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La Plaça de Sant Felip Neri, situada en el corazón del Barrio Gótico de Barcelona, es conocida por ser uno de los lugares más fotografiados y encantadores de la ciudad. Sin embargo, bajo su apariencia medieval oculta una fascinante historia de transformaciones, tragedias y una arquitectura itinerante que moldeó su fisonomía durante el siglo XX.
Un pasado como cementerio y convento
Los orígenes de este espacio se remontan a principios del siglo XVI, cuando el terreno donde actualmente se encuentra la plaza funcionaba como cementerio de la catedral. En este lugar fueron enterrados feligreses y miembros de hermandades y gremios. Debido a su estado, popularmente se le apodó el cementerio de los condenados, ya que también se enterraban allí quienes habían sido condenados a muerte.
En 1673, la orden religiosa de la congregación del oratorio de Sant Felip Neri compró varios edificios en la zona para construir su convento y, posteriormente, la iglesia del mismo nombre, cuya construcción se completó en 1751. Más tarde, en 1816, con la supresión de los cementerios parroquiales, el espacio se convirtió definitivamente en una plaza pública, aunque inicialmente mucho más pequeña que las actuales. De hecho, la antigua delimitación de la plaza coincidía anteriormente con la hilera de árboles cerca de la fachada de la iglesia, mientras que el resto del espacio actual estaba ocupado por edificios privados.
El trágico bombardeo de la Guerra Civil
Uno de los capítulos más oscuros y marcados en la memoria de la plaza tuvo lugar durante la Guerra Civil Española. El 30 de enero de 1938, la plaza de San Felipe Neri fue brutalmente bombardeada por la fuerza aérea italiana. Una bomba impactó directamente en el lugar y causó la muerte de 42 personas y el colapso total de los edificios situados en el lado izquierdo de la iglesia, que también sufrieron daños considerables. Durante años, el espacio afectado se redujo a simples solares vacíos.
La gran transformación de los años 50 y las fachadas itinerantes
A finales de los años 50, el Ayuntamiento de Barcelona emprendió una renovación integral de la plaza bajo la dirección del arquitecto municipal Adolf Florensa, con el objetivo de ampliar el espacio y darle un aspecto histórico y elegante.
Para lograrlo, en lugar de construir edificios con estética típica de la época, se decidió trasladar las fachadas de edificios antiguos de la ciudad que previamente habían sido demolidos por obras urbanas:
- La fachada del Gremio de Caldereros: originalmente situada en la Carrer de la Bòria, junto a la Plaça de l'Àngel, esta fachada fue desmontada en 1911 para permitir la apertura de la Via Laietana. Tras un paso previo por la Plaça de Lesseps, finalmente fue reinstalado en la Plaça de Sant Felip Neri para flanquear el nuevo edificio de la escuela local.
- La fachada del Gremio de Zapateros: procedente de la Carrer de la Corríbia, situada entre la Plaça Nova y la Pla de la Seu, formaba parte de un bloque de viviendas demolido en 1943. Tras ser almacenado en un almacén municipal, Adolf Florensa decidió colocarlo al otro lado de la plaza.
Posteriormente, la instalación de una fuente en 1962 y la posterior renovación de la fachada de la Casa Gironella, que ahora se ha convertido en hotel, definieron la fisionomía que conocen hoy en día los ciudadanos y visitantes.

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