domingo, 18 de enero de 2026

Canal Curiosidades : La maravilla barroca de Toledo que cambia a cada hora

 

En una catedral de Castilla-La Mancha existe una intervención artística concebida no sólo para ser contemplada, sino para activarse cada día con el paso del sol. Pensada desde la experiencia, aquí la arquitectura deja de ser un marco estático y se convierte en un mecanismo preciso que responde al efecto de la luz natural. Cada elemento cumple una función dentro de un conjunto calculado al milímetro, en el que el tiempo, el espacio y la materia se conectan a la vez para dejar con la boca abierta (como poco) a cualquiera que haya decidido entrar al sitio exacto en el momento exacto.

No es un caso aislado dentro de la región: en este territorio, la piedra, la simbología religiosa y ese uso tan expresivo y celestial de la luz han dado forma a enclaves donde el patrimonio se descubre muy poco a poco, de forma casi íntima. Así ocurre también en este pueblo de Castilla-La Mancha que fue una de las cunas de una obra clave de la literatura medieval y su legado artístico se integra de forma orgánica en el paisaje y la vida cotidiana.

UN BARROCO QUE SE MUEVE CON LA LUZ

Es en la Catedral de Toledo donde encontramos el Transparente, una intervención barroca ubicada tras el altar mayor que transformó por completo el trasaltar del templo a comienzos del siglo XVIII. No hablamos de un retablo al uso, sino de una estructura compleja diseñada para que la luz del sol penetrara directamente hasta el sagrario, atravesando la arquitectura gótica por un óculo abierto en la bóveda.

La idea nació del arzobispo Diego de Astorga y Céspedes, que encargó el proyecto al escultor y arquitecto zamorano Narciso Tomé, quien trabajó con sus hijos entre 1720 y 1732 para domar esa luz y hacerla protagonista. Hoy sigue siendo una de las cumbres del barroco español, churrigueresco y teatral, ideado para iluminar con luz natural el Santísimo. 

PENSADA PARA SER OBSERVADA SIN PRISAS

Más allá de la técnica -que la tiene, y mucha-, lo que hace especial al Transparente es la intención con la que fue creado. Todo está pensado para que arquitectura, escultura y pintura trabajen juntas. Columnas, nubes, ángeles y profetas no están ahí solo para decorar: guían la mirada hacia el centro, donde una Última Cena esculpida a mayor tamaño del natural refuerza esa sensación de estar viendo una escena que parece en movimiento.

La obra se inauguró el 12 de julio de 1732, aunque la idea llevaba tiempo rondando. Y es que en 1672, el pintor Francisco Rizi había planteado una idea que nunca llegó a materializarse. El resultado final fue mucho más que un adorno monumental: a ciertas horas del día, sobre todo alrededor del mediodía, la luz entra con tanta intención que todo el conjunto parece cambiar de forma delante de nosotros. Se entiende, entonces, que esta no es una obra pensada para mirarse con prisa, sino para quedarnos un rato a observar y dejar que el tiempo haga su trabajo

UN ARTISTA QUE MARCÓ SU CIUDAD

La huella de Narciso Tomé en Toledo va más allá del Transparente: también diseñó el trono procesional de la célebre custodia del Corpus Christi, realizada por el orfebre Manuel Bargas, que cada mes de junio vuelve a ocupar un lugar protagonista durante una de las celebraciones más emblemáticas de la ciudad

Para quienes quieran ampliar el recorrido artístico por otras calles, la iglesia de San Ildefonso (Jesuitas) conserva un retablo simulado pintado al fresco por los hermanos González Velázquez, otro buen ejemplo de conexión artística entre luz y arquitectura.





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