas de aguacate y taquera. En el exterior, una costra de queso planchado que le da un tono dorado y una suculencia en boca que te deja noqueado. Jugoso, untuoso, crujiente, con rastro de parrilla y esa película de queso milagrosa que es lo primero que tocan tus labios. Necesitarás la michelada de la casa para bajarlo. Si eres abstemio, las aguas frescas de Jamaica y tamarindo te recordarán que estás en México, no en Barcelona.
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