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El 26 de abril de 1986 explotó un reactor de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania (en ese momento parte de la Unión Soviética), a 18 kilómetros de la ciudad de Chernóbil. Han pasado 40 años del que está considerado el peor accidente nuclear de la historia. El aniversario llega sin la paz: Ucrania y Rusia siguen en guerra, poniendo en riesgo lo que queda de aquella planta nuclear (muchos de los elementos radiactivos siguen aún hoy desintegrándose).
Aquel día tuvo lugar la fusión de un reactor de la central nuclear de Chernóbil, provocando dos explosiones devastadoras, en las que los restos radiactivos y el combustible se vertieron en el entorno circundante. Las partículas radiactivas que salieron de aquella central nuclear alcanzaran buena parte de Europa. La lluvia dispersó la radiactividad del aire, formando depósitos.
Un ensayo que salió mal
La pesadilla comenzó a las 01.23 de la madrugada de aquel 26 de abril. El equipo de la central nuclear de Chernóbil iba a hacer un experimento en el reactor nº4 . Se trataba de probar los sistemas de seguridad en condiciones extremas, como apagones. Pretendían averiguar durante cuánto tiempo continuaría generando energía eléctrica la turbina de vapor después de una pérdida del suministro de energía eléctrica principal del reactor.
En caso de un corte, las bombas refrigerantes de emergencia requerían de un mínimo de potencia para ponerse en marcha —para rellenar el hueco de entre 60 y 75 segundos hasta que arrancasen los generadores diésel— y los técnicos de la planta desconocían si, una vez cortada la afluencia de vapor, la inercia de la turbina podía mantener las bombas funcionando durante ese lapso. El caso es que el corte eléctrico, añadido a una serie de errores del operador, desembocó en la fusión del núcleo del reactor RBMK de la unidad, moderado por grafito.

Al entrar el grafito en contacto con el núcleo, se produjo un pico masivo de energía y el núcleo se sobrecalentó. Al cabo de tres segundos, el nivel de potencia se elevó por encima de los 530 MW. De acuerdo con algunas estimaciones, la potencia del reactor aumentó a alrededor de 30.000 MW, diez veces la producción normal.
La última lectura en el panel de control fue de 33.000 MW. Entonces, se oyeron fuertes ruidos y se produjo una explosión causada por la formación de una nube de hidrógeno dentro del núcleo, que hizo volar la tapa de 2000 toneladas del reactor, provocando un incendio en la planta y una gigantesca emisión de productos de fisión a la atmósfera.
Humo radioactivo para toda Europa
Dado que el reactor no estaba protegido por una cámara de contención, la explosión de vapor resultante atravesó el techo de la unidad e hizo llover trozos de barras de combustible y grafito altamente radioactivo en los alrededores. Los incendios resultantes generaron un humo radiactivo que transportó partículas contaminadas sobre Ucrania, Bielorrusia y Rusia, así como partes de Escandinavia y Europa en general.
Antes del accidente, el reactor nº4 de Chernóbil contenía 180-190 toneladas de combustible nuclear (dióxido de uranio). Las estimaciones sobre las que hay consenso consideran que se emitieron al medio ambiente entre un 5 y un 30% de esta cantidad.
Según el número de muertos oficial, reconocido por la comunidad internacional, solo 31 personas murieron como resultado inmediato de la explosión. La ONU estima que solo 50 muertes pueden atribuirse directamente al desastre.

En 2005, un nuevo cálculo incluía a un mínimo de 4.000 personas que podrían haber fallecido como resultado de la exposición a la radiación, Muchas eran residentes de Prípiat (ciudad situada a sólo 2,7 km de la central), cuyos 50.000 habitantes fueron evacuados para no volver jamás.
El número real de afectados es imposible de conocer. Se estima que cinco millones de ciudadanos de la antigua URSS, incluidos tres millones en Ucrania, han sufrido de una u otra manera como resultado de la explosión la Chernóbil.
Los liquidadores del desastre
Capítulo aparte merecen los liquidadores, las personas que se ocuparon de minimizar las consecuencias del desastre nuclear. Se calcula que fueron aproximadamente 600.000. Los equipos de liquidadores los formaban, sobre todo, bomberos, obreros, científicos y especialistas de la industria nuclear; pero también había tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica, ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio. En teoría, todo el personal no militar era voluntario.

Vestían trajes cubiertos con 3 cm de plomo para que no absorbieran mucha radiación. Para su trabajo, se les daba una pala, que luego era desechada, puesto que había estado en contacto con el grafito que anteriormente había estado en el interior del núcleo.
Se calculó que 90 segundos era el tiempo máximo que un liquidador podía estar expuesto a la radiación. Cuando subían al techo del reactor tenían ese minuto y medio para limpiar los escombros y lanzarlos por una barandilla que daba al núcleo del reactor con el fin de que luego se tapara y no pudiera liberar más radiación. Una vez que un liquidador regresaba de esos limpiar durante esos 90 segundos no podía volver otra vez.
Muchos de los liquidadores enfermaron de cáncer en los meses posteriores. Evitaron el riesgo de una liberación radioactiva aún más devastadora por toda Europa y fueron condecorados con el título de Héroe de la Unión Soviética. Cuarenta años después, solo cinco miembros de uno de los primeros equipos de intervención siguen vivos.
Y la vida sigue
Tiempo después, alrededor la planta se creo la llamada Zona de Exclusión de Chernóbil (ZEC), un círculo de 2.634 kilómetros cuadrados que sigue siendo una de las áreas más radiactivas del mundo. Sin embargo, en ausencia de seres humanos, el lugar se ha transformó en un refugio para la fauna (hasta 14 especies de mamíferos), de manera que es la tercera reserva natural más grande de Europa continental.

Con los años, la ZEC se convirtió en objeto de deseo del turista más osado. Hasta 100.000 personas al año visitaban la zona abandonada. Ese trasiego acabó en febrero de 2022 con la invasión rusa de Ucrania.
El sarcófago, la mayor estructura móvil del mundo
Los cuatro reactores nucleares de la planta llevan 23 años parados y vacíos de combustible. El último de ellos estuvo operativo hasta el año 2000, cuando que la presión internacional obligó a su cierre. El reactor nº 4 de la central quedó cubierta por un sarcófago; una cúpula levantada con ayuda de la comunidad internacional.
Le llamaron Nuevo Confinamiento Seguro y rodea el sarcófago de hormigón que sepultó la unidad 4. Construida en 2016, la cubierta está diseñada para limitar la liberación a la atmósfera de la radiactividad que queda en el reactor. La estructura proporciona un área para que unos científicos e ingenieros trabajen en contener la radiación del sitio.
Se trata de una estructura móvil, la mayor construida hasta la fecha en el mundo, en forma de arco de 110 metros de alto, 150 de ancho y 256 de largo. Pesa más de 30.000 toneladas. Se construyó a 180 metros del reactor y luego, mediante un sofisticado sistema de raíles, fue montado sobre éste. La ejecución de la fase final del proyecto no llegó hasta mayo de 2018.

La guerra ha debilitado mucho la cubierta
La cubierta está equipada con grúas controladas a distancia con el objetivo de ir desmontando el viejo sarcófago. El coste total del Plan de Ejecución del Sistema de Protección se estimó en 2.150 millones de euros. De esa cantidad, 1.500 millones fueron para el nuevo sarcófago. Todo ello fue financiado por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, con la colaboración de 28 países que aportaron 1.417 millones de euros.
La nueva estructura se creó para desmantelar el sarcófago y extraer el material radiactivo, pero los planes de los ingenieros se vieron interrumpidos por la invasión rusa de Ucrania. Se esperaba que la cubierta de Chernóbil durase más de cien años, pero ahora ese plazo está en el aire.
En teoría, en 2023 se tendría que haber destruido la vieja estructura de Chernóbil. Pero la guerra y los ataques rusos han debilitado la cubierta, aún no se sabe cuánto. De hecho, tras el ataque de un dron ruso en diciembre de 2025, un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aseguraba que el sarcófago de Chernóbil ya no podía cumplir su función principal de seguridad debido a los daños.
Seguir cuidando de Chernóbil pese a la guerra
Chernóbil se alimenta desde la red eléctrica ucraniana a través de ocho líneas. Además, dispone de dos generadores diésel ¿Para qué? Para poder seguir refrigerando las piscinas donde se sumerge el combustible nuclear. Los técnicos deben hacerlo porque muchos de los elementos radiactivos de ese combustible usado siguen aún hoy desintegrándose, es decir, emitiendo energía.

En teoría, en 2023 se tendría que haber destruido la vieja estructura de Chernóbil. Pero la guerra y los ataques rusos han debilitado la cubierta, aún no se sabe cuánto. Desde la invasión rusa en 2022, la central de Chernóbil ha sido escenario de eventos preocupantes.
En febrero de 2025, un dron explosivo impactó contra la estructura protectora, provocando un agujero en su superficie. El incidente subrayó la vulnerabilidad de la instalación en medio del conflicto. Tras el ataque de un otro dron ruso en diciembre de 2025, un informe del OIEA aseguraba que el sarcófago de Chernóbil ya no podía cumplir su función principal de seguridad debido a los daños.
La planta sigue hoy bajo la supervisión de la Agencia Estatal de Ucrania para la Gestión de Zonas de Exclusión, con el apoyo del OIEA. Unas 2.400 personas trabajan actualmente en Chernóbil. Residen todos en Slavutych, una ciudad construida después del accidente de 1986 a 40 kilómetros de la central y a 200 de la capital.


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