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Cuatro generaciones mantienen viva la tradición familiar de panadería, con productos premiados y elaboración artesanal
Ubicado en la emblemática plaza Mayor de S'Arenal, el Forn de Ca n'Amer continúa siendo un referente en la elaboración de productos de panadería tradicional balear. Este negocio familiar, que ya cuenta con cuatro generaciones dedicadas al oficio, ha logrado mantener intacta la esencia de la panadería artesanal, destacando especialmente por sus llonguets y variedades de pan que han conquistado tanto a residentes como a visitantes de la zona.
La historia de este emblemático establecimiento se remonta a mediados del siglo XX, cuando Esteban Amer fundó el negocio original en el centro de Llucmajor. Posteriormente, en 1966, su hijo Joan Amer tomó las riendas del negocio y decidió trasladar el obrador familiar a la localidad de S'Arenal, donde ha permanecido hasta la actualidad. Las fotografías que conserva la familia muestran a Joan elaborando pasteles de chocolate y azúcar de manera completamente artesanal alrededor de 1963, lo que evidencia que la actividad panadera ya estaba en funcionamiento antes del traslado oficial. En la actualidad, es Sebastià Amer quien dirige este negocio familiar, mientras que la cuarta generación ya se prepara para garantizar la continuidad de esta tradición centenaria.
Una panadería con productos premiados y reconocimiento local
Entre los productos más destacados de Ca n'Amer se encuentra el llonguet, un tipo de pan tradicional mallorquín que se ha convertido en la seña de identidad del establecimiento familiar. Este producto no solo es apreciado por su calidad, sino que también ha recibido reconocimientos oficiales. En 2018, el horno logró alzarse con el primer premio en la Fira del Llonguet de El Pil·larí gracias a su creativo bocadillo de pulpo con cebolla, una combinación que conquistó al jurado y consolidó su reputación como maestros panaderos.
Pero la oferta de Ca n'Amer va mucho más allá del llonguet. Su catálogo incluye una amplia variedad de panes artesanos y especialidades de repostería tradicional balear como cocas de diferentes sabores, panades (empanadas típicas mallorquinas) y las famosas ensaimadas. Todos estos productos se elaboran siguiendo métodos artesanales transmitidos de generación en generación, respetando los tiempos de fermentación y utilizando materias primas de primera calidad, aspectos fundamentales para conseguir ese sabor auténtico que tanto aprecian sus clientes habituales.
Compromiso con la tradición y la calidad
El compromiso de Ca n'Amer con la panadería artesanal no ha pasado desapercibido. El establecimiento forma parte de la marca «Pa d'aquí, forn i tradició», una distinción que reconoce a los hornos baleares con obrador propio que elaboran las distintas tipologías de pan tradicional de las Islas Baleares. Esta adhesión supone un sello de calidad y autenticidad que garantiza a los consumidores que están adquiriendo productos elaborados según las técnicas tradicionales y con ingredientes locales.
Para garantizar que sus clientes puedan disfrutar de productos recién horneados desde primera hora de la mañana, el horno ha establecido un sistema de tres turnos de trabajo. El primero de ellos comienza a las 22:00 horas, permitiendo que el proceso de elaboración se desarrolle durante toda la noche para que, al amanecer, los vecinos de S'Arenal puedan adquirir pan y llonguets recién salidos del horno, conservando todo su aroma y sabor característicos.
La evolución de la panadería tradicional en Mallorca
El caso de Ca n'Amer ejemplifica la resistencia de los negocios tradicionales frente a la industrialización del sector panadero. En un mercado donde abundan los productos precocidos y ultracongelados, establecimientos como este demuestran que existe un público fiel que valora la autenticidad y el trabajo artesanal. El llonguet, por ejemplo, requiere de un proceso de elaboración específico que incluye un amasado especial y un reposo adecuado para conseguir su característica forma y su corteza crujiente.
Desde su fundación hasta 2025, el horno ha sabido adaptarse a los cambios sin renunciar a su esencia. La incorporación progresiva de nuevas generaciones ha permitido combinar el respeto por las técnicas tradicionales con pequeñas innovaciones que han enriquecido su oferta. Este equilibrio entre tradición y evolución es precisamente lo que ha mantenido vivo el negocio durante más de seis décadas, convirtiéndolo en una institución dentro de la gastronomía local.

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