Al menos cuatro personas han muerto y treinta han resultado heridas en un accidente de tren en el distrito de Garmisch-Partenkirchen, en Alta Baviera (Alemania). El convoy viajaba en dirección a Múnich, la capital regional, con unas sesenta personas a bordo cuando tres vagones se deslizaron por un terraplén por causas que aún se desconocen, ha señalado la policía.
Unas quince personas recibieron atención hospitalaria, mientras que los primeros heridos leves fueron trasladados a un edificio cercano que acoge también a sus familiares. Entre los ocupantes del tren había un gran número de estudiantes que se preparaban para disfrutar de un fin de semana largo por las festividades de Pentecostés.
Como se puede observar en las imágenes difundidas a través de las redes sociales, se aprecian al menos tres vagones de un tren regional de dos pisos volcados en un terraplén junto a las vías. Otras fotografías muestran a personas evacuadas en camillas o de pie en las vías.
MATHIAS HEINE (AFP)
Varios equipos de emergencia y rescate se desplazaron al lugar del descarrilamiento tras ser alertados por teléfono por vecinos de la zona. Poco después, más de 500 personas llegaron allí y ayudaron a los pasajeros a salir del tren a través de las ventanas. La línea ferroviaria ha sido cortada y las carreteras federales que discurren cerca de las vías férreas han sido cerradas en su totalidad.
Tres helicópteros de rescate del Tirol, llegados desde la vecina Austria, ayudaron a trasladar a los heridos hasta centros médicos cercanos, mientras que también llegaron los efectivos de la Bundeswehr, el ejército alemán, para colaborar en el rescate.
Abono de nueve euros mensuales
Los trenes regionales alemanes han experimentado un aumento de pasajeros desde este miércoles 1 de junio, después de entrar en vigor un abono de nueve euros mensuales que permite usarlos en todo el país. También incluye metro y autobús. Se trata de una medida para reducir la dependencia de los hidrocarburos rusos e impulsar la transformación verde.
Alemania repite su historia
No es el primer accidente de tren en Alemania. En 1998 se produjo elaccidente ferroviario más letal, cuando un tren de alta velocidad descarriló en Eschede, en la Baja Sajonia. Murieron un total de 101 personas.
El más reciente fue el 14 de febrero, cuando dos trenes chocaron cerca de Múnich y en el que fallecieron una persona y 14 resultaros heridas.
La presidenta del Parlamento Estatal de Baviera, Ilse Aigner, ha deseado a los heridos una pronta recuperación y ha dado las gracias a los numerosos servicios de emergencia desplazados.
Susto en una piscina del CE Mediterráneo: caen al agua los enormes tubos de ventilación del techo
Los hechos han sucedido alrededor de las 16 h, poco después de la finalización de un curso de waterpolo para adultos.
Un buen susto han tenido los trabajadores del Club Deportivo Mediterráneo cuando una parte de los conductos de ventilación del equipamiento han caído dentro del agua de manera inesperada. Los hechos han sucedido alrededor de las 16 h, poco después de la finalización de un curso de waterpolo para adultos. Afortunadamente, nadie ha resultado herido porque no quedaban usuarios, ni en el agua ni tampoco por los alrededores de la instalación.
De hecho, tal y como se puede ver en las imágenes, han sido varios los tramos de los tubos que se han precipitado tanto dentro de la piscina como en los laterales.
Ha pasado a la piscina principal de las instalaciones que tiene el club en la calle de Regent Mendieta, en Les Corts. La situación ha obligado a modificar los horarios de partidos que debían disputarse durante la tarde. Sin embargo, según fuentes del Mediterráneo, la canalización ya se ha retirado del agua y este sábado las instalaciones estarán plenamente operativas.
Vecinos denuncian que algunos bares funcionan como "afterhours" para los asistentes del Primavera
Aparte de los bares, también denuncian que el sonido de los bajos de las baterías de los grupos resuenan dentro de los pisos y no los deja descansar.
Primera noche de conciertos del Primavera Sound y primeras denuncias de incivismo por parte de los vecinos del Besòs, el Maresme y el Foro. Francisco Abad, presidente de la AV del Besòs, hace especial hincapié en una situación que se produce entre los bares del barrio. Denuncia que algunos están abriendo antes de lo habitual para servir bebidas a los asistentes del Primavera justo cuando salen de los conciertos. "Estos bares normalmente abren a las 8 de la mañana, y ahora lo hacen a las cinco y aprovechan la avenencia para hacer caja. Esto conlleva que todo está tirado por el suelo, y la gente está bebiendo cerveza sin parar. Algunos siguen allí este mediodía y empalman una noche de concierto con la siguiente".
Estos bares normalmente abren a las 8 de la mañana, y ahora lo hacen a las cinco y aprovechan el avena para hacer caja"
Francisco Abad, presidente AV Besòs
El sonido dentro de casa y dentro del propio cuerpo
"Es como si literalmente el sonido se metiera dentro de tu cuerpo", de esta manera la Mari Carmen García, del movimiento Diagonal Mar, explicaba el calvario que ha vivido esta primera nochede conciertos del Primavera Sound. Según García se trata de la resonancia que provocan las baterías de los grupos de música que se acaba colando dentro de los pisos.
Abad también es consciente de los problemas de los vecinos que viven en primera línea, junto al Primavera Sound. "Los que están en primera línea es demasiado, muchos socios de la asociación marchan el fin de semana fuera porque incluso con las ventanas de doble vidrio cerradas, los datos llegan hasta los 96 decibelios. Hay que mirar cómo se puede solucionar esta situación porque lo que está claro es que los vecinos tampoco tienen que sufrir. “
Estudian sacar adelante acciones más contundentes
Los vecinos más afectados están tratando de organizarse y llevar a cabo algún tipo de acción más contundente. Creen que ahora mismo los dispositivos de seguridad están desbordados y que la situación de incivismo está descontrolada. En este sentido están estudiando la posibilidad de realizar algún tipo de manifestación a la entrada del Primavera o, decibelios en mano, tramitar algún tipo de denuncia en los juzgados.
Dos vigilantes de seguridad fueron agredidos el pasado miércoles en la estación de metro de Vall d'Hebron (L3 y L5). Los hechos ocurrieron sobre las 06.30 cuando un hombre que estaba fumando en la estación recibió una reprimenda por ello.
Los trabajadores procedieron a desalojar al hombre, pero este reaccionó "de manera violenta", señala Transports Metropolitans de Barcelona. El agresor cogió la defensas (porra) de una vigilante y le golpeó en la cabeza. Así lo muestra la imagen que acompaña este artículo.
DESALOJADO
Los Mossos d'Esquadra identificaron al agresor que fue desalojado de la estación y que ya se había colado anteriormente en el transporte público. Los dos vigilantes fueron atendidos por sl Servei d'Emergències Mèdiques (SEM). La mujer sufrió fracturas en las costillas, según fuentes de la seguridad privada.
Malik es uno de los veteranos de la playa de la Barceloneta. Se dedica a la venta ambulante desde 2008. Tras dos años de pandemia, pronostica un buen verano, pero aun es pronto para cantar victoria. "Hay más gente que el año pasado cuando había coronavirus, pero también hay mucha policía. Antes han venido cuatro secretas y se han llevado pareos, sombrillas y dinero", se queja. Son las 16.00 de este jueves y, aunque la playa no registra una gran afluencia, el tránsito de clientes potenciales es continuo.
La Guardia Urbana se hace notar estos días. El Ayuntamiento ha activado esta semana la Operación Verano con el objetivo de garantizar la convivencia con los vecinos. Los botellones y los bicitaxis son los principales retos de la policía, que patrulla a pie, bordo de quads por la arena y con coches, motocicletas y bicicletas desde el paseo. Entre enero y marzo de este año, los vehículos a tres ruedas acumulan 1000 denuncias, la mayoría por estacionar donde no deben.
MULTIREINCIDENCIA
Malik vende sombrillas a 12 y 15 euros, aunque también las alquila por 5 euros. A él le han multado con 68 euros en más de una ocasión. Sentados en la pasarela de madera cerca de una ducha, un grupo de cinco vendedores coincide con su compañero. A todos les han sancionado. "Hay mucha policía, no nos dejan trabajar", lamenta uno de ellos. "Vienen 20, 30 policías. ¿No tienen nada más que hacer o qué?", se pregunta otro.
La venta ambulante, prohibida por la ordenanza del Ayuntamiento, se concentra sobre todo en verano y a la Unidad de Playas de la policía barcelonesa se les gira faena. Son 90 policías que hasta mediados de septiembre juegan una especie de juego del gato y el ratón con el ejército de vendedores ambulantes que pulula entre los bañistas. Una pareja de agentes de paisano retiene e identifica a dos jóvenes en la arena. La multireincidencia delictiva, que preocupa también a los vecino, es otro de los objetivos del cuerpo, como subrayaba el lunes el regidor de Seguridad, Albert Batlle. Los guardias urbanos colaboran con los Mossos d'Esquadra en el Pla Tremall desplegado por el cuerpo autonómico para detener a los ladrones con decenas de antecedentes.
UNA CAMARERA: "CON ESTOS PRECIOS NO PODEMOS COMPETIR"
Ratuji viste gafas oscuras de sol y sostiene con aplomo su bandeja de mojitos. "Cinco euros, amigo. Allí delante cuestan 10", dice señalando con la cabeza la terraza de uno de los chiringuitos ubicados a unos metros del agua. Más adelante, cerca del Club Natació de la Barceloneta una camarera denuncia la competencia desleal de vendedores como Ratuji. "El otro día vendieron a un grupo 10 mojitos por 25 euros. Con estos precios no podemos competir".
Un quad de la Guardia Urbana cargado con pareos y material para vender / LUIS MIGUEL AÑÓN (MA)
En una mesa de la terraza, un policía recoge la denuncia de una pareja de turistas. A unos metros, dos agentes más vestidos de civil hacen lo mismo con un joven de unos 30 años. Lo registran, le hacen vaciar la mochila y, tras media hora, le dejan marchar. Las terrazas son un sitio más para vigilar la actividad de los ladrones que actúan al descuido en la playa de la Barceloneta. Siguen con la mirada a los sospechosos y, si tienen suerte, les detienen in fraganti.
HOSTIGAMIENTO A LOS BICITAXIS
Han conduce bicitaxis desde hace cuatro años. Asegura que algunos jóvenes que ahora pedalean junto a él por la costa barcelonesa antes se dedicaban a la delincuencia. Ofrece paseos desde siete euros por persona, prefiere a los turistas ingleses y despotrica del regateo de italianos y franceses. También se queja de los pocos lugares para estacionar y captar clientes que habilita el Ayuntamiento. Recientemente, el consistorio ha pedido a la Generalitat que prohíba estos vehículos.
Nudismo en la Barceloneta / LUIS MIGUEL AÑÓN (MA)
En el caso de Abdel alquila su bicicleta a una empresa de triciclos. Su relato también implica una crítica a la ofensiva policial. "Estamos esperando el día 15 porque vendrá mucha más gente. Lo que pasa ahora es que tenemos muchas multas. No podemos pasar por aquí, pero aquí está la faena", describe. Una patrulla uniformada en coche de la Urbana interrumpe la entrevista para advertir al conductor, que se marcha rápido de esa zona dejando al periodista antes incluso que el coche se detenga. "Ya sabes que no puedes estar aquí", le lanza una agente.
BOTELLONES
Un restaurador describe la convivencia ordenada entre los diferentes tipos de vendedores ambulantes: "En la orilla se ponen los de los mojitos, en la arena los manteros y arriba, en el paseo, los lateros. No se molestan y se respetan, también a nosotros, pero cuando cerramos también empiezan a pasar por aquí", comenta en referencia al porche cubierto que acoge restaurantes y escuelas de surf.
Los trabajadores de la playa de la Barceloneta también dan cuenta del estado "alborotado" de la gente tras el levantamiento de las restricciones sanitarias. Las juergas con alcohol son diarias en la arena. La cerveza y las copas también bombean la sangre de los más alegres durante el día. A primera hora, los socorristas se encuentran la resaca fiestera en forma de vasos y botellas esparcidos por la arena.
Panorámica de la playa de la Barceloneta / LUIS MIGUEL AÑÓN (MA)
Hasta ahora, la tradición afirmaba que H. H. Holmes acabó con más de 200 personas en un gigantesco hotel de los horrores creado por él en 1893
Los diarios de la época llamaban a aquel horrible lugar de un millón de formas. Desde el «Castillo de la muerte» hasta el «Hotel de los horrores». En un artículo fechado el 29 de julio de 1985, «The New York Times» -periódico que le dedicó más de una veintena de reportajes al tema en cuestión- lo calificó, simplemente, como «The castle». Lo que se presume es que, en su interior, el estadounidense H. H. Holmes encerró y acabó con la vida de sus víctimas allá por el siglo XIX. Pero poco hay seguro alrededor de la figura de este cruento asesino que nació bajo el nombre de Herman Webster Mudgett y que se cambió de identidad para acometer con más tranquilidad la infame tarea del asesinato.
En el siglo que ha pasado desde que perpetró sus tropelías se le han atribuido doscientos crímenes y se ha definido su «castillo» como una suerte de laberinto lleno de trampas ideadas para desquiciar a las mujeres que capturaba. Una cámara de los horrores de tres pisos que contaba con pasadizos secretos, puertas corredizas, cámaras de gas y hasta un horno crematorio con el que deshacerse de los cadáveres. Sin embargo, todo parece indicar que, ni este Jack el Destripador estadounidense fue tan prolífico, ni su castillo fue tan complejo como se nos ha querido hacer creer. Así lo han afirmado, en declaraciones al canal History Channel, dos de los últimos biógrafos y estudiosos del personaje.
Muertes probadas
Según desvela History Channel, la primera falacia de este mito es el número de asesinatos. «El total de personas que podemos asegurar que mató es aproximadamente de 9. En su momento confesó 27 asesinatos, pero varias de las supuestas víctimas estaban vivas», ha explicado para la cadena Adam Selzer, autor de «H. H. Holmes». El investigador, dedicado desde 2011 al ensayo y a la divulgación histórica, es partidario de que las cifras fueron exageradas en primer lugar por la prensa y, en segundo término, por la obra «Gem Of The Prairie: An Informal History Of The Chicago Underworld», publicada en 1940 por Herbert Asbury. Este autor habría sido el culpable de generalizar la falacia de que H. H. Holmes asesinó a nada menos que 200 personas, la mayor parte de ellas, mujeres.
Una de las fotografías más famosas de Holmes
«Hasta entonces nadie había sugerido esa cifra. Pero, a partir de ese momento, todos los que se refirieron a la historia de Holmes utilizaron el dato como una estimación real», añade. A pesar de la ingente cantidad de muertes que se le han atribuido, los expertos consultados por History Channel son partidarios de que sus víctimas fueron, a ciencia cierta, un máximo de 9. El asesinato más conocido fue el de su colega, el estafador Benjamin Pitezel, en 1894. Holmes acabó con su vida para evitar que desvelara los sucios tratos en los que ambos estaban inmersos y, poco después, también con la de sus tres hijos pequeños. Su objetivo: encubrir el primer crimen. Este asesinato fue el que, a la postre, le llevó a la horca.
De las menos conocidas, las dos primeras víctimas de Holmes fueron Julia Connor y su pequeña de seis años, la pequeña Pearl. Ambas desaparecieron en la Navidad de 1891, después de que nuestro protagonista tuviese una aventura amorosa con la mujer. Tras ser capturado, y durante los interrogatorios, el asesino no quiso confesar su asesinato. Sin embargo, al final desveló que todo había ocurrido de forma accidental, mientras le practicaba un aborto. En la actualidad se desconoce qué les sucedió a ambas.
Las autoridades supusieron que había hecho otro tanto en los dos años siguientes con Emeline Cigrand y las hermanas Minnie, Nannie y Emeline Williams. Pero no se sabe qué sucedió con ellas.
El hotel de los horrores
Según las pesquisas de Selzer, tampoco existen evidencias reales de que atrapara a sus víctimas dentro de su hotel para acabar con ellas. El autor es partidario de que esas 9 personas a las que probablemente quitó la vida eran conocidas suyas. Para terminar, añade que el edificio que tenía en propiedad no era tal y como se ha definido. Ubicado en Chicago, el mitificado «Castillo de los horrores» habría contado con un primer piso lleno de tiendas con escaparates y un segundo con apartamentos que se podían alquilar durante largos períodos de tiempo.
Holmes, sin sombrero
«La verdad es que no fue hasta 1892 cuando adquirió un tercer piso. Fue entonces cuando dijo a todos que iba a montar un gran hotel, pero nunca se terminó, ni se amuebló, ni se abrió al público. Aquello solo era una mentira para engañar a proveedores, inversores y aseguradoras», añade el experto.
Su colega, el también ensayista y autor del «The New York Times» Harold Schechter (quien publicó hace una década «Depraved: The definitive true story of H. H. Holmes»), va incluso más allá y desvela que las trampas que presuntamente instaló en edificio no son más que una mera invención de la prensa de la época. «Creo que la historia es un invento sensacionalista».
Schechter afirma que no hay evidencias de que el «Castillo de los horrores», construido en Chicago a mediados de la década de 1890 y pensado en efecto por Holmes, estuviese diseñado en sus orígenes para esconder los cuerpos de sus víctimas. El ensayista es partidario de que una de las escasas evidencias que hallaron los medios de comunicación para sustentar esta afirmación fue una gran tolva que desembocaba en el sótano. No obstante, confirma que, por entonces, era habitual que muchos edificios contaran con una ya que permitía transportar la ropa sucia hasta el sótano.
El Hotel levantado por Holmes
A golpe de falacias, y en mitad de una época en la que primaban las noticias exageradas, se empezó a hablar de calabozos de tortura insonorizados, tuberías de gas tóxico y salas escondidas tras falsas puertas. «Todos estos mitos que, por desgracia, incluso yo mismo ayudé a perpetuar en su momento, fueron creciendo y se generalizaron», completa Schechter.
Sus declaraciones cobran más relevancia si se tiene en cuenta que, según explicaron en 1896 diarios como el mismo «The New York Times», el hotel se quemó poco después de que el asesino fuese juzgado y ahorcado. La tragedia ocurrió mientras el hotel era rehabilitado por un empresario que pretendía convertirlo en una atracción turística.
Según los diarios de la época, el 19 de agosto de 1896, a las 12:13, uno de los vigilantes nocturnos del ferrocarril vio que las llamas atravesaban el techo del «Castillo de Holmes». Tras unos segundos, tres explosiones hicieron estallar las ventanas del primer piso. El fuego estaba fuera de control cuando llegó la ayuda. Noventa minutos después de que se informara del incendio, el tejado se había derrumbado junto con la mayor parte del edificio. El origen del fuego no se pudo determinar, aunque, como señaló el diario «The Chicagoist» en 2015, es probable que algunos vecinos prefirieran ver el lugar destruido a que se convirtiera en un circo.
Un mito de un siglo
La historia de H. H. Holmes, o el mito que se ha generado a su alrededor, nos traslada hasta el final del siglo XIX. Herman Webster Mudgett nació en 1860 en Gilmanton, Estados Unidos, en el seno de una familia muy puritana. Al parecer, desde su adolescencia mostró una enfermiza obsesión por el sexo y se destacó como un joven avispado capaz de encandilar a quien fuera para lograr sus objetivos.
A los dieciocho años demostró ambas facetas cuando se casó con su primera esposa con la única finalidad de aprovecharse de su fortuna, con la que se pagó sus estudios de medicina. Poco después de licenciarse abandonó a la desdichada y se marchó en un largo periplo que terminó en Chicago.
Recreación de un asesinato de Holmes
Según se desvela en «Historias de asesinos», el todavía joven Webster se convirtió en un cazador de fortunas y en un embaucador de jovencitas. Tarea para la que se cambió el nombre por H. H. Holmes. Su mayor golpe lo dio tras ganarse la confianza de una viuda dueña de una farmacia en Englewood. A ella le estafó sin piedad a golpe de desviar dinero de los libros de cuentas del local. Terminado el trabajo, se marchó con los bolsillos cargados de billetes.
Los meses pasaron para el médico hasta que, en 1893, arribó hasta Chicago la Exposición Universal. Según el mito, el desquiciado trilero vio en este evento un momento idóneo para ganarse la confianza de jóvenes extranjeras y obtener una buena cantidad de monedas a cambio.
Aquí es donde la leyenda cobra más intensidad. Cuenta la tradición que, valiéndose de la fortuna que había amasado, Holmes diseñó un fastuoso hotel en el que incluyó todo tipo de trampas. Al parecer, él mismo terminó la construcción para asegurarse de que nadie conocía sus secretos… Hasta el edificio habría llevado, durante la Exposición Universal, a dos centenares de jóvenes solas y ricas para torturarlas, obligarles a entregarles su fortuna y, a continuación, acabar con su vida. En la obra se recogen los presuntos ingenios instalados por el médico. Y no tienen precio: escaleras que no llevaban a ninguna parte, una imposible máquina que hacía cosquillas en los pies a las chicas hasta que las mataba de risa y hasta un complejo sistema de tuberías que convirtió algunas habitaciones en improvisadas cámaras de gas.
El ingenioso Holmes solucionó también los problemas que suponía deshacerse de los cadáveres mediante una gran tolva que le permitía llevarlos hasta el sótano sin causar sospechas. Allí los desmembraba, los deshacía en ácido o los quemaba en un gran horno.
Así continuó hasta que la feria cerró sus puertas y tuvo que dedicar su ingenio a otros menesteres. Después de intentar estafar a la compañía de seguros (y fallar de forma estrepitosa) se marchó a todo correr hasta Texas, donde ideó una compleja estafa con el un nuevo colega: Benjamin Pitezel. La estafa funcionó, pero parece ser que la relación entre ambos se truncó cuando Holmes se negó a compartir las ganancias. La solución fue acabar con la vida de su socio y de sus tres hijos.
Al final, Holmes fue capturado y condenado gracias al testimonio de uno de sus compañeros de celda. Su leyenda se la empezó a forjar él en prisión. Y es que, durante los interrogatorios exageró el número de mujeres a las que había asesinado y se divirtió afirmando que personas vivas habían fallecido. La historia fue un regalo para unos medios de comunicación en los que primaba el amarillismo. Así, el «Doctor torturador» (como le llamaron) se ganó su hueco en las portadas, y también en la historia.