
El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) se ha convertido en uno de los animales más fascinantes jamás estudiados por una razón difícil de igualar en el reino animal: su edad estimada puede alcanzar los 400 o incluso 500 años. Esta cifra lo sitúa como el vertebrado más longevo documentado por la ciencia, un récord que obliga a replantear cómo el ritmo de vida, el metabolismo y el entorno influyen en la supervivencia a largo plazo de una especie.
En un nuevo estudio publicado por Nature Communications, los científicos liderados por Lily Fogg, de la universidad de Basilea, han descubierto una de las características desconocida hasta la fecha de este tiburón. Sus ojos, que se presumían deteriorados o prácticamente inservibles, son funcionales. Los ojos de este pez, propensos a atraer parásitos que se alojan en sus córneas, se han demostrado como útiles "adaptados a la vida en condiciones de poca luz".
"No hay mucha gente trabajando con tiburones, y especialmente en la visión", dijo Emily Tom, estudiante de doctorado de la Universidad de California y coautora del estudio. "Podemos aprender mucho sobre la visión y la longevidad de especies como esta", concluye.

Este longevo pez combina un crecimiento extremadamente lento, una madurez sexual muy tardía y una vida en aguas heladas, lo que lo convierte en un caso único desde el punto de vista de la conservación. A la hora de estimar la longevidad de esta especie, los científicos realizaron el cálculo mediante la datación por radiocarbono en proteínas del cristalino del ojo, un tejido que se forma antes del nacimiento y no se regenera a lo largo de la vida.
El secreto de esta longevidad no reside en una única adaptación, sino en una estrategia biológica completa basada en la lentitud. El tiburón de Groenlandia crece a un ritmo estimado de apenas un centímetro por año y puede tardar hasta 150 años en alcanzar la madurez sexual. Esta falta de urgencia biológica reduce el desgaste fisiológico, minimizando el riesgo acumulado a lo largo del tiempo.
El entorno ártico también juega un papel clave. Las bajas temperaturas del Ártico y del océano profundo ralentizan las reacciones químicas del organismo, al tiempo que disminuyen el gasto energético y favorecen una vida prolongada en condiciones estables.
El secreto; un metabolismo lentísimo
El gran secreto que provoca esta longevidad es algo extremadamente poco frecuente en el mundo animal. Según un estudio del National Ocean Service, prácticamente todos los procesos orgánicos del animal funcionan a cámara lenta: el corazón late despacio, el crecimiento es mínimo y el desgaste celular sucede a mucho menor ritmo que en otros vertebrados.
Estas mediciones permiten traducir la idea de una "vida lenta" en parámetros fisiológicos concretos: un cuerpo diseñado para consumir poca energía, moverse de forma económica y sobrevivir largos periodos con recursos limitados. Asimismo, el sistema cardiovascular de esta especie refuerza esta imagen. Las estimaciones de la presión arterial en la aorta ventral, situada entre 2,3 y 2,8 kilopascales, son extraordinariamente bajas en comparación con otros tiburones.
La actividad varía según la temperatura
Un estudio presentado en 2024 en la Conferencia Anual de la Sociedad de Biología Experimental, liderado por el doctorando Ewan Camplisson, de la Universidad de Manchester, analizó la actividad metabólica del músculo de ejemplares de distintas edades mediante ensayos enzimáticos. Los resultados fueron sorprendentes: la actividad metabólica de los músculos apenas varía con el paso del tiempo, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los vertebrados, donde el metabolismo cambia y se degrada con la edad.
El estudio también reveló que las enzimas metabólicas del tiburón son más activas a temperaturas elevadas, lo que sugiere que su metabolismo no está exclusivamente adaptado al frío polar, sino que responde de forma flexible a cambios térmicos. El hallazgo se consideró importante, al abrir la puerta a futuras investigaciones con posibles aplicaciones en la salud cardiovascular humana, ya que ofrece un modelo biológico de funcionamiento muscular duradero.
Sensible a la pesca y al cambio climático
Paradójicamente, los mismos rasgos que han permitido al tiburón de Groenlandia sobrevivir durante siglos lo convierten en una especie especialmente vulnerable. Su crecimiento lento y su tardía reproducción hacen que las poblaciones tarden muchísimo tiempo en recuperarse ante cualquier impacto humano, principalmente de la pesca accidental. Cada individuo perdido representa no solo un animal, sino siglos de historia biológica que desaparecen.
Además, el cambio climático también preocupa a los expertos. La subida de las temperaturas de los océanos podría alterar de forma perjudicial el ecosistema ártico, de cuyo frío extremo depende el tiburón de Groenlandia para sobrevivir.
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