Fotomontaje de una auxiliar de Wakeful y el ayuntamiento de L'Hospitalet METRÓPOLI
La empresa, afincada en Mataró, acumula desaguisados, deuda y conflictos laborales mientras encadena contratos municipales por todo el territorio catalán
Unos por otros y la casa sin barrer. Los auxiliares y conserjes subcontratados del Ayuntamiento deL'Hospitalet de Llobregatllevan meses sin percibir nóminas y finiquitos que se corresponden con la etapa en la que formaban parte de la empresa adjudicatariaWakeful S.L.
El consistorio metropolitano licitó en su día un contrato para aportar personal adicional de recepción, conserjería e información --entre otras-- para varios equipamientos municipales. Desde entonces, los conflictos laborales se han ido sucediendo con asiduidad.
Retrasos en los pagos
La empresa, dirigida porAlberto Torrejóny con sede en Mataró, ya recibió variosexpedientes sancionadorespor parte deInspección del Trabajopor abonar tarde las nóminas a sus empleados.
Según el sindicato ADN Sindical Seguridad y Servicios de Catalunya, "no ha pagado un sueldo a tiempo desde marzo de 2024 hasta que se les ha terminado el contrato con el Ayuntamiento este pasado agosto", una máxima que niega la empresa al ser contactada por este medio.
En conjunto, el contrato municipal proveía de controladores y demás personal subrogado para una veintena de equipamientos, entre los que se encuentran casales para gente mayor, centros de formación y aulas de estudio.
Nóminas sin abonar
Se suma, por otro lado, que al cambiar de empresa, "ha quedado como deuda lanómina del último mes y losfiniquitospor extinciones de contrato". El asunto, detallan, está en manos de nuevo de Inspección del Trabajo, pero también se ha llevado a lostribunales.
Un vigilante de Wakeful, empresa de seguridad que contratan diversos municipios Cedida
Pero pasan los meses y los empleados siguen sin cobrar, explica el sindicato. Preguntado porMetrópoli, Alberto Torrejónniega la existencia de deudas o de pagos pendientes. "Puede ser que, puntualmente, algún pago de nómina se haya retrasado algún día porque el día 5 de un mes caía en fin de semana, pero está todo pagado", pondera, y añade que, tras años de servicio al consistorio, aguantaron hasta su finalización "a pesar de quedejó de ser rentablepor las subidas salariales de convenio".
Por otro lado, fuentes municipales confirman a este digital que la empresa "tuvo dificultades a la hora de pagar a sus trabajadores, según entienden, no solo a los adscritos al contrato con el ayuntamiento, sino que se trataba deuna cuestiónque afectaba a la empresa en general".
Cambio de empresa
Explican que el consistorio metropolitano, por estos motivos, ha hecho unseguimientode la situación, teniendo en cuenta que es "una cuestión de la que debe responder íntegramente la empresa".
Sin embargo, una vez se ha extinguido ya el contrato, "este está pendiente de laverificación finaldel cumplimiento de las obligaciones del contrato. En función de la investigación se podrá determinar si existe o no algún tipo de responsabilidad".
Desde agosto, el servicio lo ostentaCan Cet, empresa que ha empleado a los mismos trabajadores subrogados de Wakeful. En este sentido, "el proceso de subrogación se está normalizando y el servicio se presta con normalidad".
Deuda millonaria
Tal y como avanzóCrónica Global, el consistorio es plenamente consciente dela deuda de1,3 millones de eurosque acumula la empresa en su rama de seguridad, Wakeful Security. Eso, no obstante, no ha sido impedimento para continuar ofreciéndoles contratos municipales. Al respecto, Torrejón detalla a este digital que Wakeful Security, pese a pertenecer al mismo grupo, "no tiene nada que ver con Wakeful S.L y no se las puede relacionar".
Asimismo, añade que no existe deuda alguna y que, en su conjunto, estas informaciones forman parte de "una campaña de desprestigio hacia el grupo empresarial". "¿En qué cabeza cabe que nos sigan dando contratos al grupo en 150 ayuntamientos de Catalunya si arrastramos una deuda?", se pregunta.
El pasado junio, el sindicato solicitó al ente municipal quecongelara los pagos y facturasa la empresa hasta que esta "solucionara su deuda, como marca la ley de contratación pública".
Y este es, precisamente, el cántaro del que bebe Wakeful. La empresa se nutre de contratos públicos de ayuntamientos de toda Catalunya, en los que acumula problemas con sus empleados e irregularidades hasta el punto en el que está siendo investigada por laOficina Antifraude.
Dos vigilantes de Wakeful, contratista de diversos ayuntamientos catalanes Cedida
Solo enBarcelona, se ha hecho con contratos para aportar personal de seguridad para eventos comoLa Mercè, elpesebrede la plaza de Sant Jaume,Fin de Añoo laCabalgata de los Reyes Magos.
En Santa Perpètua de Mogoda, la empresa se ausentó en hasta tres ocasiones durante la fiesta mayor del municipio, cuando tenían el encargo de prestar sus servicios en varios actos multitudinarios, según explica el ayuntamiento.
Un robot de inmersión profunda que perforó el rocoso lecho marino ha desenterrado un reino de vida animal antes desconocido, el cual prospera bajo tierra cerca de respiraderos hidrotermales, según detalla un estudio publicado el martes (15.10.2024) por la revista Nature.
Gracias al vehículo submarino teledirigido SuBastian, los investigadores lograron encontrar especies como los gusanos tubícolas gigantes, los más grandes del mundo, y otros invertebrados marinos, como caracoles y gusanos de cerdas.
Vida bajo el subsuelo marino
Estos animales fueron hallados en cavidades de la corteza terrestre del océano Pacífico Oriental, en un fondo oceánico de 2.515 metros de profundidad. Anteriormente, se sabía que todas las especies vivían cerca de estos respiraderos, pero nunca bajo tierra.
"Hemos descubierto vida animal de respiradero en las cavidades de la corteza oceánica. Ahora sabemos que el ecosistema único de las fuentes hidrotermales se extiende hasta la corteza oceánica", declara la colíder del estudio, Sabine Gollner, bióloga marina del Instituto Real de Investigación Marina de los Países Bajos.
"Hasta donde sabemos, se trata de la primera vez que se descubre vida animal en la corteza oceánica", añade Gollner.
Placas tectónicas y respiraderos de aguas termales
La exploración se llevó a cabo en la Dorsal del Pacífico Oriental, un relieve submarino volcánicamente activo en el fondo del océano, que se extiende prácticamente en paralelo a la costa occidental de Sudamérica.
El Dorsal del Pacífico Oriental se sitúa donde dos placas tectónicas se están separando gradualmente. Allí hay muchas fuentes hidrotermales, fisuras del fondo marino donde confluyen el agua del mar y el magma que se encuentra bajo la corteza terrestre.
¿Cómo sobreviven las especies?
Los respiraderos hidrotermales arrojan agua sobrecalentada y rica en sustancias químicas, que sirven de nutrición para los microorganismos: "Los fluidos calientes de los respiraderos son ricos en energía -por ejemplo, sulfuro- que puede ser utilizada por los microbios, que forman la base de la cadena alimentaria", explica Gollner.
De esta forma, alrededor de los respiraderos, florece la vida: gusanos tubícolas gigantes de hasta 3 metros de longitud, moluscos, cangrejos, gambas, peces y otros organismos maravillosamente adaptados a este entorno extremo.
Un cambio en la visión de los expertos
Los gusanos tubícolas gigantes no se alimentan como otros animales. En su lugar, las bacterias que residen en su cuerpo, en un órgano similar a un saco, convierten el azufre del agua en energía para el animal.
Según los investigadores, las larvas de estos animales tienen la capacidad de "invadir" los hábitats del subsuelo, en un ejemplo de conectividad entre el fondo marino y los ecosistemas subterráneos.
El hallazgo de estas especies "cambió nuestra visión de la interconexión en el océano", concluye Gollner.
Cientos de toneladas de botellas, bolsas y demás utensilios plásticos contaminan los mares del planeta. Pero los biólogos han descubierto que también puede florecer la vida. Bienvenidos a la plastisfera, el continente creado por el hombre.
Aunque no se popularizó hasta después de la Segunda Guerra Mundial, el plástico ha logrado hacerse un hueco en todos los ámbitos de nuestras vidas. Su producción, según datos de la patronal del sector, va en aumento y se sitúa en torno a los 299 millones de toneladas anuales. Dicho de otro modo, tocamos a 42 kilos por cada uno de los habitantes del planeta. Prescindir de él sería, en la actualidad, un enorme desafío. Pero más difícil es eliminar sus deshechos. Como una invasión silenciosa, plásticos cuya utilidad se ha agotado se encuentran, literalmente, en todos los rincones del planeta.
“Toneladas de este material llegan al océano todos los años”, afirma la investigadora Miriam Goldstein, que analiza este problema en su tesis doctoral, realizada en el Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de California. “Se fragmentan y dan origen a partículas tan pequeñas que casi no las vemos. No son biodegradables, no desaparecen y no sabemos qué impacto tienen en el medio ambiente”.
La vida que creamos sin querer: cómo el plástico dio lugar a un nuevo hábitat en el mar. Foto: Dall-E 3/Christian Pérez
Existen cinco zonas distintas en el mar donde la concentración de macropartículas de plástico es tan elevada que el 100 % de los muestreos realizados lo contienen. Son los llamados giros oceánicos, enormes áreas donde las corrientes y vientos atrapan detritus y donde, según señala Tracy Mincer, microbiólogo del Instituto Oceanográfico Woods Hole, en Massachusetts, “inadvertidamente, hemos creado un nuevo hábitat”.
Un nuevo universo
Con muestras recogidas en dos expediciones en aguas del Atlántico Norte, Mincer y sus colegas Linda Amaral-Zettler y Erik Zettler fueron los primeros en estudiar a los pobladores de este microcosmos. Vida en la plastisfera, el artículo que publicaron en el año 2013, detalla los centenares de especies que encontraron en fragmentos del tamaño de una cabeza de alfiler.
“Es algo que no existía hace más de cuarenta años”, señala Mincer. Pero, a medida que las aguas se llenaron de plástico, la vida, con su proverbial tenacidad, encontró maneras de usarlo. Fue un fenómeno registrado por primera vez en 1972. En esa época, se creía que “el único impacto biológico de estas partículas era el de actuar como superficie adecuada para el crecimiento de diatomeas, hidrozoos y, tal vez, bacterias”, tal como señalaron, en la revista Science, los oceanógrafos Edward Carpenter y Kenneth Smith.
A lo largo de la última década, un sinfín de estudios han documentado el daño que los plásticos causan a las especies marinas. Sin embargo, las comunidades microscópicas permanecieron en el olvido, y solo ahora empezamos a comprender la relación que mantienen sus integrantes liliputienses con estos materiales.
En pedazos de mayor tamaño, se han encontrado habitantes de todo tipo. Pequeños cangrejos, percebes o mejillones son frecuentes en cualquier sustrato duro que se mantenga a flote. El plástico no les ofrece mucho alimento, pero es una balsa abundante, persistente y que flota muy bien. Ello les garantiza un viaje largo, hasta parajes que solían ser de difícil acceso.
Estos cambios podrán acarrear alteraciones importantes en la estructura de las comunidades marinas especializadas en vivir a la deriva. Pero, a pesar de ello, el citado Erik Zettler aclara que las grandes balsas abióticas no son fáciles de encontrar. “En general, incluso en las zonas más contaminadas, los fragmentos grandes son la excepción, no la regla. No quiero decir con esto que no sean problemáticos, sino que los microplásticos son infinitamente más abundantes y, por ende, su impacto es mayor”, explica este ecólogo microbiano. Con menos de 50 mm de diámetro, su reducido tamaño impide el transporte de animales grandes. Pero nada es demasiado pequeño para los microorganismos, ni escapa a su enorme capacidad de adaptación. Bacterias, hongos y algas son la avanzadilla de la ocupación a la que se ve sujeta cualquier nueva superficie en el océano.
¿Podemos confiar en los microbios para limpiar nuestros mares de plástico?. Foto: Dall-E 3/Christian Pérez
2025: 115 millones de toneladas
Según un efecto descrito en 1943 por Claude Zobell, padre de la microbiología marina, en ambientes donde los nutrientes se encuentran muy diluidos, la presencia de superficies solidas e inertes resulta beneficiosa para la vida menuda. Así, en el mar, los microplásticos actúan como un imán y ayudan a la proliferación de ella.
“Lo más impresionante es la gran variedad de actores presentes en este pequeño mundo”, señala la anteriormente mencionada Linda Amaral-Zettler, del Laboratorio de Biología Marina, en Woods Hole. Y añade: “Se me ocurrió bautizarlo como plastisfera por similitud con el término biosfera, que engloba toda la vida que habita el planeta. Es muy importante describir la historia natural de este nuevo hábitat”.
Por su parte, Zettler nos explica que no tenemos datos concluyentes sobre su magnitud. “Existen estudios que ofrecen cifras, pero son muy distintas”, apunta. Por ejemplo, una investigación liderada por Andrés Cózar, de la Universidad de Cádiz, estima que en la superficie del océano flotan entre 7.000 y 35.000 toneladas de plástico –lo equivalente a diez botellas de medio litro por cada kilómetro cuadrado–.
Sin embargo, Marcus Eriksen, de la organización no gubernamental 5 Gyres, cree que las partículas flotantes superan los cinco billones, con una masa de cerca de 269.000 toneladas, según datos recogidos en la revista PLOS ONE en 2014. Llegar a un número definitivo es difícil, porque “todo lo que se ha publicado se refiere a plásticos que flotan. Pero muchos residuos están todavía en las playas, y otros se han hundido”, apunta Kara Lavender Law, oceanógrafa en la asociación educacional SEA, donde también es profesor Zettler.
De acuerdo con un estudio liderado por Lavender Law, se estima que casi 5 millones de toneladas llegan al mar todos los años. El pronóstico es que, en 2025, el impacto cumulativo ascenderá a la friolera de 155 millones de toneladas.
Si queremos eliminar el plástico del océano, no basta con mejorar la recogida de los residuos que ya hay en el agua. Se necesita frenar el vertido de más plástico. Foto: IstockSHUTTERSTOCK
Antes de que se conocieran estos alarmantes datos, Mark Osborn, en la actualidad profesor en el Real Instituto de Tecnología de Melbourne (Australia), fue uno de los primeros en alzar la voz en pro de la necesidad urgente de estudiar a los habitantes de este nuevo ecosistema. “Vivimos en la era del plástico, y la contaminación es un problema cada vez mayor, tanto en el océano como en los sistemas de agua dulce”, advierte Osborn. Y añade: “Sin embargo, para los microorganismos, la disponibilidad de una nueva superficie para colonizar puede representar una oportunidad. Quizás, este nuevo hábitat sea provechoso también para nosotros”.
“Vivimos en la era del plástico, y la contaminación es un problema cada vez mayor, tanto en el océano como en los sistemas de agua dulce”
Comedores de petróleo
Osborn nos cuenta que existen especies microbianas que son capaces de consumir hidrocarburos derivados del petróleo, como el plástico, y obtener a partir de ellos energía para prosperar en la columna de agua. “Existen pocos datos al respecto, pero puede que dichos microorganismos tengan el potencial para mitigar los efectos perniciosos de esta contaminación, comiéndose literalmente el plástico. Habrá que seguir investigando para explorar esta posibilidad y conocer qué especies podrían sernos de utilidad”, opina.
Para caracterizar a los integrantes de la plastisfera, Zettler explica que se utilizan tres técnicas distintas. “Después de recoger las partículas con una red muy fina, que peina la superficie del agua, las observamos al microscopio electrónico. También secuenciamos el material genético, para identificar el mayor número posible de especies, y sometemos el plástico a un análisis espectroscópico, que revela su composición química”. Esto es importante, ya que no todos los plásticos son iguales, y parece ser que su composición, tamaño e incluso el color de las partículas influye en la comunidad microbiana que se desarrolla en su superficie. “El más abundante es el polietileno, que se usa para fabricar todo tipo de bolsas y envases”, comenta Zettler.
De un modo similar a lo que ocurre en tierra, la estructura y la diversidad de estas comunidades no cambian solo con el tipo de sustrato, sino que también se ve afectada por las estaciones y la localización geográfica. Según Osborn, que lideró una investigación sobre el desarrollo de la plastisfera en botellas de PET, “si estudiamos las sucesiones biológicas sobre distintos tipos de polímeros y desarrollamos una escala temporal, podremos estimar cuánto tiempo ha pasado en el mar cada fragmento. Pero si además conocemos las diferencias entre las comunidades de distintas localizaciones, sabremos incluso por dónde han pasado”.
Botellas de plástico. Midjourney/Sarah RomeroMidjourney/Sarah Romero
Encuentran hasta parásitos
El análisis de la plastisfera revela un mundo complejo, con organismos fotosintéticos, depredadores, presas e, incluso, parásitos. Osborn señala que, en menos de una semana, cualquier trozo de plástico sumergido está lleno de vida. Por otra parte, comparada con la comunidad de especies que viven en el agua, la del plástico es menos diversa, aunque cuenta con ejemplares muy especiales.
Hasta la fecha, la más prometedora es una bacteria descrita hace dos años en varios tipos distintos de plástico procedente del Atlántico Norte. “No sabemos de qué especie se trata, pero sí que se multiplica dentro de las hendiduras”, explica Mincer. El año pasado, la oceanógrafa Julia Reisser encontró un microbio similar en fragmentos recogidos en aguas australianas.
“Es posible que la bacteria sea la responsable por la erosión del polímero, ya que los huecos ocurren en filas y tienen una forma similar a la de las células que los habitan”, aventura Mincer. Si es así, quizás Osborn esté en lo cierto y la plastisfera pueda ayudarnos a eliminar la contaminación. Pero también habrá que estudiar qué efectos tienen estos microorganismos en la salud de las especies que se alimentan de ellos.
Además de contener químicos peligrosos para el medio ambiente, capaces de fijarse en los tejidos animales, el plástico acumula metales pesados y contaminantes orgánicos peligrosos, como el DDT. Según el Laboratorio de Investigación Ambiental de la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense, su ingesta puede tener consecuencias fisiológicas importantes.
Informes recientes apuntan a que algunas especies de peces ingieren una cantidad estimada de entre 12.000 y 24.000 toneladas de plásticos al año. Son partículas que pueden liberar sustancias nocivas, que se acumulan en los tejidos y entran así en la cadena alimentaria. Tal como señala Amaral- Zettler, no debemos olvidarnos de que “lo que comen los animales que nos sirven de alimento, nosotros también lo comemos”. Tampoco podemos descartar la posibilidad de que existan patógenos entre los pobladores de la plastisfera. Algunas muestras contienen concentraciones muy elevadas de bacterias del género Vibrio, primos de la bacteria del cólera. Aunque los expertos dudan que alguna pueda llegar a afectar al ser humano, Mincer colabora en la actualidad con científicos de la India para investigar el potencial de este material como vector de enfermedades contagiosas.
Lo que no sabías sobre el plástico que llega a tu plato: el impacto de la plastisfera en la cadena alimentaria. Midjourney/Sarah RomeroMidjourney/Sarah Romero
¿En el agua que bebes?
Ningún fragmento de plástico llega al mar sin pasar antes por tierra y, muy probablemente, por sistemas de agua dulce. Qué ocurre en esas aguas, microbiológicamente tan distintas a las del mar, es todavía un misterio. Dentro de unos meses, Melissa Duhaime, profesora de la Universidad de Míchigan, publicará los primeros datos sobre la plastisfera de los Grandes Lagos de América del Norte, la mayor concentración de agua dulce del mundo.
“Hemos observado que muchos peces ingieren plástico. Queremos saber si esto es común y qué impacto tiene en la salud de los animales. Los Grandes Lagos mantienen una fuerte relación con el ser humano, y cualquier nueva comunidad en sus aguas puede tener consecuencias muy significativas para nosotros”, concluye Duhaime.
El hielo marino del Ártico retrocedió hasta niveles casi históricos en el hemisferio norte este verano, y probablemente se derretirá hasta su extensión mínima anual el 11 de septiembre de 2024, según investigadores de la NASA y el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo (NSIDC). Algo parecido pero con matizaciones ocurre en la Antártida.
Concentración del hielo marino antártico a fecha de 11 de septiembre de 2024. NASA-NSIDC
El descenso del hielo marino continúa la tendencia que se ha mantenido durante décadas de reducción y adelgazamiento de la capa de hielo en el océano Ártico.
El hielo marino del Ártico a menos
La cantidad de agua marina congelada en el Ártico fluctúa durante el año a medida que el hielo se derrite y se regenera entre estaciones. Los científicos trazan un gráfico de estas oscilaciones para construir un panorama de cómo el Ártico responde con el tiempo al aumento de las temperaturas del aire y del mar y a las temporadas de deshielo más prolongadas. Durante los últimos 46 años, los satélites han observado tendencias persistentes de mayor deshielo en verano y menor formación de hielo en invierno.
El seguimiento de los cambios en el hielo marino en tiempo real ha revelado impactos de amplio alcance, desde pérdidas y cambios en el hábitat de la vida silvestre polar hasta impactos en las comunidades locales del Ártico y en las rutas comerciales internacionales.
Este año, el hielo marino del Ártico se redujo a una extensión mínima de 4,28 millones de kilómetros cuadrados, como se muestra en el mapa anterior. Eso es aproximadamente 1,94 millones de kilómetros cuadrados por debajo del promedio de finales de verano de 1981 a 2010 de 6,22 millones de kilómetros cuadrados. La diferencia en la capa de hielo abarca un área más grande que el estado de Alaska. La extensión del hielo marino se define como el área total del océano con al menos un 15 por ciento de concentración de hielo.
Evolución temporal del hielo marino ártico en rojo en 2024 con el mínimo del 11 de septiembre. NASA-NSIDC
El mínimo de este año (el séptimo más bajo en el registro satelital) se mantuvo por encima del mínimo histórico de 3,39 millones de kilómetros cuadrados establecido en septiembre de 2012. Si bien la cobertura de hielo marino puede fluctuar de un año a otro, ha tendido a la baja desde el inicio del registro satelital de hielo a fines de la década de 1970. Desde entonces, la pérdida de hielo marino ha sido de aproximadamente 77.800 kilómetros cuadrados por año, según NSIDC.
Actualmente, los científicos miden la extensión del hielo marino utilizando datos de sensores de microondas pasivos a bordo de los satélites del Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa, con datos históricos adicionales del satélite Nimbus-7, operado conjuntamente por la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
El hielo marino no sólo se está reduciendo, sino que también se está volviendo más joven, señaló Nathan Kurtz, jefe del Laboratorio de Ciencias Criosféricas del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. “Hoy en día, la gran mayoría del hielo del océano Ártico es hielo más delgado, de primer año, que tiene menos capacidad para sobrevivir a los meses más cálidos. Ahora hay mucho, mucho menos hielo de tres años o más”, dijo Kurtz.
Las mediciones del espesor del hielo realizadas con altímetros espaciales, incluidos los satélites ICESat e ICESat-2 de la NASA, han revelado que gran parte del hielo más antiguo y grueso ya se ha perdido. Una nueva investigación del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA muestra que en el Ártico central, lejos de las costas, el hielo marino otoñal ronda ahora los 1,3 metros de espesor, en comparación con un máximo de 2,7 metros en 1980.
Otro invierno escaso en la Antártida
El hielo marino en las regiones polares del sur del planeta también fue bajo en 2024. Alrededor de la Antártida, los científicos rastrearon el hielo marino en un nivel casi récord en un momento en el que debería haber estado creciendo ampliamente durante los meses más oscuros y fríos del hemisferio sur.
Concentración del hielo marino antártico a fecha de 19 de septiembre de 2024. NASA-NSIDC
El hielo alrededor del continente probablemente alcanzó su extensión máxima para el año el 19 de septiembre de 2024, cuando el crecimiento se estancó en 17,16 millones de kilómetros cuadrados. El máximo de este año, que se muestra en el mapa de arriba, fue el segundo más bajo en el registro satelital y se mantuvo por encima del mínimo invernal récord de 16,96 millones de kilómetros cuadrados establecido en septiembre de 2023. La extensión máxima promedio entre 1981 y 2010 fue de 18,71 millones de kilómetros cuadrados.
La extensión en 2024 prolonga una reciente tendencia a la baja. Antes de 2014, el hielo marino en la Antártida aumentaba ligeramente, aproximadamente un 1 por ciento por década.
Tras un pico en 2014, el crecimiento del hielo ha disminuido drásticamente. Los científicos están trabajando para comprender la causa de esta reversión. La pérdida recurrente sugiere un cambio a largo plazo en las condiciones en el Océano Austral, probablemente como resultado del cambio climático global.
“Si bien los cambios en el hielo marino han sido dramáticos en el Ártico durante varias décadas, el hielo marino antártico se mantuvo relativamente estable. Pero eso ha cambiado”, dijo Walt Meier, un científico del hielo marino en NSIDC. “Parece que el calentamiento global ha llegado al Océano Austral”.
Evolución temporal del hielo marino antártico en rojo en 2024 con su máximo del 19 de septiembre. NASA-NSIDC
Tanto en el Ártico como en la Antártida, la pérdida de hielo agrava la pérdida de hielo. Esto se debe a que, mientras que el hielo marino brillante refleja la mayor parte de la energía del Sol hacia el espacio, el agua del océano abierto absorbe el 90 por ciento de ella. Al estar más océano expuesto a la luz solar, las temperaturas del agua aumentan, lo que retrasa aún más el crecimiento del hielo marino. Este ciclo de calentamiento reforzado se denomina retroalimentación del albedo del hielo.
En general, la pérdida de hielo marino aumenta el calor en el Ártico, donde las temperaturas han aumentado aproximadamente cuatro veces el promedio mundial, dijo Kurtz.
Imágenes de NASA Earth Observatory por Lauren Dauphin, utilizando datos del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo. Texto de Sally Younger, Equipo de Noticias de Ciencias de la Tierra de la NASA, actualizada y adaptada para el Observatorio de la Tierra por Kathryn Hansen.
Una nueva investigación muestra que los microbios de nuestras ciudades están evolucionando para resistir los mismos productos de limpieza que utilizamos para eliminarlos. También identifica nuevas cepas que viven en Hong Kong y que antes solo se encontraban en el suelo de zonas antárticas.
El Proyecto del Microbioma Humano, lanzado por el NIH en 2007, brindó la primera visión de la diversidad microbiana de los seres humanos sanos y está explorando las posibles relaciones entre determinadas enfermedades humanas y el microbioma. (En el sentido de las agujas del reloj desde la parte superior izquierda): Streptococcus (Crédito: Tom Schmidt); biopelícula microbiana, de especies mixtas, del cuerpo humano (crédito: A. Earl, Broad Institute/MIT); Bacillus (Crédito: Tom Schmid); Malassezia lopophilis (Crédito: JH, CDC). Crédito: Para la imagen compuesta: Jonathan Bailey, Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, NIH
Una nueva investigación muestra que los microbios de nuestras ciudades están evolucionando para resistir los mismos productos de limpieza que utilizamos para eliminarlos. También identifica nuevas cepas que viven en Hong Kong y que antes solo se encontraban en el suelo del desierto antártico.
Después de la reciente pandemia, el uso de desinfectantes ha aumentado, pero ¿son contraproducentes los esfuerzos por crear entornos urbanos estériles?.
Microbios urbanos más resistentes
Un estudio publicado en la revista Microbiome ha identificado nuevas cepas de microbios que se han adaptado para utilizar los recursos limitados disponibles en las ciudades y ha demostrado que nuestro comportamiento cotidiano está cambiando la composición de los microorganismos en los ambientes interiores.
"Los entornos construidos ofrecen condiciones distintivas que los diferencian de los hábitats naturales y artificiales", dice el Dr. Xinzhao Tong, profesor asistente de la Universidad Xi'an Jiaotong-Liverpool (XJTLU), China, y autor principal del estudio.
"Las áreas con muchos edificios tienen un nivel bajo de nutrientes tradicionales y recursos esenciales que los microbios necesitan para sobrevivir, por lo que estos entornos construidos tienen un microbioma único.
"El uso que hacemos de productos de limpieza y otros productos manufacturados crea un entorno único que ejerce presiones selectivas sobre los microbios, a los que deben adaptarse o ser eliminados, pero los mecanismos por los cuales los microbios se adaptan y sobreviven en entornos construidos son poco conocidos", explica el Dr. Tong.
Habitantes de la ciudad
Los investigadores recogieron 738 muestras de una variedad de entornos construidos, incluidos subterráneos, residencias, instalaciones públicas, muelles y piel humana en Hong Kong. Luego utilizaron la secuenciación metagenómica de escopeta para analizar el contenido genómico de los microbios y comprender cómo se han adaptado a las difíciles condiciones urbanas.
El equipo identificó 363 cepas microbianas que no habían sido identificadas previamente y que viven en la piel y el entorno circundante. Los genomas de algunas de estas cepas contenían genes para metabolizar productos manufacturados que se encuentran en las ciudades y utilizarlos como fuentes de carbono y energía. Esto incluye el descubrimiento de una cepa del filo Candidatus Eremiobacterota, que anteriormente solo se había reportado en el suelo del desierto antártico.
El Dr. Tong afirma: "El genoma de esta nueva cepa de Eremiobacterota le permite metabolizar los iones de amonio que se encuentran en los productos de limpieza. La cepa también tiene genes de las deshidrogenasas de alcohol y aldehído para descomponer el alcohol residual que se encuentra en los desinfectantes comunes".
"Los microbios que poseen capacidades mejoradas para utilizar recursos limitados y tolerar productos manufacturados, como desinfectantes y metales, superan a las cepas no resistentes, lo que mejora su supervivencia e incluso su evolución dentro de entornos construidos. Por lo tanto, podrían plantear riesgos para la salud si son patógenos".
El equipo identificó 11 cepas únicas de Micrococcus luteus, no caracterizadas previamente, generalmente no patógenas pero capaces de causar infecciones oportunistas en individuos inmunodeprimidos.
"La cuestión de su adaptación a nuestro comportamiento se vuelve especialmente crítica en entornos clínicos , donde los hospitales sirven como focos de diversos patógenos que causan infecciones adquiridas en el hospital (IAH). Las IAH representan una amenaza importante, en particular en las unidades de cuidados intensivos, donde las tasas de mortalidad pueden alcanzar hasta el 30%", dice el Dr. Tong.
El equipo está investigando ahora la transmisión y evolución de la resistencia en microbios patógenos en unidades de cuidados intensivos que están expuestas a prácticas de desinfección estrictas y exhaustivas. Esperan mejorar las prácticas de control de infecciones y aumentar la seguridad de los entornos clínicos para los trabajadores de la salud y los pacientes.
Cataluña se sitúa a la cabeza con el mayor número de causas por corrupción contra funcionarios y políticos
Los jueces españoles dictaron procesaron o abrieron juicio oral contra un total 53 funcionarios o cargos públicos en 13 procedimientos distintos por corrupción en tan solo tres meses, de abril a junio, tal y como revela el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).
La mayoría de los procedimientos tuvieron lugar en Cataluña (16), le siguió Andalucía (10), Madrid (5), Comunidad Valenciana (3) y Canarias (3). En Murcia y Aragón hubo un solo caso, respectivamente.
De los 59 empleados de la Administración o políticos que fueron o serán llevadas a juicio por este tipo de delitos en el segundo trimestre de este año, 14 eran personas jurídicas y 39, físicas. Se dictaron 13 sentencias condenatorias.
Son todas ellas causas por corrupción pública, la que el CGPJ entiende que es la que más altos índices de preocupación causa en la ciudadanía española ya que implica afectación al dinero público, abarcando tanto la corrupción administrativa como la corrupción política.
Entre el 1 de abril y el 30 de junio de este año, los Juzgados y Tribunales dictaron 13 sentencias en procedimientos por delitos de corrupción. De ellas, 4 fueron condenatorias y 9, absolutorias, lo que supone que el fallo fue condenatorio en el 30,7 % por ciento de los casos.
El mundo está pendiente del futuro que se cierne sobre elAtlánticode cara a 2030. El investigador delInstituto de Ciencias del Mar del CSIC, Antonio Turielasegura que “Europapuede ser inhabitable”. Un contexto que se torna todavía más feroz con losviolentos huracanes registrado en el Atlántico Norte.
ElAtlánticoocupa titulares desde hace días ante la posible formación de laTormenta Nadine. Las autoridades compartieron la actualización de una zona de baja presión en elOcéano Atlántico. ElHuracán Miltonocasionó devastación desde elOcéano Atlántico, primero en las costas deYucatánenMéxico, pero principalmente en las deFlorida, Estados Unidos. Ahora, podría darse otra tormenta tropical y existen probabilidades de que llegue un ciclón, según expuso la cuenta ‘Conagua Clima’.
Las probabilidades de desarrollo ciclónico de los próximos días son de hasta el 50%, por lo que los ciudadanos/as de las zonas afectadas deben seguir alerta. Por su parte, laComisión Nacional del Aguadifundió una actualización sobre una zona de baja presión situada en elOcéano Atlánticoque podría alcanzar las costas deMéxicoen los próximos días que podrían desembocar en la creación delCiclón Tropical Nadine. Esto en cuanto a la información más reciente sobre elAtlántico. Sin embargo, los datos que han aparecido sobre el futuro de esta zona del mundo tampoco son alentadores.
¿Qué puede pasar con el Atlántico y Europa en 2030?
LaCorriente Circular del Atlántico, comúnmente conocida comoAMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation)por sus siglas en inglés, es uno de los elementos más relevantes del sistema climático de laTierra. Alberga la responsabilidad de transportar las aguas cálidas desde elGolfo de Méxicohacia el norte, donde se enfrían y vuelven a sumergirse, formando un ciclo con una incidencia considerable a escala global.
Esta operación lleva a laAMOCa actuar como un disipador de altas temperaturas y bomba de calor al mismo tiempo. Hasta aquí todo funcionaría correctamente. Sin embargo, el inconveniente radica que, según han expuesto diferentes estudios, existe una frenada. El más relevante ha sido efectuado por un equipo de científicos delInstituto de Investigación Marina y Atmosférica de la Universidad de Utrecht (Países Bajos)y publicado en la revistaScience Advances.
Sus conclusiones han sido demoledoras. Hasta ahora se pensaba que este colapso tendría lugar, como pronto, en la década de 2050. No obstante, los investigadores avisan de que podría generarse mucho antes. Concretamente, a lo largo de la próxima década, entre 2030 y 2040. De esta manera, quedó reflejado entre el 35 y el 45% de los modelos climáticos que han creado durante la fase de investigación.
Las consecuencias de este colapso podrían ser trágicas. De hecho, los responsables del análisis advierten que traería consigo modificaciones drásticas en el clima y en los patrones meteorológicos. Los ecosistemas marinos serían gravemente perjudicados y los fenómenos extremos aparecerían con una mayor frecuencia. Los menos optimistas mencionan incluso una “glaciación catastrófica”.
El futuro del Atlántico, en entredicho: ¿qué pasará con Europa?
Siguiendo esta línea, el investigador delInstituto de Ciencias del Mar del CSIC, Antonio Turiel, comentó a través deXque “empieza a haber convergencia en las diferentes investigaciones”. Además, señaló que empieza a ser “probable” un “colapso rápido de laAMOC”. “Deberíamos comenzar a tomar en serio de lo de nuestra propia supervivencia”, culminó.
En su blog “The Oil Crash”, Turiel acotó que “las temperaturas en laEuropa Centralcaerían unos 30 grados, el hielo delÁrticollegaría cada invierno a las puertas deParís… El continente no solo se volvería más frío, sino también más seco, y probablemente sería completamente inhabitable”.
No obstante, no todos los expertos coinciden en esta misma postura. Las evaluaciones recogidas por elPanel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC)deslizan que es poco probable que laAMOCcese a lo largo del siglo XXI. Sí mencionan un debilitamiento, pero no de un colapso. Sea como fuere, el debilitamiento de laAMOCfue atribuido al calentamiento global y al incremento del ingreso de agua dulce en elAtlántico Norte.
Mientras se sigue investigando sobre lo que le deparará al Atlántico en 2030, el mundo permanece atento a lo que sucederá conEuropa. Un continente que está trabajando arduamente en proyectos energéticos, como el que inyecta energía bajo el suelo en España.