Con aproximadamente 575.000 kilómetros cuadrados de extensión, el mar del Norte se ha caracterizado por ser una de las masas de agua más llamativas del planeta. Su excelente geografía, situada entre las islas Británicas, Escandinavia y Europa continental –Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Bélgica y Francia–, su gran cantidad de yacimientos petrolíferos y sus extremas condiciones climáticas –con mareas muy fuertes, temporales violentos y aguas frías– lo convierten en un mar estratégicamente vital.
En este contexto, un nuevo estudio puesto en marcha por varios investigadores noruegos y británicos habría revelado una anomalía totalmente inesperada en esta zona. Tal como señala la investigación, publicada en la revista Nature, pone de manifiesto como una gran parte del lecho marino se encontraría boca abajo, algo pocas veces visto en nuestro planeta.
Los investigadores ponen de relieve un proceso denominado «inversión estratigráfica», el cuál ha dejado totalmente sorprendidos a los investigadores. En resumidas cuentas, se trata de una deformación geológica en la que los distintos estratos de roca más antiguos del lecho marino se encuentran sobre los más jóvenes. ¿Esto qué significa? Que modifica completamente el orden las capas de roca.
Para llegar a esta conclusión, los científicos utilizaron un conjunto de datos sísmicos en tres dimensiones del fondo marino, junto con registros petrofísicos y mineralogía. De esta forma, las capas más jóvenes del fondo del mar se habrían ido hundiendo hacia abajo, empujando a los más antiguos y cambiando totalmente el relieve. Los expertos nombraron a estas formaciones con dos nombres: sinkites – para hablar de aquel material más nuevo– y floatites –refiriéndose a las capas más antiguas–.
«Documentamos el descubrimiento de 'sinkita', cuerpos de arena a gran escala que se han hundido y apuntalado balsas de limo biosilicio de baja densidad, violando la ley de superposición», señalan.
Tal como han destacado los investigadores, este proceso habría comenzado hace más de cinco millones de años, entre el Mioceno y el Plioceno. En estas épocas geológicas, los distintos movimientos sísmicos habrían causado que el lecho marino se fracturara, causando que los sedimentos más pesados se colocaran por debajo al mismo tiempo que los estratos ligeros ascendían.
A pesar de las implicaciones geológicas que supone este hallazgo –dado el kilométrico diámetro de las capas–, no se trataría del único ejemplo de inversión estratigráfica detectado en el planeta.
Uno de los más destacados es la Nappe de Glarus (Manto de Glaris) en los Alpes suizos, donde estratos mesozoicos y paleozoicos cabalgan sobre rocas eocenas más jóvenes. De igual manera, enormes láminas de corrimiento colocan rocas precámbricas sobre depósitos más recientes en las Montañas Rocosas canadienses. Por su parte, la intensa compresión tectónica ha apilado materiales antiguos por encima de sedimentos terciarios en el Himalaya.
Al igual que el ejemplo del mar del Norte, en el fondo marino de la fosa de Nankai en Japón o en la fosa Perú–Chile, los sedimentos oceánicos más viejos podrían estar afectados por los efectos de la subducción de sedimentos o a la deformación de las capas sedimentarias debido a la actividad tectónica.

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