lunes, 31 de marzo de 2025

Exploran el Mediterráneo y descubren 1.300 'anillos' gigantes a 650 km de España: ya sabemos qué son



Un descubrimiento realizado en 2011 frente a la costa de Córcega reveló la presencia de más de 1.300 círculos perfectamente trazados en el fondo del mar Mediterráneo. Durante años, su origen permaneció sin explicación. Ahora, una investigación liderada por Laurent Ballesta permite comprender cómo se formaron y por qué su conservación es urgente.

El hallazgo se produjo durante una expedición científica liderada por la bióloga Christine Pergent-Martini y el oceanógrafo Gérard Pergent, cuyo objetivo era cartografiar el fondo marino. El sonar reveló una serie de estructuras circulares de unos 20 metros de diámetro, distribuidas en un área de 15 kilómetros cuadrados. En su interior, una mancha oscura aumentaba el misterio. La comunidad científica no disponía entonces de herramientas suficientes para explicar el fenómeno, pero ahora sí.

Aunque se compartieron las primeras imágenes en congresos internacionales, ninguna de las hipótesis propuestas logró arrojar luz sobre el proceso de formación de los anillos. La falta de recursos frenó la continuidad del estudio durante años, hasta que un nuevo equipo tomó el relevo.

Laurent Ballesta, especialista en ecosistemas extremos, asumió el reto en 2020 y viajó a la zona para realizar una inmersión a 120 metros de profundidad. Allí comprobó que los anillos no eran simples estructuras geológicas: estaban compuestos por algas calcáreas rojas y rodolitos coralinos, lo que indicaba actividad biológica actual.

Un archivo ecológico de la última glaciación

Los análisis de carbono realizados sobre las muestras recolectadas permitieron datar el origen de los anillos. Según los resultados, se formaron hace unos 21.000 años, durante el Último Máximo Glacial, cuando el nivel del mar estaba mucho más bajo y estas estructuras se encontraban cerca de la superficie.

Los investigadores sostienen que las algas coralinas crecieron originalmente en condiciones de luz solar, y que al aumentar progresivamente el nivel del mar, estas quedaron sumergidas en la oscuridad. Esta pérdida de iluminación provocó su colapso. Con el paso del tiempo, nuevas colonias se asentaron sobre los restos, configurando el actual paisaje circular.

El fenómeno ofrece una ventana directa a los efectos ecológicos de los cambios climáticos a gran escala. Para la comunidad científica, representa una oportunidad única para estudiar la sucesión ecológica marina en condiciones extremas, con implicaciones relevantes en el contexto del calentamiento global actual.

Pese a su relevancia, buena parte de estos anillos permanece desprotegida. Su ubicación, justo debajo de rutas de navegación comercial, los expone al riesgo de destrucción por el fondeo de grandes embarcaciones. Las anclas podrían dañar en segundos un ecosistema que ha necesitado milenios para desarrollarse.

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