domingo, 6 de septiembre de 2026

Canal Viajar : Montenegro: atractivos de un pequeño país que lo tiene todo (y aún es barato)

 CanalViajar



Montenegro es una especie de compendio de Europa en miniatura: payas bañadas por el Adriático, montañas que rozan los 2.500 metros, ciudades medievales amuralladas, monasterios excavados en la roca, el cañón más profundo de Europa y una gastronomía que mezcla influencias balcánicas, italianas y otomanas. Este pequeño país ocupa poco más de 13.800 kilómetros cuadrados, pero condensa una sorprendente variedad de paisajes y experiencias. Y, a diferencia de su vecina Croacia, todavía conserva una relación calidad-precio que lo convierte en uno de los destinos más atractivos del Mediterráneo.

En menos de tres horas de carretera es posible desayunar frente al Mediterráneo, almorzar entre montañas cubiertas de bosques, recorrer una ciudad veneciana del siglo XV al caer la tarde y terminar el día bañándose en una playa de aguas transparentes. Es difícil resumir el país en una sola imagen, aunque Kotor y su bahía son su postal más reconocible. Poco a poco se han hecho también populares las playas de Budva o Sveti Stefan, y las cumbres del parque nacional de Durmitor, pero este joven país —independiente desde junio de 2006— todavía conserva la sensación de territorio por descubrir.

Durante años vivió a la sombra de Croacia. Mientras Dubrovnik recibía millones de visitantes, muchos viajeros apenas continuaban unos kilómetros hacia el sur. Sin embargo, esa situación está cambiando. Las conexiones aéreas mejoran cada temporada, las infraestructuras se modernizan y cada vez más europeos descubren que este pequeño rincón de los Balcanes ofrece mucho y a precios todavía razonables. En una Europa donde cada vez cuesta más encontrar destinos que combinen autenticidad, naturaleza, patrimonio y precios razonables, Montenegro sigue jugando con ventaja. Quizá sea pequeño. Pero pocos países ofrecen tanto en tan poco espacio.

Kotor: una bahía que parece un fiordo

La mayoría de los viajes comienzan en la bahía de Kotor, aunque el término "bahía" no hace justicia al lugar. Cuatro ensenadas se internan profundamente entre montañas calizas formando uno de los paisajes costeros más espectaculares del Adriático. A menudo se la describe como el fiordo más meridional de Europa, aunque geológicamente no lo sea. La comparación, sin embargo, ayuda a imaginar el escenario: paredes de roca que caen casi verticales sobre el agua y pequeños pueblos de piedra que parecen suspendidos entre el mar y la montaña.

Más información en la guía Montenegro de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.

Kotor, patrimonio mundial de la Unesco desde 1979, es el corazón histórico de ese paisaje. Protegida por murallas venecianas que trepan por la ladera hasta una fortaleza situada a casi 300 metros de altura, la ciudad conserva un entramado de plazas, iglesias románicas, palacios barrocos y callejuelas donde aún resuena el eco de los siglos en que la Serenísima República de Venecia dominaba buena parte del Adriático. Lo mejor es perderse sin mapa. Las calles son tan estrechas que apenas dejan pasar la luz durante las horas centrales del día. De repente aparece una plaza diminuta presidida por un campanario, un patio donde los vecinos tienden la ropa o una terraza donde el café cuesta la mitad que al otro lado de la frontera croata.

El esfuerzo de subir los más de mil escalones hasta la fortaleza de San Giovanni queda ampliamente recompensado con una de las panorámicas más extraordinarias del Mediterráneo. Desde arriba, la bahía despliega toda su geometría de aguas tranquilas y montañas que cambian de color según avanza el día. Conviene comenzar el ascenso temprano, antes de que el calor apriete y antes de que lleguen los pasajeros de los cruceros que hacen escala en Kotor.

Perast, la elegancia adriática

A apenas 20 minutos de Kotor aparece una de las localidades más fotogénicas del país: Perast. Apenas supera los 300 habitantes permanentes, y no tiene ni el dinamismo ni las murallas monumentales de Kotor, pero durante los siglos XVII y XVIII fue uno de los puertos más ricos del Adriático gracias al comercio marítimo. Hoy parece un decorado detenido en el tiempo. Sus palacios barrocos, construidos por familias de capitanes y comerciantes, se reflejan en unas aguas donde siguen balanceándose pequeñas embarcaciones de pesca.

Frente al pueblo emergen dos islotes. Uno alberga el monasterio benedictino de San Jorge, inaccesible al público. El otro, Nuestra Señora de las Rocas, es completamente artificial. Según la leyenda, los marineros fueron arrojando piedras durante siglos hasta crear una pequeña isla donde levantar la iglesia que hoy recibe a miles de visitantes.

Pocas excursiones resultan tan agradables como embarcar desde Perast al atardecer, cuando las fachadas de piedra adquieren un tono dorado y la bahía recupera la calma tras la marcha de los excursionistas.

Budva y la costa donde veranean los Balcanes

Montenegro no es un destino exclusivamente cultural, y la prueba está Budva. La ciudad concentra buena parte del turismo de sol y playa del país y durante el verano multiplica varias veces su población. Su casco antiguo ha logrado conservar el encanto de las ciudades amuralladas venecianas, pero basta cruzar las murallas para encontrarse con un animado paseo marítimo, hoteles modernos, restaurantes y playas donde se mezclan familias montenegrinas, turistas serbios, italianos, alemanes o polacos.

A pocos kilómetros aparece la imagen más famosa de la costa montenegrina: Sveti Stefan. La pequeña isla fortificada, unida a tierra por un estrecho istmo de arena, fue transformada en un hotel de lujo durante la época yugoslava y continúa siendo uno de los iconos del Adriático. Aunque el acceso al complejo depende de su situación hotelera, el mejor punto de observación sigue estando desde la playa o desde la carretera panorámica que desciende hacia la costa.

Más allá de los lugares más conocidos, merece la pena seguir conduciendo hacia Petrovac o Ulcinj, donde las playas se hacen más amplias y el ambiente recupera un ritmo mucho más relajado.

El lago donde confluyen dos mundos: Skadar

Si hay un lugar capaz de sorprender incluso a quienes conocen bien los Balcanes, ese es el lago Skadar. Compartido entre Montenegro y Albania, es la mayor superficie lacustre de la península balcánica y uno de los humedales más importantes del continente.

Desde el pequeño pueblo de Virpazar parten embarcaciones que recorren un laberinto de canales cubiertos por nenúfares, islotes coronados por monasterios ortodoxos y antiguas fortalezas otomanas. Más de 270 especies de aves habitan este parque nacional. Pelícanos dálmatas, garzas, cormoranes y águilas pescadoras convierten el lago en un pequeño paraíso para los aficionados a la observación de fauna.

Las colinas que rodean el lago producen algunos de los mejores vinos de Montenegro, especialmente a partir de la uva autóctona vranac, cuyos tintos acompañan perfectamente la cocina local.

Durmitor: la gran sorpresa

La mayor sorpresa del país llega cuando se abandona la costa. Es el parque nacional de Durmitor, probablemente su espacio natural más impresionante. En apenas dos horas de carretera el paisaje cambia radicalmente. Las palmeras desaparecen y son sustituidas por densos bosques de pino negro, praderas alpinas y montañas que superan los 2.000 metros de altitud. Durmitor constituye uno de los grandes tesoros naturales de los Balcanes. Declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1980, reúne 18 lagos glaciares, decenas de cumbres escarpadas y una extraordinaria red de senderos. El más famoso de esos lagos es Crno Jezero (el lago Negro), rodeado por un bosque de abetos, y muy fácil de recorrer a pie.

Pero el verdadero reclamo es el cañón del río Tara. Con más de 1.300 metros de profundidad en algunos puntos, está considerado el más profundo de Europa. Sus aguas de color turquesa atraen cada verano a miles de aficionados al rafting, mientras que el puente de Đurđevića Tara ofrece una de las panorámicas más espectaculares del país. Incluso quienes no practiquen deportes de aventura encontrarán aquí un paisaje sorprendentemente alpino, muy alejado de la imagen mediterránea con la que suele asociarse Montenegro.

Monasterios suspendidos en la roca

La espiritualidad forma parte inseparable del paisaje montenegrino. El monasterio de Ostrog, excavado directamente en un acantilado blanco a casi 900 metros de altura, es el principal lugar de peregrinación del país. Ortodoxos, católicos y musulmanes acuden cada año para venerar las reliquias de San Basilio de Ostrog, en un ambiente de convivencia religiosa poco habitual en una región marcada por los conflictos del siglo XX.

La carretera de acceso asciende mediante una sucesión de curvas imposibles, pero la recompensa llega al contemplar el edificio literalmente incrustado en la roca.

Una cocina con alma balcánica

Montenegro también se descubre sentado a la mesa. En la costa predominan los pescados del Adriático, los calamares, los mejillones de la bahía de Kotor y el aceite de oliva producido alrededor de Bar. En el interior aparecen contundentes platos de montaña como el kačamak, elaborado con harina de maíz, queso y patata; el njeguški pršut, un excelente jamón curado al aire de las montañas; o los quesos artesanos elaborados con leche de oveja.

Todo suele acompañarse con vinos locales o con un vaso de rakija, el aguardiente de frutas que sigue marcando el inicio de muchas comidas familiares. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Canal Curiosidades : El deshielo de un glaciar deja al descubierto un enorme yacimiento de reptiles marinos prehistóricos

   CanalCuriosidades Un grupo de investigadores ha localizado en el sur de Chile casi un centenar de esqueletos de ictiosaurios El macho de ...