viernes, 20 de febrero de 2026

Canal Curiosidades : Descubren el origen de un 'agujero' en la Antártida que puede cambiar el clima


Si pudiéramos alisar los océanos totalmente, eliminando olas y corrientes, veríamos que la Tierra no es una esfera perfecta, sino una patata irregular llena de bultos y abolladuras. Un nuevo estudio revisado en el diario científico Scientific Reports —publicado por Nature— ha confirmado que la abolladura más profunda de todas —un lugar donde la gravedad es tan tenue que el mar se hunde hacia el centro del planeta— está oculta bajo el Mar de Ross, en la Antártida. Este agujero en el campo gravitatorio ha estado acechando bajo el hielo durante al menos 70 millones de años. En los últimos 40 millones de años, una fuerza boyante desde el manto superior ha estado profundizando esta anomalía, alterando el nivel del mar desde las profundidades que puede ser uno de los motores del cambio climático.

Mientras que la inmensa mayoría de estudios miran sólo a la atmósfera y la temperatura del mar para entender cómo cambia el clima en la Tierra, el nuevo estudio afirma que el suelo bajo nuestros pies también es uno de los grandes impulsores. El descubrimiento es crucial porque conecta por fin la lenta y pesada maquinaria del interior de la Tierra con el aire y el hielo de la superficie.

Sorprende pensar así porque, hasta ahora, nuestros modelos climáticos trataban la geología como un escenario inerte, pero este agujero demuestra que no es así. Como pregunta el profesor Alessandro Forte, coautor de la investigación: "¿Cómo se conecta nuestro clima con lo que sucede dentro de nuestro planeta?". Sin esta pieza del rompecabezas, nuestra comprensión del cambio del clima y el aumento del nivel del mar no es completa. Queda mucho por comprender en un sistema que cada vez de demuestra más complejo de comprender y modelar de lo que nos habían contando inicialmente.

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Omar Kardoudi

El valle invisible

Para encontrar el valle invisible, los científicos tuvieron que idear una forma de mirar a través de la roca sólida. El equipo utilizó una técnica matemática de inversión temporal para 'rebobinar' la historia de la Tierra, usando los terremotos como si fueran una lámpara para ver en la oscuridad. "Imagínese haciendo una tomografía computarizada de toda la Tierra, pero no tenemos rayos X como en una consulta médica", explica Forte. En su lugar, "los terremotos proporcionan la 'luz' que ilumina el interior del planeta", permitiendo a los investigadores dibujar un mapa tridimensional de las densidades de roca que se esconden a miles de kilómetros de profundidad.

Durante décadas, creíamos que el mayor agujero de gravedad estaba en el Índico pero el equipo de Forte ha visto que no es así. El nivel del mar alrededor del continente helado está hundido, deprimido por la falta de atracción gravitatoria bajo el lecho marino, asegura. "Donde la gravedad es más débil, la superficie del océano puede asentarse ligeramente más baja en relación con el centro de la Tierra porque el agua fluye hacia [atraída a las] áreas de gravedad más fuerte".

Evolución del agujero.

El arquitecto de esta anomalía es una colosal columna de calor en el corazón terrestre que asciende a cámara lenta. El estudio identifica una corriente térmica que brota desde la capa D, la frontera misma donde el manto rocoso toca el núcleo de hierro fundido de la Tierra. Es un ascensor de material caliente y ligero que ha estado subiendo sin descanso durante toda la era Cenozoica. Los datos muestran que este sistema no siempre fue igual; sufrió una "transición importante en amplitud y posición entre hace 50 y 30 millones de años", reorganizando la estructura gravitatoria del hemisferio sur como quien mueve los muebles de una habitación.

La evolución de este fenómeno nos cuenta la historia de dos planetas distintos. Hace 70 millones de años, el agujero se sostenía gracias a estructuras densas en lo más profundo del manto. Luego el motor cambió de marcha. En los últimos 40 millones de años, el protagonismo ha pasado a capas más superficiales: la flotabilidad de las rocas en el manto superior, por encima de los 1.300 kilómetros, ha empezado a empujar con fuerza. Según los investigadores, este empuje reciente "contribuyó cada vez más a amplificar la magnitud" de la depresión, siendo ahora responsable de casi el 40% de su intensidad actual.

Cambio del hielo, cambio climático

Sabemos que este viaje al pasado es real gracias a la propia rotación de la Tierra. Nuestro planeta se comporta como una peonza: si cambias la distribución de su peso interno, su eje de giro se tambalea. Los científicos comprobaron si su modelo matemático coincidía con los registros históricos del eje terrestre, un fenómeno llamado Deriva Polar Verdadera. El resultado fue exacto. El modelo predijo un cambio brusco en el eje ocurrido hace 50 millones de años, un acuerdo que, en palabras del estudio, "proporciona un punto de referencia estricto que refuerza la confianza" en que no estamos ante un simple modelo teórico sino ante la historia real de nuestro mundo.

Ese cambio, asegura, parece estar unido a los fenómenos de las glaciaciones. El hallazgo nos recuerda que vivimos sobre una entidad dinámica y no sobre una roca muerta. "Si podemos entender mejor cómo el interior de la Tierra da forma a la gravedad y al nivel del mar, obtendremos información sobre los factores que pueden importar para el crecimiento y la estabilidad de las grandes capas de hielo", concluye Forte. El hielo de la Antártida no solo se enfrenta al calentamiento de la atmósfera; flota sobre un océano deformado por las fuerzas titánicas del interior. Debemos aprender a leer los mensajes que nos llegan desde las profundidades para entender todo lo demás.


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