miércoles, 9 de septiembre de 2026

Canal Curiosidades : El deshielo glaciar aumenta el riesgo de desastres en la montaña

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El calentamiento del planeta se acelera y está provocando que los glaciares pierdan hielo a un ritmo cada vez mayor. También está alterando la estabilidad de algunas de las principales regiones montañosas del mundo y aumentando el riesgo de desprendimientos, avalanchas, inundaciones repentinas y otros fenómenos extremos. 

El reciente desastre que han vivido en la región de Nepal y el Tíbet vuelve a mostrar hasta qué punto, los cambios que se están produciendo en la criosfera pueden tener consecuencias directas sobre las poblaciones que viven en estas zonas.

La criosfera comprende todas las regiones del planeta en las que el agua permanece congelada durante periodos prolongados, incluidos glaciares, nieve, hielo marino y permafrost. Es uno de los componentes del sistema climático más sensibles al aumento de las temperaturas y está experimentando cambios cada vez más rápidos, algunos de ellos prácticamente irreversibles durante siglos.

Un problema creciente en muchos rincones del planeta

Los primeros estudios sobre la inundación repentina ocurrida en el Tíbet y Nepal apuntan a que el episodio pudo comenzar con el colapso de un glaciar. Posteriormente, se sumaron desprendimientos de roca y grandes cantidades de sedimentos y escombros.

Los expertos llevan tiempo anunciando que el calentamiento que se registra en muchas regiones está modificando rápidamente las condiciones físicas de las regiones de alta montaña. Cuando desaparece el hielo que durante décadas o siglos ha contribuido a estabilizar determinadas laderas, algunas zonas pueden hacerse más vulnerables a desprendimientos. 

Al mismo tiempo, el r etroceso de los glaciares favorece la formación y expansión de lagos glaciares capaces de acumular enormes cantidades de agua.

Si las barreras naturales que contienen estos lagos se rompen, el agua puede descender violentamente por los valles, arrastrando rocas, barro y sedimentos. Se producen entonces fenómenos en cascada en los que el colapso inicial de hielo o roca puede desencadenar posteriormente inundaciones, avalanchas y corrimientos de tierra.

Un manto de hielo cada vez más inestable

Suben las temperaturas y, como consecuencia, aumenta rápidamente la inestabilidad de glaciares, laderas y lagos glaciares. Sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las propias montañas, afectando al suministro de agua, los ecosistemas, la agricultura, las infraestructuras y las comunidades que dependen de los ríos alimentados por el deshielo.

En diferentes regiones donde se extienden las grandes cordilleras del planeta, los glaciares actúan como gigantescas reservas naturales de agua. Durante los meses más cálidos van liberando progresivamente parte del agua almacenada. Al desaparecer, pueden producir inicialmente un aumento del caudal debido al mayor deshielo. Pero si miramos a largo plazo, sucede lo contrario, cuanto menor es el glaciar, menor es también la reserva de agua disponible.

Por eso el calentamiento puede aumentar tanto el riesgo de inundaciones como el de sequías. Durante determinados periodos puede existir demasiada agua procedente del deshielo y, años después, aparecer un déficit cuando una parte importante de esa reserva de hielo haya desaparecido.

Un buen número de glaciares ya están condenados a desaparecer

De los cambios que estamos observando, preocupa sobre todo la enorme inercia del sistema climático. Una parte del futuro deshielo ya resulta inevitable debido al calentamiento provocado por las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero durante las últimas décadas.

Aunque mañana las emisiones disminuyeran rápidamente, numerosos glaciares continuarían retrocediendo. Sin embargo, la magnitud final de esa pérdida dependerá enormemente de cuánto siga aumentando la temperatura del planeta. 

De ahí la importancia de frenar el calentamiento global por debajo de 1,5 °C. Con ello se podría reducir aproximadamente a la mitad la pérdida de hielo glaciar respecto a un escenario que contemple 2,7 °C de calentamiento. 

Cada décima de grado cuenta. Cuanto mayor sea el calentamiento, mayor será la cantidad de hielo que desaparecerá y más importantes serán las alteraciones de los sistemas hidrológicos y los riesgos asociados a la transformación de las regiones montañosas.

Adaptación a cordilleras cambiantes

Para conseguir que la criosfera poco a poco vuelva a un estado más cercano al equilibrio, es fundamental reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También será necesario adaptarse a cambios que ya están en marcha, y para ello hay que mejorar la vigilancia de glaciares y lagos glaciares.  

También es necesario utilizar satélites con mayor frecuencia y sensores en la superficie que detecten movimientos del terreno. Con todos esos datos se pueden desarrollar sistemas de alerta temprana. Una herramienta cada vez más necesaria que permite avisar rápidamente a las poblaciones situadas en las zonas de mayor riesgo.

Una vez realizados estudios detallados de las zonas potencialmente más afectadas por el deshielo, se pueden elaborar mapas de riesgo. También será necesario reconsiderar dónde y cómo se construyen carreteras, presas, instalaciones turísticas y otras infraestructuras en las regiones de alta montaña.

Los glaciares que antaño eran elementos casi estáticos del paisaje de alta montaña, están respondiendo rápidamente al calentamiento global. Se han convertido en elementos especialmente dinámicos de las montañas más emblemáticas del planeta.

El problema es que, a medida que cambian, no solo cambia el paisaje, sino que también hace que las montañas sean más inestables.  Cada vez es más habitual que se registren inundaciones repentinas, desprendimientos, avalanchas, sequías y problemas de abastecimiento de agua. Es parte de un nuevo escenario al que muchas regiones tendrán que adaptarse durante las próximas décadas.

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