domingo, 18 de enero de 2026

Canal Gastronomia : Barcelona buena y barata: albóndigas, callos picantes, riñones al ajillo y mucho cariño en los desayunos de Bar Charly

  Gastronomia


Este local menudo y esquinero del Guinardó que sirve cocina gallega siempre está lleno por las mañanas

María Escalé y Charly Paradela, propietarios de Bar Charly.

Tras la barra cuelgan jamones y una enorme bolsa-redecilla llena de ajos. Sobre la barra se exhibe una vitrina atiborrada de guisos y platillos (sepia estofada, ternera en salsa, codillo, albóndigas, bacalao, ternera con setas, oreja, chipirones, caracoles…). Frente a la barra, en los taburetes, el personal parece rezarle el rosario al desayuno con café. Y en las mesas, abarrotadas, los parroquianos mojan pan en el ajillo de los riñones, en la salsa de los callos con garbanzos y en el tomate sofrito de las albóndigas.

Son las diez de la mañana y el Charly está a todo lo que da. Puede ser un sábado, puede ser un martes. No importa porque todos los días está lleno para desayunar.

Bar restaurante Charly

Paseo de Maragall, 145 (esquina con la calle de Pare Roldós). Barcelona

Tf.: 93.408.24.27

Tapa de riñones: 4,50 €

Tapa de callos: 7 €

Albóndigas: 6 €

En una mesa de seis, han pedido cuatro raciones de riñones. Puede parecer algo extraordinario en los tiempos que corren, despojados de casquería, pero no lo es en el CharlyEn este bar los riñones son motivo de devoción “porque Charly los limpia mucho, mucho, los deja impolutos”, cuenta Maria Escalé, que es la mujer del cocinero. ¿Y cómo los cocina? Me mira sorprendida ante la pregunta, y la evidencia responde desde su sonrisa: “Pues al ajillo, son riñones al ajillo”. Tiernos, elásticos y jugosos, con el punto justo de cocción que da mil años y un día de oficio.

Jamón cortado a mano y al momento

“¿Quieres hacernos fotos? No se si vale la pena, mira que dentro de un poco nos vamos a jubilar”, comenta Carlos, 'Charly',” Paradela desde la barra, el cocinero. Pues razón de más para peregrinar, razón de más para fotografiar, razón de más para documentar y razón de más para contarlo. Lo dice tras la barra y mientras corta a mano lonchas de un jamón, porque aquí el jamón se corta a mano y al momento.

Los callos picantes con garbanzos de Bar Charly.

Charly disfruta mucho cocinando, lo hace desde el cariño y desde lo que le gusta. Le pone mucho cariño a su cocina, y si lo que hace no le gusta, pues no se ofrece. Y si lo que le piden que cocine no le gusta, tampoco lo hace”, dice María. Cuando le pregunto a Charly por el secreto de sus callos -estilo gallego, picantes de verdad, con garbanzos- me mira y murmura con calma. “No hay más secreto que el jamón, que sea bueno, buen jamón y buen chorizo ahumado gallego”. Desde la otra punta de la barra, María no se puede aguantar: “Y el cariño, también el cariño”. Son callos, sin 'capipota' (ahora es tendencia la mezcla en esta nuestra ciudad). Están buenísimos. Se nota el cariño.

23 años en el mismos sitio

La de los riñones es otra pregunta obligada, pero la respuesta de Charly es la misma que la que había dado antes María: no hay más secreto que limpiarlos muy bien. “Que no tengan ningún sabor extraño, eso es todo, y luego, hacerlos como siempre los hacemos, al ajillo. Yo empecé hace 47 años en un bar frente al mercado del Guinardó, y en este local llevamos unos 23 años. Hacemos cocina gallega porque yo soy gallego, de la zona de Verín”. Es un local menudo y esquinero en el paseo de Maragall. Barra y vitrina, sala con mesas sencillas y sin terraza. Un bar.

Los riñones al ajillo de Bar Charly.

A estas alturas de la conversación alguno de los parroquianos empieza a apuntarse a la charla. “Yo vengo desde hace décadas, cuando ya tenía el otro bar”, dice Juan Ignacio Fernández, “por lo menos 50 años hace”. María le comenta que eso es imposible, ríen y Juan Ignacio toma un sorbo del café. Es cliente, amigo y vecino. Y se nota. “No puedes dejar de poner que el pulpo que preparan, es fenomenal”, apunta otro compañero de barra mientras levanta el dedo señalando al octópodo, que reposa, ya cocido, a la vista del personal.

En este momento la situación parece alegremente descontrolada, se acabó la charla enfocada con los propietarios, llegó la animada conversación grupal. Y usted se llama… “Jesús Oliete, el pulpo de diez, no se olvide de ponerlo”. Puesto queda, recomendación de Jesús. Más riñones, más jamón, más alegría, más salsa. Más.

Las albóndigas con patatas fritas de Bar Charly.

Las albóndigas son tiernas, jugosas y grandes. Hechas con un sofrito de cebolla y luego tomate, y luego salseo y luego unas patatas fritas caseras para acompañar. Nos las trae Amaro Paradela, que es el hermano de Charly. “Que también salga Amaro”, dice María, mientras Amaro simula esconderse entre risas. No quiere salir en la foto, pero lo nombramos igual.

Con mezcla de carne "¡y mucho cariño!"

Preguntamos si las albóndigas están hechas con mezcla de carne. “Sí, con mezcla. ¡Y con mucho cariño!”, replica María desde la barra tras una pequeña trinchera de tortillas. Son tortillas cuajadas, tal y como se hacen en la mayor parte de Galicia. “Si no se cuajan, son más unos huevos revueltos”, afirma, “que si nos piden huevos revueltos se los cocinamos, pero la tortilla ha de tener el huevo cuajado”. Son casi las 11 de la mañana y la pequeña tormenta de clientes va escampando. Sonríen mientras pagan. Salen felices, me parece que Charly ha vuelto a triunfar.

Dónde está Bar Charly

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